Vestigios

Otra vez hemos vuelto a la imprenta clandestina, tomamos unos libros de poesía publicados por poetas reconocidos y les cambiamos los epígrafes y algunos poemas, claro, lo nuevo que hemos puesto es de nuestra autoría, después los sacamos a la calle para ser vendido por los vendedores ambulantes que transitan con sus ventas por la calle

Esta noche el único fulgor es el de la lámpara, abierta a los ojos se extiende de línea a línea en el cuarto, una sombra se desborda hasta quedar estática de formas en la pared, en el piso, la línea de la vida dobla su forma sobre la cama, se esfuerza por sostenerse en el aire, es tiempo de irradiar la noche, el brazo se alarga por encima de la sombra, por encima de la luz, se aproxima, apaga la lámpara y todo toma el color de los ojos cerrados antes de precipicio.

El miedo es como un espejo en el que las cosas no se reflejan bien. Tú vas caminando junto a él, y en él aparece deformado todo lo que vives, si te ocupas en verlo, empiezas a creer que es la realidad y te asustas, te congelas, confundes la realidad con el reflejo. Es irremediable que el espejo siga paralelo a tu camino, porque tenemos una necesidad básica por observarnos, y nuestra primera mirada la encontramos ahí. Debes mantener claridad acerca de qué lado del camino es tu realidad, puedes evitar verlo, puedes mirarlo y constatar que tú realidad es la otra, la que está del lado tuyo.

Inaprensible, así es la intuición cuando tratas de volcarla con el lápiz sobre la hoja entre símbolos de lógica. Concluyes porque el ego le ha dado forma a tus certezas, les ha puesto lugar en el diccionario a lo que nombras, y vas con eso desplegando la vanidad de quien se atribuye una verdad certificada. Intuyes, no buscas otra respuesta que ese ardor mínimo dando forma a una luz interna, tus apreciaciones no soportan la lengua matemática ni el rigor químico de las muestras. Tomas muestras, amplias muestras y con verdad de puño afirmas haberte guiado intuitivamente más que haber puesto en medidas lógicas las acciones en tus días.

Yo soy de los que prefieren el lugar invisible en la mesa por encima del nombrado y definido nombre con su silla, la fuga silenciosa del humo antes que la persistencia ruidosa del fuego sobre la madera. Me gusta más el inventario secreto que adelanta en sus hojas el árbol en la sombra, que el ruido delgado con el que canta las horas el viento al atravesar el bambú en la tarde, la entrada comunal donde todos somos sin ostentar de la existencia

Una de las cosas que más me gusta de sentirme molesto y enojado es que me hago preguntas fundamentales sobre la vida, las respuestas pueden gustarme o no, sin embargo, saber que puedo planteármelas con tranquilidad me pone a pensar nuevamente sobre lo que me enoja, entonces comprendo que es mi decisión la que me pone en el camino, y respiro, respiro, respiro tranquilo.

La tristeza es una registradora que cobra los instantes en que los ojos atraviesan frágiles las pequeñas distancias, las que están negadas, las que le robaron asombro, las que sucedieron sin incluir nuestro nombre.
La tristeza suma, acumula, cubre el fondo y supera el borde de la bolsa, se riega extensa en las manos, y nutren la piel con un frío de lámparas aguadas en la madrugada sin sombras

Ella le pregunta sobre unos hilos que ruedan sin caerse de su espalda, él responde, se descose mi tristeza y sus hilos como la piedra de Sísifo, salen para perderse y volver a salir. Ella lo mira, hace un gesto con el ojo izquierdo, le dice, yo creía que eras de los ángeles caídos a los cuales las alas se las tejieron en verano y se las tragó el invierno. Pidieron un trago más, dejaron de hablar.

No puede ser sangre, era un poeta, debe ser tinta, su guerra era de letras.

La palabra no se altera para asesinar la noche. Existen las palabras arma, cañón, puñal, espada; con esas no se agrede, en cambio otras que no dan forma a objeto alguno hieren, tonto, estúpido, torpe.

Siempre es suficiente, y cuando no, es bastante más de lo necesario, así son los días, aunque mi ceguera ve aridez en donde es bien recibida y crece libre la semilla. Cruzo campos hechos no de tierra, de tiempo, y en ellos todo se produce acorde con mis imaginarios, claro está, a veces mis imaginarios son una cruzada del miedo en pos de romper mis horas.

Después de tantas horas y días, de cifrarlos con nombres en semanas y meses, de haber estado en modos que solo las avestruces entienden, y si no, solo haber estado como ellas, de conjugar el verbo estar sin el tino de sentirlo, después de eso y de mucho más, me quedan unas pocas palabras para hacer una síntesis de mi vida, preguntas sin respuesta y preguntas mal respondidas.

Tengo el abecedario incompleto, al verte no sé leer el movimiento de tus manos, la apertura y el cierre de tus ojos. Mi diccionario es un libro incompleto, no conozco las palabras con las cuales podría dar forma al lenguaje de tu cuerpo

Cubrir con la lengua las tres palabras es fácil, no hay suerte en hacerlo, pies de hielo, se duelen los tobillos y la heladez amenaza con alejar el sueño. No hay otra opción para los pasos, van hasta la cama, todo parece barro y arena líquida, ahí deben conciliar el cansancio, la pesadez, la ligereza mental, el frío. Truena el sueño, llega después de que un relámpago parpadea el instante, cruzo, entro a otra noche, duermo sin canciones.

Hay quienes entran al futuro empujados por el presente sin tener claro propósito alguno, hay otros que los arrastra el pasado sin darles oportunidad de notar que el futuro los ha recibido. Así, entre unos y otros también están los que sólo reconocen el presente sin que pasado y futuro les signifique problema alguno.

De todos los lugares, dejé caer mi sangre en la nieve, herí su color, blanco extasiado de si mismo, y yo, vaciado de mis venas, porque ahí se narra lo que soy, el evangelio equivocado, la palabra incorrecta, el temor espantando, y también, este que todo quiso hacerlo bien

Esta mañana, nos reunimos todos, cada uno opinó sobre lo que pudo, casi todos inconformes, lo criticaron todo, yo tuve que hablar al final, y siendo que soy el verdugo, solo pude decirles, no les deseo buena suerte porque entonces podría ir mal mi trabajo.

Escucha, ese pobre ladrido lleno de llanto es del viento que herido de vejez viene a morir en tu cuarto. Mira, las sombras en la pared son luces acabadas que sucumbieron ante el tiempo y ahora son oscuras lenguas que huyen de su esencia. Ahora duerme tranquilo

¿Qué cruel juego es este? vienes para irte sin la envoltura que tanto cuidaste, como un obrero del tiempo que te da útil uso hasta cuando ajado te tira para no verte más.

