Voces diarias 20121215

Hay silencio suficiente para coser dos bocas, dijo ella mientras se levantaba y se dejaba atrapar por la oscuridad de la habitación.

Hoy la tristeza parece la única salida; voy a llenarla de tus momentos en mi memoria para que se conviertan en alegría en mi día.

La imprecisión llegó con la prontitud propia de los errores prematuros.

Una tristeza antigua se descuelga de mis recuerdos y cae volcánica en mis ojos, rompe mi silencio mental y de salto en salto va rumiando sin sabores en mi sangre

Hasta qué un día te acostumbres y extrañes mi sombra junto a la tuya

Parte de tu belleza consiste en apropiarte de mis palabras pronunciándolas e imaginándome cuando las escribo.

Hay puertas en mí que sólo se abren a tus ojos.

Las personas en los aeropuertos aparentan ser ciudadanos del mundo pero están embebidos en su propia aldea de voces internas.

Me hablas con la única voz que es posible en tu boca, una voz que le es fiel a tus maneras, a tus modos, a tu alma. Me hablas, sin embargo ruedo en miradas de trenes que vagan indecibles, impronunciables hacia una mancha de luces, ajena a la fidelidad de tu voz con la búsqueda y encuentro de tu mundo.  Voy a desprenderme de ti como si fueses una piel externa con la que respiro antes de la mía propia. Sí. Hablo de ti. De ti por quien mi palabra se subleva Y condena la palidez tímida de mi rostro al sonrojo. Me hablas y tu poniente está a la sombra de mi norte. Hoy es un día en que esta es la única opción Romper la tierra para que la herida cierre, para evitar la herida, para sanarla.

Hay una memoria de ti construida con imposibles futuros, arropada en el musgo nocturno con el que cobijo deseos por tu nombre. Esta memoria de voces simples interrumpe desde la grieta fantasma en al que lo no sucedido suprime lo que está ocurriendo. Eres igual que el olvido, yo no lo recuerdo porque fue mañana cuando no hubo oportunidad para mi deseo.

Eres un río de noches en lo profundo de mis días marítimos, cientos de mareas hacen eco a tu movimiento y transforman tus voces ocultas

Una palabra hubiese sido suficiente. Se puede ver atrás aunque es imposible girar la cabeza hacia lo inexistente. No hubo razones en tu boca para llegar hasta mi oído.

Se vació de todo, al tiempo que su piel adquiría una desnudez de cirio, luego, la tierra empezó a cubrirla mientras sus pasos se hacían de polvo.

Yo tengo dos brazos y me son suficientes para abrazarte, no porque sean anchos, fuertes y largos, es porque son una extensión de mi corazón que tiene la medida exacta de tu pecho.

Yo quiero ser el mediodía y el ruido nocturno de tu casa.

Si tu mano atraviesa el espejo es a mí a quien encuentras.

Era extraño, cada que el espejo ocultaba mi rostro, la música se sucedía en la ventana que daba a la calle, entonces, era inevitable dar la vuelta, buscar la cortina, abrirla y ver la ausencia de todos. Era extraño, el espejo se ponía oscuro, yo parpadea insistente hasta que me despertaba del sueño.

Yo me canso de ser yo mismo, y de buscarme entre tantas sombras la fatiga se subleva y cae hecha roca sobre mi ánimo.

Empujaré hacia tu cuerpo para dar cabida a mis manos debajo de tu ropa y presionaré tus labios hasta que mi lengua llegue a tu boca y romperé con hechizos tus palabras hasta que el primer nombre que pronuncies antes, en y después del deseo sea el mío.

Otra vez el espejo eres tú misma, la oscuridad está en tus ojos, no busques más allá, no quieras dejar en la noche tu ceguera, vuélcate a tu interior, encuentra tu luz y asómbrate de tu luminosidad.

Hay días en los que irremediablemente uno debe entregarse al olvido. Esta noche inicia la enumeración de cada minuto para que se desacoten tus cosas. Buen camino para ambos.

Hay días en que el dolor del otro duele más que las heridas propias. Uno comprende sus gestos mudos, la palabra de sangre que le mancha la sonrisa.

Hay que entender que a veces la puerta de entrada es la misma para salir. Lo que la hace diferente es el movimiento que te impulsa hacia ella. No te quedes afuera, entra.

