El cansancio herido de repeticiones

Detienes todos los movimientos reconocidos de tu cuerpo, piensas en que eres una estampilla de tu rostro en el espejo, quedas congelada unos segundos, respiras y tu pecho se mueve, parpadeas y la forma reflejada cambia al tiempo que tu cuerpo se mueve. El agua cae del grifo y trata de quedarse en tus manos colgando sus gotas sobre tu piel, lavas tus manos, miras la palma abierta, las líneas, la humedad, las mueves y salpicas la superficie en la que rueda el agua. Das unos pasos hasta alcanzar los pañitos para secarte, enumeras tus dedos, meñique, anular, medio, índice, pulgar, recuerdas alguna canción de la infancia con la cual los aprendiste, terminas de secar tus manos, vuelves a mirar hacia el espejo, te encuentras, ves directo a tus ojos, te ves a ti, caminas hacia la salida y desapareces de tu vista.

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