Cruza una sonrisa en tu rostro, el universo entero te celebra.

El fluido eléctrico ha detenido sus pasos, esa es la expresión que usé para referirme a la imprevista oscuridad. Dejé en la mesa el libro que leía, y busqué el diccionario, me inquietó pensar en el significado dado a la palabra ‘fluido’, lo encontré, ya luego olvidé el origen de la inquietud y se me ocurrió que la energía es un río artificial lleno de peces con ojos brillantes que llegan hasta los bombillos para brillar dentro de ellos. Una luz liviana, la de la pantalla del celular, posa sobre el papel, yo vuelvo sobre el poema, me gusta la imagen del cuarto verso, es de una mujer, una que llega ante el espejo y sonríe, en el séptimo verso la mujer toma el cepillo de dientes y con él empieza a quitarse la sonrisa. Hay pasos, demasiados pasos en la sala, voces en posición de ataque, cuerpos inasibles en movimiento, el libro ofrece un refugio, la mujer me ve reflejado en el espejo, suelta el cepillo y su rostro pinta una mueca de sorpresa.

Ella extiende su cuerpo sobre el mío, pone su voz en mi cuello, y se desprende de estas palabras, busca tu poesía en mi piel, aunque no la halles disfrutaré de tu estadía.

El grifo del lavaplatos lo dejo abierto, voy hasta la puerta, a unos cuatro metros, cierro los ojos y escucho el roer del agua sobre el aluminio que lo traslada hacia la cañería, supongo un mar vaciándose dentro del estómago de un dios que lo ha levantado entero del océano, también empiezo a pensar unos segundos después en la soleada aparición de un niño que dispara con pistolas de agua hacia el cielo inexistente de estrellas. Así estoy, no es que esté chueco de la mente, solo juego mientras espero a que María toque el timbre para abrirle y tratar de que no se note que la espero desde la madrugada.

Entre libros nuevos,
comprados hace poco,
obsequios de los amigos,
hay un cuadernillo de poemas,
confieso, sin vergüenza alguna,
sin temor por la culpa,
lo tomé de la casa de unos primos,
no creo que ellos lo resientan,
estaba, vivía olvidado, entre libros de academia.
Puedo apostar la nada contra el todo,
— dicho sea de paso, son lo mismo y no me pertenecen—
no lo echarán de menos en ninguna cuenta,
y en mi mesa, en mis noches,
será leído con apego, con el gusto que me da,
decir en voz alta el primer verso, del primer poema,
“Estar enamorado, amigos, es encontrar el nombre justo de la vida”

Uno nace con un diccionario sin palabras, con hojas por llenar, y luego con los días va llenándolas, pero pasa que no todas las palabras necesarias se encuentran, o por lo menos no en el momento que uno las espera. El diccionario, con tantos vacíos como urgencias insatisfechas, se va llenando con una lentitud de días sin noche, y padece de tachones y palabras mal escritas. Un diccionario personal, uno para cada uno acorde con su vida y propósitos, en el que también guardamos las palabras secretas.

Usted no sabe cuántas pastillas de silencio son necesarias para cerrar fronteras y proteger mi cordura, por eso estrecho al mínimo el círculo y quedo en estar solo conmigo.

El silencio para volver lleno de gritos que no se cantan, que cumplen labor de muro, de ciega ventana para que nada se note

Otra opción no existe, es la edad, es el tiempo, es el devenir propio de lo que que está obligado al cambio, a dar forma borrosa a lo que antes era exacto y perfecto. Envejecí sin extrañar la juventud, parece que solo di espacio a tus recuerdos, a mis memorias contigo, y a esta pesadez que da de restar a los días que quedan en vez de sumar a los días vividos.

Esta tarde, antes de que la noche apareciera en el vecindario, cambiaron los espejos del apartamento, se habían llenado de figuras con mirada de ruido y rostro de pocos amigos, del tiempo es el que me rasura y en vez de la barba me quita la vida. Ahora en la noche he pasado por ellos, no cambia mucho lo que veo con respecto a lo que veía en la mañana, solo que ahora puedo culpar al hombre que los trajo, se nota demasiado que son espejos usados y yo había pedido nuevos.

Cuando le pregunté por su vejez, que me parecía prematura, me dijo, debe ser así para que tú sigas pensando que eres joven, que el tiempo no te toca.

Desparramados sobre el piso aparecieron los pasos de los que en la noche quieren habitar el único silencio posible, el de mi cama donde desde siempre fueron sellados los sonidos, y ellos los de los pasos quieren llegar hasta aquí para no escucharse, para dar sorbos al silencio y quedarse callados por momentos, para descansar de sus pensamientos.

Naciste, y desde entonces estás condenado a muerte, en algún sitio alguien firmó la sentencia, en un espejo deben estar claro el lugar y la fecha, cuando te veas en él cumplirás la condena

Te enseñará a tejer para que bordes la mirada en tus ojos, te mostrará cómo coser para que con el hilo des forma a la tela con que te has de vestir, te dará el color de la noche para que lo agites en las horas de sol, para que te confundas viendo oscuro lo que claro es para los demás. Pondrá en tus manos el temblor de la vida, la caricia próxima y la caricia perdida para que comprendas que es en el movimiento donde casi todo comienza. Así en la vida irás aprendiendo.

Yo preparé mi propio desayuno, café, pan, queso, gelatina, leche.
Detengo la continuidad de la oración para ser más exacto, yo puse el café instantáneo en la taza de agua caliente, saqué de la bolsa el pan, de la nevera la gelatina y el queso, de otra bolsa la leche.
Un campesino no tostó el café, el pan no lo amasó un panadero, el queso no lo prensaron las manos, la leche no la compré a un hombre que la sacó de la ubre.
Yo me alimenté con productos industriales para estar preparado y salir a producir más para las industrias.

No me gustan los zoológicos porque sus animales enjaulados me recuerdan que como ellos hay muchos dentro de mí sin posibilidad de libertad alguna, unos porque ante su falsa domesticación prefiero sostenerlos tras la reja sin que se atrevan a salir y hacer de mí ese que no es aceptado, otros porque adolecen de esclavitud y quieren que la cima sea la libertad, para esto no me preparó la domesticación social.
No me gustan los zoológicos porque quienes los visitan pretenden una altura superior, una satisfacción por ser el asta izada con inteligencia, y de ese modo me miran los que se ocupan de criticar mis internas afecciones, mis dolidas quejas, creen que la raíz profunda de mis pensamientos, los sentimientos pegados a los huesos son huéspedes que enferman mis actos, porque están por fuera de lo que creen es cordura.

