Aromas para madrugadores

El despertador se clavó en sus oídos con la rudeza de un témpano de hielo cayendo sobre el silencioso océano, giró, miró el aparato electrónico, golpeó la superficie, lo apagó, me descubrió viéndola, me pidió seguir durmiendo y apagar incluso el día. Miré hacia la ventana, la vi atravesada por la luz de una mañana abierta y luminosa, fui hasta la ventana, puse la cortina que evita el paso de la luz, quedó todo oscuro, tomé el celular, la tableta y el reloj, salí con ellos a la sala. Desde la ventana de la sala observé a unos niños jugando a las escondidas entre los autos del vecindario. En la cocina los aromas habían cedido el espacio al olor del detergente y de las aromatizantes, fui hasta ella y preparé un café, la baldosa es fría cuando los pies descalzos la cruzan. La primera taza de café despertó una memoria olorosa en mis sentidos, recordé a mis padres ofreciendo café a quienes recién despertábamos.

Imagen de Foundry Co en Pixabay

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