¿De qué habla mi ex?

Hace una semana mi exesposa estaba en el bar, coincidimos sin saludarnos, la vi conversando con alguien, le conté a una de mis amigas y ella me preguntó si sabía de qué hablaba. No lo sé, no estaba pendiente de su conversación, y si hubiera querido no se podía escuchar desde mi mesa. ¿De qué podría estar hablando ella?

Sé que le gusta el rock y se sorprende al encontrar grupos nuevos de los cuales no sabía nada. Casi siempre empieza así, “encontré un grupo con un gran sonido, con la fuerza de los instrumentos dirigida a la memoria”. Luego de eso habla de la letra de las canciones, de los orígenes y las influencias de otros grupos, que casi siempre ella ya conoce. Es muy probable que hubiese hablado de música, y claro, también de la música reproduciéndose en línea canción tras canción en el bar.

Le gusta la evolución de Darwin, y la relaciona con los cambios en la sociedad, sobre todo en cómo quienes vivimos en los centros urbanos somos animales evolucionando para sobrevivir en la planicie hecha de asfalto, cambiando para no estar en la base de la pirámide alimenticia de una sociedad que se come los sueños del más débil. Típicamente menciona la frase, “no es la más fuerte de las especies la que sobrevive, tampoco es la más inteligente la que sobrevive. Es aquella que se adapta mejor al cambio”. Con esto se adentra en el mundo espiritual y suele terminar cansada, en ese instante pide una cerveza.

Con el cine tiene la misma fijación que con la música. Ve dos o tres películas por semana, las va narrando y ofreciendo su visión crítica del séptimo arte, que la fotografía, que la narración, que el protagonista, que la ropa de los personajes, que el protagonista, que el director, que la música, que los personajes secundarios, que esto es cine de culto, que es un director para la historia, que, y que, y que sigue hablando de las películas. Sí, seguro habló de sus horas de cine semanales.

A veces habla de la economía del país, sobre todo cuando en la semana ha conversado con su mejor amiga, una economista con quien ordenan la vida económica de la nación para varias generaciones futuras. Al final de este fragmento de su conversación dice, pero si nos hicieran caso, pero es que solo piensan en ellos, pero a nadie le importan los otros, pero es que siempre son los mismos, pero, y se queda repitiendo esas cosas con tristeza.

De temas así debió hablar ese día. A mí me gustaba escucharla hablar de los ruidos de la ciudad, no de la música. No parecía hacerlo de manera consciente, yo le iba preguntando por los ruidos en su oficina, ella los iba recorriendo uno detrás del otro. El sonido de la cafetera y el garrafón de agua en la cafetería, el de los computadores y su estática todo el día, el roce del caucho en los zapatos contra las baldosas del piso, el aire filtrándose por las ventanas hasta llegar y hacer caer al piso una hoja, ese sonido del aire permitiendo al papel deslizarse hasta caer en el suelo.

Se sabía los ruidos de los autos, el de los vendedores ambulantes, el de las ambulancias y las patrullas de la policía. La música en los almacenes frente a la avenida, las palabras en la torre de babel en las plazoletas de comida. Esa conversación me gustaba, quizá nunca le dije. Ahora que lo pienso, si le habló de eso a la persona con quien estaba esto que siento es simple envidia.

Imagen de Engin Akyurt en Pixabay

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