Una banda sonora no se escucha para llenar con música el fondo de tus actos.
No hay primeros planos, planos generales o un fotógrafo dedicado a enfocarte.
Tu vida es un lugar sin índice en donde enumerados aparezcan tus títulos o contenido relevantes,
No se asoman biógrafos a compendiar tu vida para la historia.
Ahora, aún siendo cierto lo expuesto, aléjate un poco de ti mismo, toma distancia.
Nota como el aire te pesa, la luz te mide, y ningún movimiento se produce para saciarte,
Solo estás ahí como una figura más en un cuadro hecho a pinceladas por un pintor que no teme estropear la obra que apenas empieza.

Son dos punto sesenta y seis metros cuadrados que le corresponden de área a mi cama en el universo, en ellos he dado cabida permanente a otros sistemas de vida en don tú y yo somos la razón de toda construcción posible a nuestro alrededor. Bien medidos son seis punto seis metros de diámetro los que dan forma al croquis de mi cama, allí dentro, todas las medidas se extienden y superan para en mi imaginación alcanzarte. Dada esa circunstancia y la luz que no disminuye su velocidad en mi cuarto, doy por hecho que en cada instante se multiplican los universos paralelos sin que sea necesaria una nueva geometría quizá solo sea necesario otro ángulo para verlos

Después de buscar poemas en donde fuese usada la combinación “senos serenos” y tratar de imaginarlos de ese modo, me di por vencido y le pregunté a una amiga. Ella cortó despacio la timidez, abrió la blusa, expuso sus “senos serenos” y me dijo, ¿los ves? Están serenos, y se usa la referencia a la serenidad en contraposición a la intranquilidad y desasosiego del que los mira sin poder acercarse a su piel para tocarlos.

Dicen que los hombres pueden llegar a la edad más adulta de la decadencia enfermos de una geografía limitada a un solo cuerpo, y que la sostienen en sus manos abiertas, en la boca prendida a la línea visual que siguieron sus ojos cuando esa piel les permitió explorar sus deseos sobre océanos y accidentes geográficos.

Se dice que el dolor de cabeza es la última voluntad del caos antes de ser apagado en la hoguera de la historia, todo aquello que surta movimiento en la tierra ofrecerá en sacrificio a la oscuridad varios momentos de su vida con el dolor insistente entre sus sienes. También se dice entre aquellos que creen en virtuosismos oscuros, que el dolor de cabeza es una penitencia recurrente para quienes en otras vidas han negado el uso de la razón como facultad humana.

Pereza: larga la eternidad se acumula entre segundo y segundo sin que la suma llegue pronto a contar un minuto, pesa cualquier reacción neuronal cuyo propósito sea el movimiento, el cuerpo se resiente, los ojos anclan en bahías de sueño cualquier intento por observar el entorno. Una obscenidad superior acompaña los actos, el pudor no aceptaría esa inmovilidad mental que impide hacer lo que es necesario, a lo que se está comprometido.

Estriega la tela después de lavarla, de tanto frotarla quedan orificios en los espacios gastados, la extiende y tras cubrirlo todo enciende una luz para observar los lugares rasgados, los ve y deja para después el momento de coser.

Una mujer distinta cada noche se sienta en un balcón a peinar la noche, y bajo el peine ve pasar las horas sin negritud alguna, un aire de vidrio transparente le pone color a los minutos. Cuando la mañana llega, ella siente que el tiempo ha pasado todo en un segundo, sin dormir, sin despertarse, no siente cansancio o fatiga o los dos que a veces son lo mismo, y se levanta con un peine que la noche anterior no existía en sus manos. Una mujer, una noche, el tiempo dando nombre femenino al encuentro nocturno del tiempo con la mejilla que no ve el sol.

De todos los yo que he sido, me gusta el que he sido contigo

Yo venía tarde, tú estabas aún, no me esperabas, aún así me gusta pensar que un sí. Nos encontramos para juntarnos, para estar, y seguimos sin andar, solo estando seguimos moviéndonos.

Ya no cabes en la copa de tequila, en el bar han puesto una botella.

No cabes más dentro de las venas, rompo una, dejo salir la sangre, hago espacio para ti.

Rota la lengua de tanto hablar, los borrachos optaron por el silencio y se quedaron dormidos sobre la mesa, el hombre del bar no le apostó a esfuerzo alguno, les dejó una nota para cuando despertaran y cerró el local. Cuando despertaron, leyeron la nota, decía, el infierno está afuera, sigan dormidos hasta cuando abran la puerta.

– ¿Por qué lees tanto?
– Estoy buscándome
-¿En los libros?
– Sí, quiero saber si alguien ya me narró.

Aprecio tu torrencial interés por mi silencio, la mirada espontánea desde la que mides mi rostro sin palabras, tus pensamientos formándose ideas acerca de mis ocurrencias, tu asentimiento para ponerte a tono, para sintonizarte conmigo, para sincronizar el momento sin voces.

Quedó crudo el verso, no fueron suficientes los hervores.

Para qué perder el reloj, aún sin él, siguen contando las horas.

Sucesión de muebles, escritorios, sillas, composición de vida mecánica,
Computadores, pantallas, impresoras,
Crujir sin tono de los zapatos sobre las baldosas, las alfombra.
En algún lugar alguien dejó el alma, la dejó muerta
Y su palidez aún ilumina los espacios,
Entre escritorios cayeron para siempre muchos sueños,
Un hedor a higiene, a lugar esterilizado los oculta.

Era otra tarde cuando las piedras iban por el aire, desde las manos hasta la ladera del cielo, recogíamos retazos de cielo, los llevábamos a casa y mamá zurcía para nosotros calcetines de color azul.

Usted, que viaja sin la noche en su maleta, que ha dejado el día empeñado en una prendería, que abarcó un puerto con mirada sincera antes de decidir no llegar, que no usa el verbo bordar para referirse al movimiento de la arena, que trae en el ombligo un mugre que no quiere salir aún cuando la ducha es extensa en agua y en tiempo, que reconoce las cicatrices mínimas o largas sobre la piel pero no recuerda el origen de las mismas. Usted que irrumpe con aplausos y gritos ante un gol, que agita las manos espantando la sombra que lo sigue y la espanta hasta que transparente deja a la luz pasar, que pide una cerveza y se la toma como corresponde a los que nos gusta beber, que sonríe porque la sonrisa es una bandera que identifica su nación. Usted que no sabe de qué le estoy hablando debe saber que yo tampoco lo sé.

