Diarios Innecesarios XLI

El dolor de cabeza fue anunciado con todo el fervor que me era posible, pasé del estado normal a uno en el que la traslación de los astros lograban duplicar el dolor.  Miré hacia el techo, no pude contener a varias lágrimas que se fugaron velozmente del ojo derecho.  El borroso techo estaba hecho de imágenes con punta de aguja, con punta de hielo, un … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XLI

Diarios Innecesarios XL

Alguien se tragó la luz y dejó mi cuarto a oscuras más tiempo del necesario. Desperté a reclamarle a cualquiera que apareciera en mi camino, no hubo quien respondiera a mi reclamo. Alguien me había dicho que a las cuatro de la mañana uno podía conectar con seres por fuera de nuestro mundo, me quedé dormido, nadie me despertó, eran las cinco treinta. Salté de … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XL

Diarios Innecesarios XXXIX

La conversación cayó en los silencios incómodos que se permiten los desconocidos, el hombre del bar puso dos tragos más, para reemplazar el vacío en las copas, yo quería saber quién los ofrecía pero luego pensé que igual los pagaría si había sido una equivocación de quien los servía.  El licor agrietó la voz, la siguiente palabra apareció vencida por una tos que reclamaba agua, … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXIX

Diarios Innecesarios XXXVIII

Después de un rato en que la proximidad de nuestras sillas en la barra del bar permitía suponer que el saludo era necesario, la saludé, desplacé mi boca desde la timidez a las oraciones cortas diciéndole que el frío afuera alcanzaba hasta para congelar volcanes, ella realizó una perfecta alineación metafórica entre el frío y los espantos.  Así empezó la conversación que se acompañaba de … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXVIII

Diarios Innecesarios XXXVII

La única razón por la cual llegué tarde a la oficina es una historia antigua de vocablos en los labios y manos adentrándose en la ropa que se apareció sin razón, sin prisa, igual que atadura suelta en el zapato o sostén herido en la costura.  No se me ocurre otra manera de nombrar el hecho.  Caminé apenas unos metros después del paradero del bus, … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXVII

Diarios Innecesarios XXXVI

A las dos de la tarde tomé los libros caídos en lectura, los que se abrieron con deseo aparente, los que desbordaron el estante, cada uno en un montón, torres de papel. Encontré bolígrafos perdidos, fotografías escondidas, recibos de pago antiguos, hojas escritas a media letra y medias letras escritas en hojas en blanco. Una cerveza escondida detrás de una torre de libros, una cerveza … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXVI

Diarios Innecesarios XXXV

Enfrente dos jóvenes hablan, parece que uno de ellos le vendé algo al otro. Le muestra una revista. Hace pausas al pasar la página y le habla acerca de las imágenes, lo sé porque las señala con el dedo índice de su mano derecha. Atrás, a mi izquierda, un muchacho de más edad que los anteriores habla con alguien por teléfono. Presumo que es una … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXV

Diarios Innecesarios XXXIV

Camino por los pasillos del supermercado, una mujer va adelante, no la conozco, apenas hace tres pasillos que la sigo, su falda me habla, dice, hay más universos bajo mi voz que narraciones en tus palabras. Sus pies son de una precisión sin estética, caen por entré líneas invisibles, da giros con una necesaria aventura que me ciega y obliga al seguimiento. Ella camina entre … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXIV

Diarios Innecesarios XXXIII

Volviste a casa, aun conservabas la llave y la puerta mantenía la misma cerradura. Estabas sentada en el sofá con las piernas cruzadas, tenías un vaso de agua en la mano derecha y con la izquierda sostenías el bolso. Parecía que el silencio de la sala hubiese esculpido tu cuerpo sin otra pretensión que dejarte liviana para que en cualquier momento el viento te elevara … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXIII

Diarios Innecesarios XXXII

Era tarde, había arruinado la cita. Eso pensé al llegar y no encontrar a mi amiga en el lugar al que habíamos prometido ir esa mañana. Era una hora demasiado cercana a la madrugada, yo debí prever que llegaría tarde, pude haber propuesto otra hora. Me senté. Pedí un café. Me advirtieron que debía pagar primero en la caja y luego recibirlo para llevarlo a … Continúa leyendo Diarios Innecesarios XXXII