Me quedé pensando en el dedo que gira alrededor de los pétalos, y la boca atrevida de ternura que llega húmeda a tocar su forma. Ella se fue y por muchas horas pensé en su seno abierto a mi deseo.

Duermo solo del único modo en que mi corazón es proclive al sueño, pongo mi mano en el lado izquierdo de mi pecho, dejo que el corazón descanse en la palma de la mano, lo dejo que hablé y los dos nos arrullamos al tiempo que escuchamos del otro una y otra historia.

Y me enojé mucho cuando supe que sin cariño alguno ese hombre la besaba, sin amor profundo o caricias musicales la abrazaba. Fue un momento de celos y de odios. Esas cosas pasan me dije apegándome a mi propio consuelo. Esas cosas pasan, ahora ella es, bueno no lo sé, ella no es parte de mi lenguaje y mi lenguaje es lo único que tengo.

Sin que tú lo sepas me buscas en tu cama y cuando crees encontrarme tienes tu mano en el pecho donde palpita tu corazón

A diario, ella despertaba, daba un giro, buscaba mis ojos, los besaba, y empezaba a contarme sus sueños. En sus sueños siempre estaba yo, con ella tenía una vida paralela de la que me enteraba apenas despertaba.

Me dijo, así que te gustan las delgadas descompuestas, y seguimos bailando mientras la risa nos contagiaba ánimo de cómplices.

Y la mano seguía bordeando las líneas marítimas en su cintura, así, ella rompía el silencio con sonrisas y yo me recostaba con palabras en sus labios, un secreto tras otro otorgado a su boca.

Y su voz fue cayendo despacio, con palabras cortas y oraciones llenas de comas, me dijo puedo caer en tu noche y dejarme ir hasta el borde de tu madrugada

Después dijo, es una cama doble, te vas a perder en ella, yo le dije, es seguro que me encontraré sobre tu cuerpo

Le dije, tú crees que nos alcance la noche, me dijo, la noche ya pasó

Solo quiero que estar juntos sea suficiente, que estar juntos sea el comienzo.

Una gota de ti y el mar rebosa entero de sonrisas

Tu primer error fue creer que yo no estaba enamorado de ti, el último fue creer que estaría enamorado de ti para siempre.

Estuve enojado mucho tiempo porque sabía tu nombre, tenía claro el lugar donde van el acento y la letra, sin embargo nunca supe deletrear tu cuerpo o leer tu desnudez láctea. Ahora ya no importan la letra, el acento ni tu desnudez de leche. El enojo ha sido heredado por un bosque y se apagó con la humedad de un río. Un día le dijiste a tus amigos que yo había, por decisión propia, querido dejar de ser tu amigo, tu cualquier cosa, y yo hubiera tenido que decirte que esa cualquier cosa que yo daba para ti no se deja, se mata y tú lo habías estado matando con heridas de sal y piedra que me hacías.

De un recuerdo impreciso e imprevisto que surgió de pronto.

Yo dejo el periódico a la mujer que atiende el lugar en donde voy a tomar café los fines de semana. Ella lo toma y lo primero que busca es la sección en donde está el horóscopo. A veces espero a que en su signo diga algo que la invite a fugarse con uno de sus clientes, aún no pasa, por ahora seguiré repitiendo mi rutina de suerte con ella.

Los amores fugaces duran más que los eternos, eso me dijo después del beso y se fue para siempre a mi memoria en donde la recuerdo y recreo eternamente.

Como una bofetada de luz supo que era el momento de parirse.

Llego a tu cuerpo, no encuentro nada, entonces vuelvo a buscar y llego solamente a tu mirada, me dejo descubrir por tus ojos y mientras tanto encuentro una fisura en tu piel por la cual puedo iniciar la escalada hasta tu boca. Digamos que empiezo en tu boca, tomo una o dos palabras de tus labios y me dejo atar por ellas.

Imaginemos que las palabras son, quiero y sigue, pero faltan más palabras, luego dices, al tiempo que estaciono mis manos en tu cintura, dices, quiero y sigue sin detenerte hasta cuando encuentres ríos de vino dulce y aguas saladas en mi cuerpo.

Así, llegar a tu cuerpo es un encuentro, una ventana cerrada que está dispuesta a ser abierta, y digamos que se abre un poco, entonces, mis palabras, ahora son mis palabras las que se descuelgan por tu cuello y dicen, morder, acariciar, continuar con el siguiente mordisco.

