Abreviaturas en la mano abierta

La mujer me dice, le leo las cartas, puedo decirle su pasado oculto, el presente que cambiará su futuro, y su futuro por supuesto. Le respondo con un gesto y digo no, muchas gracias.
La mujer baila en un silencio largo sobre mis ojos y sin que yo pudiera evitarlo tira las cartas a la mesa, toma una silla, se sienta y me dice, léame usted las cartas a mí, usted sabe más cosas de lo que desea confesar.
Mis amigos, se dejan llevar por el impulso y se ponen de lado de la idea, léale las cartas para darle de su propia medicina.
Tomo las cartas, las barajo, canto un rezo antiguo, escupo en su mano, le limpio la palma, golpeo la mesa y miro con furia a la mujer.
Las palabras van sin preguntar, todas las agujas que me caben en la boca tejen la historia de la mujer. El silencio responde de manera apropiada, todos callan, excepto la mujer que me replica, ya ves, estoy vieja y jodida, dame un par de billetes para tener donde dormir.
Uno de los amigos de la mesa le da un manojo de billetes y me pide prometer nunca decirle a él lo que le va a suceder.

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