Entonces, en la última hora, cuando sin fe o con fe, es el momento del juicio final, la sombra que lo sabe todo le pregunta al hombre, ¿dime tú, cuántas veces me viste a mí? Y algunos ni siquiera pudieron decir que en la infancia jugaron a seguirla.

Tú, que abres el océano y das paso a los mares, que destapas los volcanes y dejas rodar al viento sobre el desierto, que atraviesas el páramo antes de subir a la cima del bosque, que has ido y venido por y tras el mundo en palabras, tú quieres estar aquí sin mí y yo no quiero estar en lugar alguno sin ti

Ella dijo, quiero ser tú por una noche, y durmió desde temprano hasta que en la mañana el despertador sonó para recordarle que ser yo es más sueño que realidad.

Toma su calor, lo envuelve con una manta, hace una bola con ello, lo lanza hacia lo alto, y un solo de sol ilumina el día.

Volví a verla, reconocí la llovizna de lunares sin caer, atrapados desde su cuello hasta su pecho, cerré las manos, un impulso inconsciente, para atrapar en ellas sus formas cuando los acaricié.

No expresarlo no significa que nada hay para decir, bajo el manto de agua que cubre el lago, peces poseídos de sí mismos renuevan rutas sub acuáticas, así, tras el silencio emciones de hielo cruzan y rompen lo que desde afuera no se ve.

Obturas tu noche con mi sexo en tu puerto, todas las anclas, nube y ríos dan luz a tus pestañas abiertas.

El reloj me observa, una timidez lo sonroja, parece apenarse ya que su cuenta, es apenas una mentira a la que se somete para decir las horas, sabiendo desde siempre, que no hay medida en el tiempo, ni del tiempo. Yo lo miro, con la misma timidez que él me observa, de alguna manera acepto que su enumeración es la ilusión de quienes tratamos de alcanzar el siguiente estado en el tiempo exacto.

La muerte me dice, con unos hago la paz, con otros la guerra, en los dos casos me quedo con ellos, con otros hago el amor, a ellos les hago visitas mínimas, pequeñas convulsiones, dulces orgasmos que no los llevan al final de la vida.

El juego consistió en enumerarnos; partes del cuerpo, manchas en la piel, cicatrices, lunares, pecas, hendiduras, planicies, cabellos, lugares secretos y lugares ocultando secretos. Así, durante muchas noches quedamos dormidos con el dedo indicando el lugar de la piel en donde la suma habría de terminar.

Ella volvió para decirme, piensa en mí como un árbol, doy frutos sin escoger quién los ha de tomar, doy sombra sin saber quién bajo ella va a reposar, estoy atada a mis raíces y desprenderme de ellas me condena a la muerte inmediata, expongo mis semillas al viento para dar oportunidad a que parte de mi nazca en otro lugar, recibo aves, insectos, soy instrumento para la voz del viento, no puedo cansarme de estar porque como estoy soy. Ahora, comprende, cuando te amo, sigo siendo yo, no puedo dejar lo que soy.

Yo nací con los pies adelante, no sé por qué, y esto de no saber atrae todas mis dudas, sobre todo ahora cuando pienso en mi estatismo, en la falta de aventura en mis pasos. Sé de muchos que salieron con la cabeza para ver primero, y ven, con una facilidad que me abruma, en cambio me quedo pensando en mis ojos y veo apenas rasgos, incipientes sugerencias de la imagen completa del espacio. Mis pies, tan afamados al comienzo, apenas dan pasos, pocos pasos como para creer que el afán con que asomaron fuese una urgencia necesaria y apropiada

Hace un tiempo amé a una mujer con la devoción propia de quienes saben que el tiempo se fragmenta y lo quiebra todo. Ahora no la amo, no la espero, no la extraño, y el tiempo tras el reloj la borra sin misericordia alguna con mis recuerdos.

Yo espío a la vecina, desde la ventana de mi cuarto hasta la suya, con unos binoculares, la veo y ella no se resiente, asoma su cuerpo desnudo y parece decirme, si esto lo que quieres ni siquiera vengas, lo que hace verdadera mi piel está en mi corazón, mi mente y mi alma, o cualquiera sea tu idea de estas palabras, si solo quieres mi piel no estás preparado para vivirme, mírame para que sepas que aún no eres digno de la belleza, de la profunda belleza de lo femenino.

Nadie nos lo ha dicho, y estamos aquí cada uno con su propia manera de sobrevivir, con su idea única de supervivencia, por ejemplo yo creo que sería más fácil sobrevivir estando contigo

Es tarde cuando ves el reloj, es tarde para zafarte de él, eso porque el tiempo no mide las horas, solo aprecia y suma la realización, ocúpate de eso, de realizarte, en vez de sumar las horas que ya no fueron más

Me gusta pensar que soy el que imaginas, aún sabiendo que yo y el imaginado somos dos seres diferentes. Esa idea me gusta porque, tus percepciones de mí son superiores a mi propia imaginación.

La sombra, de la que te ufanas porque la reconoces como el reflejo de tu cuerpo ante la luz, no es tuya, no te pertenece, es la proyección de aquellos que dentro de ti quieren ser pero no lo son.

Algo superior en los peces atrae a los poetas, algo superior en ellos aleja a los filósofos, algo conmueve a los biólogos al verlos. Los peces cruzan entre galaxias y caen en las aguas terrícolas para el suicidio, no hay más explicación.

Me habla de ti el hilo nocturno con el que surcaron la noche, menciona tu nombre, repite tu voz aún diciendo otras palabras, ata las vocales a las consonantes y cruza mi oído urgiendo encuentros entre nuestras palabras.

Ella adoptó gatos, unos abrazados huérfanos de la calle, algunos aceptados de quienes no podían sostenerlos en su casa, yo compré libros, recibí algunos de los amigos que no serían leídos nunca o que ya habían sido leídos, y tomé sin autorización otros por regalo. Así los dos, en la casa, prestábamos a quien quisiera, un libro abierto para la lectura, un gato dispuesto a dormirse en su regazo. El café llegaba por añadidura, la comunicación entre los silencios de quienes leen, unas ráfagas de sombras y otras de viento eran la cofradía perfecta para cerrar la noche en la casa leyendo.

Una amiga llama, me habla de sus gatos, en particular de uno que en secreto lo llama por mi nombre porque la sigue a los lugares íntimos y se queda en silencio observándola, luego cuando ella va a la cama desnuda, sube veloz hasta su lado, y se apega a su piel absorbiéndola con el olfato.

