Invenciones secretas

Después de haber sucedido lengual y digital sobre su cuerpo, de reconocer una ignorancia total acerca de heridas mínimas en su cuerpo, de ver sus orejas sin espacio para aretes, me sorprendió observándola lleno de curiosidad más que de deseo, le respondí a la inquietud que aparecía en su rostro, es que no tienes cicatrices, ni siquiera la acostumbrada perforación en las orejas. Me dijo, … Continúa leyendo Invenciones secretas

Apagar la luz para ver otras formas

Comprendes el mecanismo de las lámparas en el lugar donde te encuentras, solo se encienden cuando perciben un movimiento, se apagan cuando no reconocen alguno. Con ese conocimiento te quedas quieto, respiras suave y largo, cierras los ojos con la expectativa de abrirlos y encontrar la oscuridad, así pasa unos minutos después, las luces dejan su protagonismo a las sombras, tú sigues sin moverte, no … Continúa leyendo Apagar la luz para ver otras formas

La lluvia te vuelve fetal

No se oxide tu tristeza, crezca ella exponencial, ahora mismo, hasta más tarde. Vigorosa y constante, así sea, por lo menos en este instante, para tener una excusa diferente, y si alguien pregunta, responder sin apremios, es la tristeza, es una tristeza extensa cubriéndome, y poder mentir sin tener que confesarlo, la lluvia te vuelve fetal, uterino. Continúa leyendo La lluvia te vuelve fetal

El deseo, aún sin los guantes

Mira las venas, lo que puede observarse por medio de la piel, el color y las rutas que siguen desde el brazo hacia los dedos, no iguales, no tienen la misma forma la izquierda y la derecha, parecen hechos al azar. No desconoce los nudillos, aprieta el puño y lo suelta, imita un golpe de boxeo, recupera una memoria imaginada en un ring, recto de … Continúa leyendo El deseo, aún sin los guantes

El cuerpo y la mente despiertan a destiempo

Despertar es el verbo y levantarme la acción con la cual hago acopio de la fuerza para extraer mi cuerpo de la cama. La mente y el cuerpo deben estar sincronizados para conectarse al unísono con la realidad. Una torpeza en los movimientos de las piernas, una pesadez al poner en la mirada los objetos, una fragilidad en el cabello y una sensación de desapego … Continúa leyendo El cuerpo y la mente despiertan a destiempo

Edades fragmentadas

Cuando tuve veinte años soñé con una mujer perfecta, a los veintiuno me convencí de que la perfección no existe, dos años después supe que me gustan las mujeres inacabadas, con tendencia al descontento más que a la conformidad con las formas impuestas. Conocí a una mujer, no me dijo su nombre, desde el comienzo me pidió llamarla arena, unas veces el adjetivo era movediza, … Continúa leyendo Edades fragmentadas