Vigilias

El vigilante tiene sexo cada día con su esposa y con una vecina que es su amante. Abre la puerta para dejar entrar y dejar salir a los residentes del edificio, los ve pasar y saluda con el nombre —buenos días, buenas tardes, buenas noches. En cada ocasión es un gesto diferente, unos levantan la mano, mueven el rostro, responden con otra voz las mismas palabras, usan otras maneras de decir lo mismo, pero el se atiene a las que aprendió desde chico, buenos días, buenas tardes, buenas noches. 
Los hombres que cruzan la puerta disminuyen su prisa cuando ven a una mujer atractiva, pueden estar comprometidos, tener pareja constante, aun así abren los ojos con apetito sexual cuando ven a mujeres atractivas. El vigilante los mira con curiosidad de antropólogo, los imagina nocturnos y desvelados pensando en esas mujeres sin ver a la que tienen a su lado, los supone áridos de deseo ante la mujer que los acompaña, cree de algunos que son sus esposas las que le niegan cualquier acceso al cuerpo del deseo.

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