Existe una palabra que da significado a cada elemento o movimiento existente, una que expresa cada emoción, sentimiento, objeto, evento o cosa, si no la conoces en tu idioma, existe en otro, en una lengua antigua, en un lenguaje oculto. Por ejemplo, tu nombre es la palabra secreta con la que Dios se hace mencionar entre tus amigos, así cuando ellos te nombran, llaman a Dios al mismo tiempo.

Dijeron,
el cementerio está lleno de muertos,
Fuimos,
Y encontramos cuerpos descompuestos,
Ninguno,
No había muertos,
Los vivos,
Mueren, con ellos la vida y la muerte desaparecen.

Soy tú, aunque no tenga tu nombre, le pertenezco a tus momentos sin que sea un minuto en tus horas, mis averías son iguales a las tuyas, también estoy descompuesto.

Hay momentos en que todo se vuelve línea, se separa y las grietas quedan a merced del tiempo, aquello que era roca sólida se vuelve arena sin peso destiñéndose en el viento, el agua excede la pausa y tarda en ponerse en movimiento sin poder evitar el hielo, los árboles no comprenden al otoño desgajando raíces en vez de las hojas en las ramas. Hay momentos así, como este, en que adentro es un hueco abierto que inevitablemente recibe el vacío que desde afuera se cuela por los ojos.

Ella sonríe porque duerme, es allí a donde lleva su alegría, afuera, afuera hay hedor de asfalto. Ella cierra los párpados, los ojos los mantiene abiertos, ha capturado de la luz las imágenes del viento, las mira sin ser notada, detrás de los párpados.

Hablé de ti, atendiendo la definición del poeta, se habla siempre de la misma mujer, se ama a la misma en diferente piel. Las fotografías delataron una tendencia, no estadística, no de moda, de mapa geográfico, un número mínimo de fotografías de diferentes cuerpos aparecieron con la belleza en el rostro, el mismo gusto, la misma búsqueda. Tú, inextinguible tu belleza, apareces extendida, no repetida en las formas, repetida en mi gusto y mi búsqueda. Hablé de ti, con la extenuación propia de quien extasiado habla desde el corazón y pone emoción en cada palabra, luego, por una suerte de entrada oculta a los espejos, me sorprendí con otros rostros, con un mapa del universo diferente y descubrí de un golpe que también voy equivocado creyendo amar lo que no está en el movimiento de mis ríos. Otras mujeres, ellas no son tú, no hablo de ti cuando me refiero a ellas, no hay crueldad en la equivocación, aunque un sabor amargo cruza en oleadas sobre la lengua. Hablé de ti, y el número de letras de tu nombre se multiplicó dulcemente en mi memoria, ofrecida por los recuerdos con diferente rostro y la misma búsqueda y gusto profundo.

Érase una vez una nube, llueve. Hubo un tiempo de llovizna, humedad. Trazamos pasos sin longitud exacta, camino. Erguidos los ojos miran con voracidad, horizonte.

Hoy supe de ti, era tarde para encontrarnos, estabas tú en la otra acera, yo en la de enfrente. Te busqué y no pude alcanzarte.

Nombremos al cansancio de alguna manera; laxitud sin energía extendiéndose por las partes del cuerpo que proveen movimiento, desprendimiento neuronal sin motivación alguna.

El vidrio ilumina una soledad de plástico,
La perfección de la máquina delineó las formas.
Ávida la mirada externa no la mira,
Aprecia la tela, el color, las líneas de la ropa.
El maniquí se mantiene inconforme en su estatura,
Detrás del vidrio no hay quien venda,
Afuera, el comprador observa.

Vuelves, pones el dulce de chocolate debajo de la lengua, me besas, desplazas tu lengua en pos de la mía, tras ese movimiento el chocolate llega a mi boca, el roce húmedo es el lenguaje apropiado para sostener la ruta, va y viene el dulce hasta desaparecer con la saliva

Es inevitable volver a ti, he querido aprender tu nombre leyendo la historia en tu cuerpo, insaciado muerdo el palabrario y sin aprender me retiro para ser reclamado por lo inevitable.

Entre los dos, todas las distancias, solo podrían ser salvadas por la palabra. Consonantes y vocales han puesto tus labios a unas letras de mi boca.

Tal vez no lo recuerdes, pero, tú como yo te has planteado estar sentada y, de pronto, como una lluvia inesperada trasladar tu mirada al futuro, verte unos momentos, y desde ahora saber de tu yo posterior. Te digo esto porque me ha ocurrido hace unos minutos, no como planteamiento, como hecho real, algo me traslado a un espacio en el tiempo que debe superar este por más de diez años; estábamos los dos, sí, tú y yo, lanzando piedras al mar bajo una luna nocturna, con los pies envueltos en una tela blanca, quizá tu yo del futuro intuyó mi presencia y dijo, nos salieron raíces, hemos quedado enclavados sin poder movernos, sembrados en las promesas incumplidas, sin oportunidad de movernos de los propósitos fallidos.

Estoy en otro lugar para el café, el acostumbrado lo cerraron por remodelación del centro comercial, entonces voy a otro que está cerca, apenas una calle. Detrás del mostrador una linda muchacha con la piel alimentada por el sol, arrunchando en su adn, blancos, negros e indios, le digo, una café del campo, ella pregunta, ¿algo más?, y sin contener la voz de la imprudencia, con timidez y expresión sincera le digo, tomármelo contigo, ella sin cambiar su sonrisa, más bien con más alegría responde, al final del día, quizá al final de mañana, o pasado, dejemos a la casualidad que nos junte, pero, hoy no, hoy es día impar y en la ruleta del amor me va mejor con los pares.

Somos la página impar y par de la misma hoja, inseparables, no existe el uno sin el otro, y si el fuego o el agua consume a uno de nosotros, a los dos nos conduce a la misma suerte.

