Compañías invisibles

El hombre que atiende las mesas en el bar se acerca a la puerta antes de que yo entre, apenas siente que puedo oirlo me dice, «entra usted pero no sus fantasmas». Yo lo observo con asombro, luego miro a uno y otro lado de mi cuerpo, no hay nadie. El hombre insiste «quizá usted no los vea, yo si los noto, y no son agradables, se comportan mal cuando usted está ebrio». No le creo al hombre, igual no se me ocurre una manera para resolver el incidente, quiero entrar al bar, esta noche se presenta un grupo de rock en donde un amigo toca la guitarra. Le digo, no sé que hacer, dígame cómo evitamos que ingresen. El hombre trae un balde de madera lleno de agua, una vasija diría yo pero él me dice, «antes de entrar pase sus manos y pies por el agua dentro de este balde». Lo hago, sigo hasta la barra del bar, y noto que las butacas a mi lado se ocupan rápidamente, nunca había ocurrido eso, siempre estaban solas.

Imagen de Daniel Nebreda en Pixabay

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