Cansancios y repeticiones

Esta noche está cansada, hará el turno largo hasta que se cierre el bar. Le ha puesto unas plantillas a los tenis para disminuir el cansancio en la planta de los pies. Está mucho tiempo de pie, y sin parecer un gran esfuerzo el desplazamiento entre mesas, y desde las mesas hasta la barra terminan por completar varios kilómetros. La persona de la cocina le preparó una infusión de frutas, según ella eso le levantará el ánimo, o por lo menos le hará pasar con mayor tranquilidad la noche. Cuando terminó la bebida pensó en cómo sería si se hubiese tomado una copa larga de ginebra.

En la mesa a donde llevó hace unos minutos cuatro cervezas hay un hombre con un tatuaje en el brazo izquierdo. En el lugar en donde va el reloj tiene un reloj tatuado, por supuesto en una hora exacta con el año escrito en números. Da por sentado que son la fecha y hora del nacimiento de su hijo o de su hija. “Si cada hombre estuviese obligado a tatuarse el nombre de sus hijos y de sus hijas, si también llevarán escrito en la piel el nombre de las madres tendríamos a muchos dando explicaciones cada vez que buscan una nueva pareja”. Piensa eso, un pensamiento sobre el que no volverá en los próximos minutos.

Su mamá es  madre soltera. No ha entendido bien esta diferencia entre ser madre soltera o madre casada, o madre viuda o madre de puta madre. Odia cuando su mamá se refiere a si misma como madre soltera. Solo es madre, sin adjetivos u otros sustantivos, o es que le dolió menos porque el cabrón de su papá se fue con otra vieja unos años después de que ella nación.

Vuelve a ver al hombre con el tatuaje, ve que tiene otro en el cuello, no alcanza a interpretar la figura dibujada por la tinta, una especie de espiral de la cual surge una mosca. Piensa en Gregory, sabe que está cansada, de otra manera no estaría fantaseando con Kafka ni peleando mentalmente con las maneras de hablar de su madre.

Escucha a unos señores hablando de una población en el Huila. Rivera, de allá es su padre según le ha dicho su mamá. Ahora no atenderá bien a esa mesa. Ve que la llaman. Le dice a su compañero que atienda, ella va a preguntar a las otras mesas si desean algo más de comida o licores. Antes de que ella se mueva para ir a las mesas el compañero le mira las tetas y las nalgas, “malparido”, siempre hace eso, y ella cae en la trampa tapándose un escote que no tien porque el delantal que usa le tapa todo el pecho. A veces le dan ganas de voltearse y patearlo en la cara. Aunque quisiera no lo podría hacerlo en este momento. Una pareja le sonríe, la llaman haciendo indicaciones con las manos.

Los de esta mesa quieren comida vegetariana. En este lugar todo lleva carne animal. Le piden una recomendación acerca de algo que puedan pedir y quitarle la carne. Casi les dice, “mejor no coman nada”, pero esta pareja está sonriente y son amables mientras se disculpan por estar pidiendo algo que en la carta del bar está advertido, ‘sin comida vegana’. Les ofrece papas y empanadas, aunque traen carne se la pueden sacar con una cuchara. También le puede decir a señora de la cocina que les haga una ensalada. Cuando recibe la aceptación de ellos, da unos pasos y se devuelve. “Tengo un problema, debo cobrarles eso como un plato porque no puedo registrar esas cosas por separado.” Eligen un plato, aceptan los tres y va hasta la cocina.

Al volver de la cocina ve a una persona de la mesa en donde están los del Huila, va para el baño, “ojalá que la manija esté húmeda y se ensucie las manos”. La mayoría de los hombres no se lavan las manos y untan de orines la puerta, lo sabe ella y cada persona del bar que cuando va al baño usa una servilleta para abrirla.

Vuelve a la mesa de la que le pidieron la comida y les dice que la cocinera les hará algo especial y se mantiene el precio que habían elegido. Le gustan los aretes de la mujer. Se sorprende haciendo cara de asombro, en espera época muchos hombres usan aretes o perforaciones en las orejas, y particularmente esta noche no ha visto que alguno los lleve. Da una ronda entre las mesas, mira las orejas y se sorprende de que su memoria tenga esas carácterísticas fotográficas.

Ella usa hoy unos aretes que una amiga del colegio le regaló. En cada oreja un colibrí. Sabe que tienen un significado distinto, aun así, para ella son la memoria de una amiga a quien quiso mucho. Los toca con la mano izquierda porque con la derecha ha tocado la mesa y ha ido aprendiendo a no tocar su cuerpo después de haber tocado los objetos del bar.

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