Mi amigo dice, «es la mujer de otro, de nada sirve que la ames, de lo que hablas es menos que una ilusión», entonces, después de las palabras de mi amigo me quedo viendo el espejo, el que está junto a los licores en la parte de atrás del bar, y le digo, «es cierto, es una ilusión, sin embargo ella no le pertenece a nadie, solo a sí misma, creemos que nos pertenece aquello que está en el espejo, pero apenas se mueven dejan de verse». Un trago más y mi amigo levanta la copa, brindamos por ella, no decimos su nombre, la persona con quien se ha comprometido está cerca, entonces digo, «por lo que él ve en el espejo, porque también esté en el de mi casa»

Claro, esta es una vida sin locura, simple, aunque no me gusta esta palabra, quizá también mediocre, así que esto es, de esto estoy hablando, de que nos pongamos juntos y demos unos pasos, no importa otra cosa que los pasos, ese movimiento, igual que bailar sin importar la música, eso sí, bailar juntos, y bueno, repito, no es mi vida para mostrarse en películas o hablar de ella en los libros ni ponerlas en la comisura labial de la cultura oral de las historias. Bueno, acá estoy para decir esto y otras cosas, sin buscar el desprendimiento asombroso que produce el interés por lo creativo o inteligente, por lo que desborda la realidad y mueve el mundo, solo estoy, así de simple, sin bordados, más bien con remiendos atando los retazos, eso, algo así, o bueno, pues de eso es que estoy hablando, de invitarte aquí, a estar sin más, solo estar, y si de pronto, también se me ocurre, de pronto al estar juntos podemos más los dos, mucho más los dos a que si estuviéramos solos.

Palabras para una mujer que se queda entera en mi ausencia, después de irse dejando en mi soledad su nombre: no extraño de ti lo que no fuimos o lo que quise fuéramos, no extraño de ti tu presencia o nuestros encuentros, solo de ti me queda una cama nupcial pendiente a nuestro encuentro.

Me preguntas por las palabras con las que hablo de lo que pesa, te respondo con estas, «plomo, grieta, roca, iceberg, sal, desierto, ausencia» Me preguntas por palabras de agilidad, de libertad y vuelo, te digo, «aire, lluvia, gota, globo, alas, beso, luz, agua» Me preguntas por las palabras para decir amor, amar, entonces solo te digo una palabra, «Lizeth»

No estoy condenado a ti, amo a otras y me precipito en ellas, ruedo y rujo con mis pasos tras la belleza de más mujeres, ninguna tiene tu nombre, pero, eres tú a quien busco en todas ellas.

Aunque no estés, yo me he ocupado de repetirte, con mi voz, con mis narraciones de ti, entre mis palabras y cantos, yo he puesto tu geografía en la memoria de todos, y así, aunque no lo quieras, muchos te buscan, muchos te saben, y han de amarte en otras mujeres porque he dicho de ti, que solo contigo, la perfección se halla y tiene sentido.

Ella va a la joyería, compra un anillo, lo pone en mi mano, en uno de los dedos, el signo del compromiso, y me dice, es para que pienses que puedes apostar siempre por mí.

Las letras de tu nombre vuelven ordenadas en ascenso perfecto hasta mi boca, las pronuncio separadas sin que digan algo, las junto y de esa manera un estallido se forma en mi boca, una sensación de clima fértil, de hablar para sentirse satisfecho. Dije tu nombre sobre mis manos abiertas y supe del éxtasis en las líneas de la palma al percibir el aliento, una sucesión de pálpitos y vértigos, eso ocurre al decir la primera sílaba y continúa aún al decir la última.

El mar de la fatiga cruza la ruta del volcán y tras la grieta en el ojo expone gotas de sal. Llora sin afán, se conmueve de su propia rutina, va del aquí al allá, del ahora al después.

Puse mis manos sobre la plancha del lavadero, la mujer las tocó sin delicadeza alguna, junto a ellas puso alguna tela que iba a lavar y empezó a restregar manos y tela, al final, cuando parecía cansarse, había desgastado mi piel, entonces me dijo, ves, nada dentro de ti la lleva, deja las metáforas, abandona las exageraciones y vuelve contigo, eres tu mejor compañía.

Dentro de tres libros llego a tu sexo, unas hojas más, unas hojas menos, una bolsa de letras sumadas por kilos, una granizada sin lluvia detrás de las hojas pares, sí, dentro de tres libros llegaré a tu sexo.

Ella firmó una hoja en blanco, luego puso una post data, sea para siempre la promesa para que aún equivocada la disfrutemos, yo apuesto por hacerlo, tú escribe lo que quieres.

Compré unas horas de lluvia, llegaron tarde, yo estaba dormido, aún así las regaron en techo, paredes y vidrios, rodearon las ventanas y nombraron con sus gotas los minutos, empujaron nudos a mi sueño, no soñé, no se usa soñar cuando se duerme la sentencia, se está demasiado triste para el tic tac lluvioso en el oído.

Largos pasos sin medir el camino,
camino sin agotarme o sentir la fatiga,
entre mis huellas siguiendo tus pasos,
o,
entre mis pasos siguiendo tus huellas,
nada,
solo eso,
un poco de pintura transparente en una pared invisible,
así es,
así son estas palabras,
solo sonidos sin sentido,
como muchas cosas contigo,
sin sentido,
sin sentirlo.

Ante la muerte, hambriento le dice, estoy demasiado cansado y ansioso para seguirte, no puedo aceptarte en modo alguno, la muerte ignora sus palabras, lo toma y lo lleva consigo.
Ante la muerte, sin hambre le dice, estoy demasiado a gusto y satisfecho para seguirte, no puedo aceptarte en modo alguno, la muerte ignora sus palabras, lo toma y lo lleva consigo.

No puedo asir tu cuerpo con mis palabras, y las pongo ahí como trampas extensas, tú pasas como el viento sobre el mar.

Ella me dice, no te afanes, solo es amor.

Fieles a su lugar, los zapatos observan silenciosos el espacio junto a la cama, así mismo, la corbata se alivia de la ausencia del nudo y se extiende larga en el gancho, y la camisa del día ocupa el mismo lugar de otras prendas en la cesta para la ropa que ha de lavarse. Fieles a su lugar, la puerta se cierra, la cortina cruza sus pestañas y evita miradas externas, la noche rueda completa ante la ausencia de luz en la lámpara, y tú, tú llegas fiel a mis pensamientos eróticos acerca de tu cuerpo.

No, no es la luna mi promesa, es el color de su luz en tus ojos. No, no es la bola de fuego como ofrenda, es compartir el espacio abierto en donde el sol da luz a los colores. No, no es la oscuridad en una carta del tarot, es la noche y su refugio, su camino abierto con la luz de tus ojos.

Los recuerdos son como imágenes en el espejo, recordamos levemente cómo las vimos; volvemos al espejo y es otra imagen, la anterior es irrecuperable, aún así, volvemos a ver y seguimos con la sensación de que aún existe lo que vimos.

