De las cosas que pienso de ti y tú me besas

Descubro tus manos, desnudo tus dedos con los míos, me propongo encontrar tu piel empezando por tus brazos, subo hacia tus hombros, bajo por tu pecho, me prometo la delicadeza propia de tu mañana cuando uno a uno tomas el ojal, el botón y los casas en solemne matrimonio, pero no puedo cumplir mi promesa, paso tembloroso con mi mano izquierda hacia tu pecho, me atrevo a romper el silencio debajo de tu blusa, el botón se cuelga del ojal, quiere cumplir su promesa de ser ciego a aperturas de extraños, mi mano va hasta el borde de una prenda que mi mirada busca.

La mano comprende mi ansiedad, va más allá de la prisa del botón, el botón no cede, aun así, la mano alcanza el borde negro de la tela que cubre la blanca desnudez que protege, tu mano, sube y se posa en la mía, la detiene, eso pienso por la timidez que tiembla en mi boca, tu mano se posa en la mía y la presiona, la acerca hacia el don preciado que ella busca. Tu mano le concede una pieza de baile a la mía, la mía va en pos de tu piel, la tuya en pos de la mía, el botón cede, se olvida de su lucha, mi mano vuelve, agradece al botón al tiempo que tus voces se vuelven beso y mis besos mordisco.

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