Se enciende en el primer parpadeo

La ciudad se apaga cuando mis ojos se cierran, queda enterrada en la luz, cáliz de sol o hielo de lámparas, da igual. Juega una partida desigual con el sonido, el silencio le viene bien pero todo lo que la llena está inflado de ruido. Aunque se habla de música y de fervor industrial, ningún canto se oye, ninguna máquina es héroe de acero, solo … Continúa leyendo Se enciende en el primer parpadeo

No reconozco dolor alguno

Yo se apenas algunas cosas, mínimas por cierto, por ejemplo, no tengo certeza de estar perdido, dudo mucho de estarlo ya que no veo otro lugar en el que pudiera estar, además, dudo de estar en el lugar adecuado, encuentro muchas dudas que me impulsan a quedarme quieto, cosa que da una buena impresión ya que dudo más de mi intuición. Ahora mismo, no reconozco … Continúa leyendo No reconozco dolor alguno

Temo a que en el encuentro me veas igual

A veces temo a la lectura por el miedo a encontrarte narrada entre letras, también atravieso ese miedo porque me impongo buscarte, ya he sabido que pocas páginas pueden trazar la corteza de tu cuerpo. Someto el paso labial del ojo entre las líneas y leo con una pasión por el encuentro que no va a darse, por el temor de que aparezcas en el … Continúa leyendo Temo a que en el encuentro me veas igual

Atravieso una línea recta

Yo cruzo la tarde apostando a los milagros laicos: la fuerza del cuerpo, la resistencia de la mente y el inexorable tiempo que despoja al día de las horas. Salgo a la calle con rostro de herradura, cincelada y martillada con el pulso de quien no conoce simetrías. No es una moda aceptada este descuido con el cual nada emociona para firmar una alegría troquelada. … Continúa leyendo Atravieso una línea recta

Se acongoja sin máscara alguna

Usted sabe de qué trata el miedo, reconoce imprecisiones al identificar los motivos que le dan origen, no encuentra una claridad para disuadirse de sentirlo, y aún teniéndola comprende la dificultad para desprenderse de él. Usted cruza los dedos y su piel no reprime el sudor en la palma abierta o en la axila, se acongoja y sin máscara alguna evita que sus temores se … Continúa leyendo Se acongoja sin máscara alguna

La voz ocular se apaga

Los niños suben a los techos de las casas y con pequeñas escobas y trapos de cocina van limpiando del cielo el humo de las industrias y los autos, solo así aparece la noche, pulcra y sin mugre del día, aparece la noche con su atavío negro. En las ventanas, aún con las cortinas, una luz de estrella artificial aparece titilando sin rubor alguno en … Continúa leyendo La voz ocular se apaga