Inventamos lugares, y nos fuimos a vivir ahí hasta cuando alguien nos dijo que la realidad desapareció

Sin prisa, he podido contener mi deseo en esta esfera de silencio, la veo un poco y otro tanto, y otro poco más, descuelgo mi par de ventanas sobre su piel de verano, le mido sin números los meridianos imposibles al tacto, y dejo en mis mundos internos la imaginación desabrochada, mientras compartimos la ruta, desde una estación a la otra, pudimos estar en ese balconcito liviano desde donde se mira el mar, concluyó desnuda sus noches en mis mañanas antes de sentarse conmigo a tomarse un café. Sin prisa pero contento de atar, imaginé a la mujer a mi lado más allá de esta prisa por llegar a tiempo al lugar donde empeñamos las horas, yo no sé las de ella, las mías en trabajar.

T, eso, la ‘T’ apareció al comienzo de la línea, empecé pensando en vocales, Ta, Té, Ti, To, Tú. La primera retumbó sin el tambor en la mano sin que la A apareciera. Con la e hubo una entonación en la tilde y sin que el aire estuviera llena de olores, el aroma surgió entero en la memoria. De la i llegó un ofrecimiento, para ti, una espera, de ti, así no más hubo un leve descanso que puso de frente la o, to, y to, to, to, to, to, sin significado alguno. Tú, y con una sonrisa te nombré.

El mito ha sido narrado de la misma manera, en algún lugar de la noche, entre un minuto y otro sin que alguien haya determinado la hora exacta, aquello que pienses tomará forma en el mundo físico, es por eso que la naturaleza siendo sabia y conociendo la falta de certeza en la imaginación de los hombres hace que el sueño los cubra a todos por igual en la noche. Aún así, algunos cruzan desiertos ese umbral y sus sueños se vuelven una pesadilla que viven ellos o aquellos quienes son parte de ese instante de imaginación. Yo, por ejemplo, he visto un globo amarillo atravesar el mar, y dentro de él tu fotografía y la mía, soñaba esa noche que los dos éramos los mismos para siempre, lo que ocurre solo en las fotos.

Cuando digo, quiero un poco de cielo es mi manera de pedir que estés un instante y otro má

La tristeza es un bosque de árboles anarquistas, he caído en él y las rutinas enquistadas en mis horas no dan tregua, protestan en su confusión, a mí, que triste no encuentro guía en las luces tras los árboles.

Me gustas, en modos que solo la soledad conoce, me atraes por tu risa y tus ojos, me gusta la luz desplazándose desde la esquina del párpado hasta el borde en el otro extremo de la cara. Me gusta la semana entrante, todo en potencia para estar contigo, los segundos, el minutero y su cuenta, las horas y el calendario en donde se cuenta por días.

Un hombre sueña con Dios, y Dios le pregunta por qué ha abandonado la oración, entonces el hombre le responde, yo solo le oro a alguien que me cumpla lo que pido, sino, para qué le pido cosas. Hay quienes quieren un dios personal hecho a imagen y semejanza de sus deseos.

Nunca la saciedad se dio tan pronto, ella sonrió, un gesto mínimo, luego rió sin esfuerzo, apenas una mención a la alegría, y fue entonces cuando no pude contenerme y reí con ella hasta estar satisfecho de contento durante esos instantes.

Hay noches que pasan en un instante antes que permitirles soñar a algunos que duermen en ella. El día, en cambio, para impedirles la imaginación, los contagia de prisas y urgencias. Ora, aunque no seas creyente, porque no seas uno de estos a los que el día y la noche no los quieren imaginando o soñando el mundo, contra ellos, la noche y el día enfilan armas oscuras para atarlos a las rutinas que no permiten creatividad alguna

Escribí el poema en una libreta, rasgué el papel y le di la hoja, ella leyó, y sin gesto alguno preguntó, ¿para qué?, al instante dije, para que te la comas, y responde, no puedo, es bello y es seguro que de comerlo me llenaría de tus bocas, de cada boca diferente con la que pronuncias tus palabras

El aire, cosido en el frío de los afanes, va a prisa, persigue algo, a si mismo, igual que el perro a su cola.

Desde la ventana, igual que yo, los gatos de los vecinos ven a la mujer detenida en medio de la calle buscando en el bolso las llaves del auto.

Una llovizna, una muestra de la humedad del mar, de los manantiales árticos, de mi voz arduamente líquida tras de ti, de la sed en el oasis, de orgasmos forjados en silencio, una llovizna apenas sobre tu piel, una llovizna para hacerte saber que en la ducha mi voz te va a buscar.

Ocurre en el silencio de la noche, donde se juntan la claridad infantil que viene de la calle y la oscuridad prendida de todos los objetos de tu cuarto, entre un pensamiento previo a la prisa y otro en la pausa que nace de la agitación del cuerpo, ahí, allí, donde los temblores cursan el nombre de un poema húmedo, cruzan palabras hechas de antojos

Cuando asalté sus manos con el afán de mi caricia, y puse mis temblores en su boca, le dije, solo quiero que tu pudor sea uno con mi deseo.

Lo sé, tú me contienes, dentro de ti existo, por eso te busco, y quiero hallarme en tus adentros para por fin ponerle nombre a mi existencia.

Pronunciar la palabra beso en la cercanía de boca es tan profundo como sentir el temblor de tus labios cuando en la noche después de tus oraciones dices así sea.

Recuerda que solo sabrás de la noche cuando satisfecha de sexo no te quede más que el silencio.

Otra vez el viento, el viento arrastra en su cuerpo la noche, y raído su vestido deja ver pequeñas luces, ¿a quién persigue, a dónde va con tanto afán? Una herencia, la del día que no es ahora, va con urgencia tras esos hechos heredados para que aún perdidos, esos recuerdos queden en su ulular para siempre.

En un café, ahí quedamos en vernos, luego, como era el deseo de ambos, ahí cumplimos la cita, más tarde cuando el espacio físico era más música que formas, sin que a alguien le importase, la desnudé tras la mesa y fui midiendo la distancia entre sus lunares hasta que llovió sin que la música permitiese escuchar a alguien más la lluvia.

Yo solo sé de la música en tus ojos.

Amores ilegibles, desconectados del lenguaje, dicen con los ojos y desdicen con la boca. Toman en las manos caricias prestadas de los árboles, quietas, para apenas ser leídas por el viento. Están muertos, los amores ilegibles mueren por razones naturales, léase también, en ellos todo está al borde, ha caído, está frondoso de musgo y de polvo.

Pasa a diario, de un lugar al cual no puedo entrar para darle forma a la destrucción y el caos, de ahí surgen unos recuerdos enraizados en las semillas de los cantos antiguos, de la música y el vaso lleno sobre la mesa ofreciendo en el brindis el olvido.

