El deseo, por el roce de los dedos

Toca los nudillos, lanza un puño con la zurda a la palma diestra, repite el ejercicio, al contrario, golpe de puño desde la derecha hacia la izquierda. Mueve las manos una sobre la otra, si fuesen alas serían alas abrazadas, acaricia con el palmar el dorsal y viceversa, también palmar contra palmar y dorsal contra su par. Percibe la suavidad de las yemas, descubre una … Continúa leyendo El deseo, por el roce de los dedos

El deseo, aún sin los guantes

Mira las venas, lo que puede observarse por medio de la piel, el color y las rutas que siguen desde el brazo hacia los dedos, no iguales, no tienen la misma forma la izquierda y la derecha, parecen hechos al azar. No desconoce los nudillos, aprieta el puño y lo suelta, imita un golpe de boxeo, recupera una memoria imaginada en un ring, recto de … Continúa leyendo El deseo, aún sin los guantes

El deseo, en las líneas de la mano

Con la fuerza de los pulmones impulsa el aire por encima de la vela lingual, lo pone sobre la palma abierta, siente una pequeña borrasca llegando al bosque de dedos abiertos, observa la longitud de cada uno, las líneas que diferencian las falanges, tres para cada dedo excepto para el pulgar que son un par. Tres líneas bien marcadas, las acaricia con los dedos de … Continúa leyendo El deseo, en las líneas de la mano

En la memoria un cuerpo desnudo

Cuando hace frío pueden usarse remedios de casa para sanarse, diría el boticario que no hay enfermedad en el clima, solo se usa un abrigo, se toman bebidas calientes o se acerca uno al fuego. No es así, se equivoca el hombre de la farmacia de cabo a rabo, cuando hace frío uno se enferma de melancolía y sufre una ausencia física que siendo traslúcida … Continúa leyendo En la memoria un cuerpo desnudo

El cuerpo y la mente despiertan a destiempo

Despertar es el verbo y levantarme la acción con la cual hago acopio de la fuerza para extraer mi cuerpo de la cama. La mente y el cuerpo deben estar sincronizados para conectarse al unísono con la realidad. Una torpeza en los movimientos de las piernas, una pesadez al poner en la mirada los objetos, una fragilidad en el cabello y una sensación de desapego … Continúa leyendo El cuerpo y la mente despiertan a destiempo

Edades fragmentadas

Cuando tuve veinte años soñé con una mujer perfecta, a los veintiuno me convencí de que la perfección no existe, dos años después supe que me gustan las mujeres inacabadas, con tendencia al descontento más que a la conformidad con las formas impuestas. Conocí a una mujer, no me dijo su nombre, desde el comienzo me pidió llamarla arena, unas veces el adjetivo era movediza, … Continúa leyendo Edades fragmentadas

Manos para la escritura

Algunas noches, ella pone mi mano entre sus piernas, me dice, hace frío, el calor se sale por cualquier parte, tú atrápalo. Yo dejo la mano ahí sin presión o movimiento, como una puerta que vigila, como una ventana que observa, como una manta que acoge. En la mañana, ella mira mi mano, examina las líneas, suele decir, así, aunque no recuerdo los sueños, los … Continúa leyendo Manos para la escritura

Aproximaciones

Sigo sin comprender la aproximación del ojo masculino a las curvas femeninas, por ejemplo, esta noche cuando veía a una mujer en la calle pude observar en sus senos una pendiente que antes se me había negado, debió ser el saco abierto o la blusa ajustada, estuve insistiendo en lograr un entendimiento razonable entre mi capacidad de concentración y la curva sin descripción posible. No … Continúa leyendo Aproximaciones

Come y mucho

Lo sabes, y si no quieres recordarlo mejor sigue en tu zepelín espiritual, estás solo, eres un animal más cuyo único propósito debería ser alimentarte para vivir; aún con esa certeza insistes en ser social y espiritual, esos seres no existen, es una comedia de la que no pueden reírse quienes murieron porque ya no están para decírtelo. No hubo nada antes de tu nacimiento, … Continúa leyendo Come y mucho