Tristezas para el ayuno

Uno lleva la tristeza, espera que alguien la compre, en el bar de la esquina te ofrecen cervezas y tragos, pero no te pagan, más bien te cobran, y al final sales igual del limpio, sin nada en qué sostenerte. Uno lleva la tristeza, la recogen los amigos, ponen toda su bondad para quebrarla y dejarla en el olvido, y pasa que funciona un rato, … Continúa leyendo Tristezas para el ayuno

Ella se parece a esa noche

Levantas el único libro de Fitzgerald que está en la librería, la muchacha lo ha pedido y tú le hablas acerca del día en que lo leíste, la primera y la última vez que lo hiciste porque lo has leído en cuatro ocasiones. Estás viendo sus ojos, tú no eres el librero, pero te gustaría, esta noche te gustaría saber acerca de todos los libros … Continúa leyendo Ella se parece a esa noche

Tristezas en venta

Empezamos a vender las tristezas, nos pareció un buen negocio, las pagaban bien, las tristezas líquidas las vendíamos en bolsas de litro, las tristezas secas por kilos envueltas en papel periódico. Tarde nos dimos cuenta de que, aunque ganamos bastante dinero, en el lugar de donde sacábamos una tristeza dos nuevas crecían rápidamente, nos sentíamos muy tristes por tener dinero y ningún ánimo para gastarlo. … Continúa leyendo Tristezas en venta

La lluvia te vuelve fetal

No se oxide tu tristeza, crezca ella exponencial, ahora mismo, hasta más tarde. Vigorosa y constante, así sea, por lo menos en este instante, para tener una excusa diferente, y si alguien pregunta, responder sin apremios, es la tristeza, es una tristeza extensa cubriéndome, y poder mentir sin tener que confesarlo, la lluvia te vuelve fetal, uterino. Continúa leyendo La lluvia te vuelve fetal