Es amor, los síntomas son claros, no es necesaria la enumeración de los mismos. No hay brebaje o antídoto para ellos, úsense y búsquense la paciencia, la misericordia propia junto a otras virtudes. Pueden improvisarse remedios caseros, aunque su utilidad es nula, quizá ayuden para el ánimo, para sostener la creencia de que puede sanarse, pero, tenga en cuenta, si es amor, no es enfermedad, en tal sentido, la sanación es inexistente.

Todo lo que escribo es a mí mismo a quien lo escribo, y lo comparto con otros para contarles de que hablo a solas conmigo.

Un día pediré la mano de tus letras y quedarán prendidas la tinta tuya con los grafos de mis letras.

Ante la cordura, sin oportunidad de dar paso a la huida, ofrecí primero los pasos dentro del trazo impuesto, la lectura obligada en el uso de las ropas, la oportuna asociación del estudio con el trabajo, luego, con mayor esfuerzo, las horas consagradas al trabajo, el silencio sin remilgo ante las instrucciones y la prisa. Una especie de condena, una entrega sin más, una esclavitud cifrada tras esas buenas costumbres. Ahora, también ante la cordura, hay que decirlo, no entregaré este espacio libre de todo en el que pienso lo que a la urgencia mental le satisface, por eso, en el silencio previo al amanecer, cuando los pensamientos dan rienda suelta a sus búsquedas, me quedo conmigo mismo y extiendo mis pensamientos libres de cualquier asomo de culpa.

No pretenda usted, en esta hora, cuando la noche en su estatura más alta acumula en sus bases mi cansancio, cuando he superado el día de facturas y pagos por vencerse, cuando apenas si he pensado en mañana y ya todo tiene un límite, un impuesto, una carga, una obligación por cumplirse, no, claro que no, no puede usted pretender que en esta hora última del día sea yo inteligente, ni verbal, ni corporal, ni mentalmente, déjeme así, yo me termino de beber este tequila y me duermo, y si no me duermo me tomo otro, pero, usted, deje así, no pretenda otra cosa que verme emprender el camino hacia el descanso.

La mujer le dice, antes por lo menos yo aguantaba el grito, el de placer en mi cama cuando te imaginaba entero en mi cuerpo, entonces yo rasgaba el orgasmo con mis manos, pero ahora, ni el grito, ni el orgasmo, ahora solo tengo su cuerpo, que no trae voces, ni gritos, ni ríos o humedades, y menos imaginaciones plausibles a las que yo pueda entregarles la costura interminable de mi cuerpo que descosida grita, abre y cierra, encuentra de mí todos los trazos.

Esta mañana la abuela enloqueció de nuevo, tomó las aves del corral y las preparó para el almuerzo, hizo un sancocho para todos sus hijos, los llamó por nombre propio uno tras otro, ninguno respondió, ellos como yo estamos muertos.

La abuela llenó de gatos la casa, ante los ruidos inexplicables de la noche, prefirió pensar que los gatos todo lo movían.

Entonces, cuando nos parecía imposible encontrar una tristeza más fuerte, nuestro amigo, mi gran amigo, dijo a todos, ella sonríe ante el plato desnudo y besa el lugar donde nunca estuve, luego mide anchamente sus senos con las manos y se satisface en sentir los lugares en donde nunca he estado

Quizá hay otros aromas tan mágicos como el pan, pero, en este momento, monerías espero a que salgan los buñuelos, el aroma de los panes es el mejor aroma del mundo,

Breve, así de pronto te nombro con esta palabra, mi brevedad, la duración del todo medido por mis signos de ti, a un leve suspiro, a una distancia de astros, aún así breve, tú, la brevedad de mis horas, el breve tic tac en mis horarios.

El testamento, ese del que hablas en tus días de tristeza o de furia, ya está hecho, antes de venir lo escribiste, ya tus cosas tienen dueño, el que las recibirá no lo sabe, y están ya hechos el uno para el otro, no insistas en la furia o la tristeza en testamentos, ya están desde antes repartidas en las manos de la nada todas tus propiedades.

La hora es otra, no es esta en la que podemos concertar una cita, dejemos para luego ese momento, tenemos todo el tiempo para negarlo, no quiero esfuerzo alguno en encontrarte, es así como debe ser para nosotros, para mantenernos indiferentes.

Pongo el oído a lamer las paredes, las paredes de la casa una tras otra, los oídos olvidan lo que oyen porque prefieren la ignorancia a tener que dar forma a las voces, a los ruidos que atraviesan la pintura y crecen sin forma, yo sigo, insisto en el oído y él insiste en el olvido.

A diario asisto a funerales, no se mueren los conocidos, los amigos o la familia, desde siempre se están muriendo los recuerdos y yo asisto a su muerte con una claridad que solo el duelo me permite, sé cuál es el recuerdo que voy a perder y dolido de la pérdida siento que se va y se va, hasta que lo olvidé.

Ella mira mis manos, la una, la otra, las abre, las toca, mide las líneas en la palma, las compara con las suyas, escruta entre los dedos, las cierra, las pone en sus orejas y se queda quieta escuchando sin encontrar batir de alas o sollozo de mares, las roza con sus mejillas, las toma entre sus manos, y al final de la caricia, inquieta me pregunta, ¿en dónde están el invierno, y la lluvia, el horizonte y el sol, el amor y la boca, las palabras y todo lo que con ellas nombras? Y se responde, están entre tus manos pero no las encuentro para ojearlas antes de que las hagas salir.

Ella dibujó mis manos y sobre ellas hizo árboles, le dije que las raíces me hacían cosquillas, borró los árboles y puso ríos y mares, entonces le dije que ahora eran los peces y la corriente los del cosquilleo, los borró y trazó aves en vuelo, vio que se elevaban y antes de que partieran cambio las aves por la cara de una mujer, al verla las abrí y busqué su rostro para llenarme con él.

Uno compra la tristeza a plazos, y de esta manera va recibiendo a diario un grito de súplicas, sin suplicio, solo la súplica, así, cada día siente el hervor de una tristeza que aparece, deja todo vacío y desaparece sin culpa alguna.

A mí edad, el único testamento del que quiero fiarme, es aquel donde la certeza firme que sumaré entre tus recuerdos.

Entonces dijimos, apostemos el amor a las cartas, y aún estamos debiendo

Ella hizo un nudo con mi timidez, lo lanzó por la ventana y me dijo, si vuela es una timidez aérea, si se clava en el fondo, es una timidez de ancla, y si me sigues creyendo, además de tímido eres tonto

La mujer que habita el apartamento del piso siguiente al mío nunca ha convocado a su noche a la timidez o al silencio, ella rasga todo y lo hace notar, tiemblan su voz, su cama, y mi cuerpo con sus movimientos que llegan en ondas hasta mi noche.

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