Llueve y tú no estás

Un auto, otro, cada uno con su propia música, el que va con prisa y cruza veloz la calle con el semáforo a su favor, el que en la misma prisa se detienen ante la luz roja. Sigo quieto y callado escuchando los motores y el caucho sobre el asfalto. Un auto se detiene varios segundos con la música que sale de su cuerpo y se eleva hasta mi apartamento. Alguien hace uso de su fuerza pulmonar y chifla para llamar a un taxi.

En alguno de los apartamentos preparan café, en una cocina alguien es delatado por el aroma de unas pastas recién cocidas. Dos perros hacen uso del ladrido de furia, uno alienta al otro para retirarse, los dos ladran como si quisieran una pelea. Una madre llama a su hija, un niño llora y calla. La tapa de la lavadora deja escapar el tufo del detergente. El citófono suena en un apartamento donde alguien duerme, debe sonar otras tres veces para que lo contesten. Un rato después pasa una señora por el pasillo central buscando la torre en donde la están esperando.

El libro del premio nobel sigue en el mismo lugar en donde espera ser leído, una gramática de colores es lanzada sobre el vidrio del comedor en donde dos niñas hacen tareas del colegio. Una mujer quiere escaparse, todos la ven convencida al salir a comprar pan para comer con chocolate y queso, en la esquina suspira, los conductos lagrimales no se reprimen e inundan los ojos. Esta tarde está cansada, quiere en su casa el silencio que se ofrece a los desconocidos, no lo obtiene, todos le hablan, todos le piden, todos quieren algo de ella.

Una mujer besa a su novio y le acaricia los genitales por encima de la tela del pantalón, él le suelta los botones a la blusa. No tendrán sexo porque al besarla en medio de los senos encuentra la señal de unos dientes que estuvieron mordiendo esa zona antes de que él lo hiciera. Ella conoce la verdad y no sabe cómo explicarla. Un hombre de ochenta con su esposa de setenta y cinco vuelven de la calle. Ella no recuerda muy bien por qué salieron del apartamento, él, en cambio, tiene una claridad luminosa sobre cada cosa que ocurre, y se preocupa por ella, por ambos, porque nota cada vez que ella se pierde en una memoria inexistente.

Yo estoy sentado en el sofá, escucho el tap tap del agua sobre la ventana. Llueve y tú no estás.

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