El deseo, en las líneas de la mano

Con la fuerza de los pulmones impulsa el aire por encima de la vela lingual, lo pone sobre la palma abierta, siente una pequeña borrasca llegando al bosque de dedos abiertos, observa la longitud de cada uno, las líneas que diferencian las falanges, tres para cada dedo excepto para el pulgar que son un par. Tres líneas bien marcadas, las acaricia con los dedos de la otra mano, otras líneas haciendo formas geométricas que solo sabe sintetizar en unos cuantos cuadros y unas líneas simulando raíces. Vuelve a poner el aire sobre la mano, la cierra, no atrapa nada, abre y extiende hasta dejar la palma plana ofrecida a sus ojos.

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