Amar sin aprendizajes previos

Algún apego de mi padre por la magia y el ilusionismo, y por querer siempre saber el orden de los sucesos antes de su ocurrencia lo llevaron a convencer a mi madre de ir a donde una hechicera para descubrir mi futuro.  ¡Afán de Griegos y Romanos es el tuyo cada vez que peregrinas un Dios!

La señora me tomó en sus brazos, fui izado y luego acostado en una mesa con mantel verde.  Ahí, sobre mi cuerpo la señora hizo ademanes mientras se fumaba un gran cigarrillo y esparcía el humo por todo el lugar.  Empezó hablando de las posibilidades que tendría en el mundo debido a no sé qué origen antiguo de mi sangre, también habló del orden de los planetas en la hora de mi nacimiento y de una equis que se acomoda en el centro de mis manos.  Sin más, se fue despachando con la teoría de éxitos y triunfos, de mi palabra repetida en otras bocas y de muchas cosas más.

El único conforme era mi padre, mi mamá mantenía esa cara de duda que ponen las mujeres con su sabiduría milenaria, entonces de pronto le preguntó por lo que serían mis asuntos de amor, la señora viendo un punto invisible al fondo del cuarto le dijo: “Será amado sin fin y en todos los períodos de su vida encontrará en el mundo alguien que lo ame en lo extenso de su ser”

Mi papá sonrió, con esa manera viciosa que tienen para hacerlo los necios cuando se sienten vencedores en algo, porque fue necio mi padre al sentirse soberbio de pensar con tanto orgullo cuando mi madre se detenía con humildad a preocuparse por mí.

—Vamos, no necesitamos saber más.  Como acordamos, su dinero está en la mesa.

Mi mamá complació su enojo con un ademán de irritación viendo a mi papá directo a los ojos, se volvió hacia la pitonisa y le inquirió una nueva respuesta —¿Y puedo saber amará él también? Entonces recibió esto por contestación: “No sabrá lo que es el amor.  Señora, su hijo no amará a nadie, ya lo notará usted cuando crezca”

La timidez y la manera cansada de desprenderme en los juegos hicieron pensar a mi mamá en las palabras de aquel día de peregrinación a los hechizos.  Ella me veía retraído, desgastándome sobre una hoja de periódico o también sentado frente a la casa observando a las personas que pasaban en frente del lugar.  Las aventuras verbales que auguraba ella tener conmigo nunca se dieron de pequeño, yo solo la escuchaba y ella apenas recibía algún gesto de aprobación sin poder socavar de mí una charla entretenida.

Nada se sucede de repente dijo un día y luego buscó las interpretaciones que se hacen sobre la palabra amar.  No se quedará mi hijo sin amar, ejecutar este verbo es parte de vivir, sin él es como estar prendido de un aroma que uno mismo no puede aspirar.  ¡Qué cosas decía mi madre! Así, pues, decidió poner en práctica toda una estrategia para invitarme a conocer el rictus que esta palabra concede en los hombres.

Primero, le dijeron que amar era apasionarse, comprometerse por completo hasta el final, de esta manera buscó enseñarme la pasión por toda tarea que emprendiera, dediqué tardes enteras a leer y otras tantas a reconocer aves en el campo, a numerar los días, a encontrar en la gente mundos enteros con solo hablar con ellos.  Por un tiempo me apasionaron tantos temas que un día perdí el foco y dejé todo por ahí, para más luego, para después.  Aún hoy tengo un libro en el que dentro de sus páginas hay hojas de diferentes plantas que solía coleccionar.

Segundo, habiendo descubierto que con los días perdía el interés en lo que me había generado tanta atención y viendo como el foco de mis pasiones cada vez era más diverso, pero de la misma manera inconcluso puso en marcha una nueva enseñanza.  Amar es ser generoso, es sonreír para los otros, es dejar que todo se culmine en los demás.

Otra aventura para mí fue acompañarla a entender que uno es parte del todo y el todo es uno, de tal forma que lo mío debía ser compartido con los otros sin más, fueron días de compartir, de buscar y darse para ser recibido.  Esta vez no perdí el foco, pero notó mi madre que aunque todo lo hacía con el empeño que ella me pedía y realmente me nacía desprenderme para los demás, al rato olvidaba a unos para dar cabida a otros, siendo un ciclo vicioso de dar sin esperar recibir, pero también de olvidar, que la generosidad lleva mucho de olvidar.

Con el tiempo mi mamá me hizo participar de los verbos, sinónimos de amar, que consideraba apropiados para ser aprendidos por mí en la búsqueda de saber amar.  No le fue fácil cuando estuve lejos de casa y mi desfachatez de solidaria soledad me hacía olvidar a los demás.  Querer, dar, sacrificar, ser por el otro, y otras muchas maneras que tuvo mi manera de responder a la inquietud de amar fueron enseñanzas que recibí de ella debido a su temor por la visita que hicieron cuando yo, bebé de brazos, era marcado por la adivinación.

Me hizo leer la historia de personas que por sus ilustres vidas habían sido generosos y se hablaba de ellos como gente que había amado la humanidad, también me llevó a lecturas del antónimo haciéndome ver la diferencia entre unos y otros.

Me apasioné por mujeres y recibí igual pasión, fueron generosas en darse para mí y les respondí igual, las quise de muchas maneras y ellos lo hicieron igual.  Decir te amo fue una conjunción, era la manera de iniciar otros verbos otras playas de la relación, sin embargo, aunque pensaba en que al igual que ellas me amaban yo lo hacía también, no era cierto, la pasión se rompía en ríos y luego eran una calma de lago congelado en verano.  Duro para mí era sentir que perdía rápidamente el interés y la que hoy era una visita diaria se convertía luego en una lejana coincidencia a la que me daba cuando me encontraban.

Me apasioné por los libros, por el ajedrez, fui visita diaria de las páginas en blanco para escribir ideas e invenciones mentales, me confronté con la pared del estado ausente y protesté por los demás, por los sin voz, me convencí no solo de ir, también de volver y narrar para los otros para que todos supieran lo mismo que yo. Hoy estoy de visita en la casa y ella me ve con tanta ternura que supongo que sospecha o vaticina futuros en mí.  Trato de ignorarla porque mi hijo viene con su risa entonando melodías para mi corazón y tal vez por eso dejo de notar que mi madre rompe en llanto y para sus adentros reconoce que ahora se lo que es amar.

Imagen de Olichel Adamovich en Pixabay

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