Digamos que hay una palabra que tú dices, de tu boca surge una combinación de letras que se leen en tus labios, cedo, dices, cedo mi desnudez a tus dedos, a tu boca, a tus manos, y me dejo llevar hasta donde mi cuerpo concede gritos de júbilo al encuentro.

Ahora, después de haberte escuchado me asombro de mi propia duda y voy tembloroso, tembloroso pero seguro hasta las formas de colores que llenan tu pecho.
Hay alguna nube que se desprende de mi boca y cae, desprevenida y atentamente sobre una flor de pétalos sin alas, digamos que la flor es besada una y otra vez hasta cuando tu mano levanta mi rostro y lo lleva hasta donde tus labios pueden ser atrapados por mi boca.

Ahora, descubro que mis manos tienen su propia agenda, han resuelto la medida de tu falda y sin que tú lo evites, ha ido deslizándose por tus piernas, ahora, descubro que tu blusa está abierta, no sé cómo, no sé cuándo, pero me parece apropiado bajar hasta tu estómago y sorprenderme con la forma de tu ombligo.

Digamos que un frío invisible, inexistente, nos posee, entonces un abrazo es apropiado para que tus formas, lindas formas se apeguen a las mías. Y sin que los dos sepamos las razones, nos olvidamos de cada uno y empezamos a pensar en el otro, tú en mis manos y yo en tu piel, tú en mi brusquedad de hombre y yo en las gotas de silencio que tímidas anotan pequeñas notas mientras descubro que hay una humedad sincera apreciando mis manos inquietas.

Así, poco a poco, como quien no quiere pero lo quiere todo, pasamos de la humanidad vertical a la horizontal sensación que da saber que eres tan extensa como mi cuerpo, y tan profunda como mis voces, luego, digamos que luego me concedes uno, dos o tres, que yo no sé contar, gemidos y yo te respondo al tiempo con impulsos.

Ese lugar tuyo en el que no siquiera aparece tu ausencia, ese lugar en el que vives pero no te pertenece

Y le dijo, es una pena que me vea cansado y con la misma ropa que vestía ayer pero es que una mujer inalcanzable fallo en la medida de su vuelo y por error cayó en mi noche. El jefe hace un gesto y piensa que la esposa la noche anterior se quedó en la casa de su suegra. Cosas que pasan.

La noche se estira hasta esta hora en la que encuentro en tus ojos una luna desnuda y varias estrellas aleteando como mariposas en tus pestañas.

Abrí la luz. Entro tu boca. Tu palabra acarició mi verbo. Tu acento hirvió sobre una tilde de gozo.

Ella era una mujer que pretendía en todo momento ser leída, Él era un hombre convencido de que su propósito era la escritura. Así, el uno y el otro aunque hablaban de pasiones que se alimentan una de la otra debieron retirarse porque no se permitían dar al otro la posibilidad de ser lo que quería.

Decidimos ocultarnos en un secreto mientras que nuestra complicidad aumentaba. Su secreto era mi nombre hecho de invisibles dentro del suyo y el mío era el mismo.

La noche es esta, no hay otra noche para ti, tómala y haz con ella lo que de ti surge limpio, cálido, transparente. Abandona lo oscuro que escupe hacia adentro, ya verás cómo la noche misma te escupe de ella. La noche es esta, tómala como una fruta de pulpa dulce y haz con ella un manuscrito de líneas y grietas.

Cuando volví a su casa, ella había cubierto la cama de piedras, dormía con y sobre ellas, su cuerpo se despertaba herido y ella iba a la ducha a limpiarse. Yo me quedé pálido y temeroso, sabía que acostarme sobre ella haría que las piedras le dolieran en la espalda. Ella lo notó y tuvo que decirme, más me hiere la flacidez de tus fugas, entra en mí, así me limpiarás de piedras y dolores. La mañana siguiente enterramos cada piedra en un lago cerca de la casa.

Eres un poema intenso, el trigo maduro, la voz alzada en canto, el camino que surca su propia vuelta al futuro, eres lo breve que se extiende al infinito, la luz oscura que vive de ser faro, la roca que lo da todo sin heridas. Eres aquí y ahora, y tengo una razón para buscarte, la única razón para buscarte es empezar contigo el olvido.

Te quiero. Te quiero despacio y con prisa. Te quiero de lluvia y de sol. Te quiero a tiempo y deshoras. Te quiero de muchas maneras, excepto una que me es imposible, no puedo quererte con la mirada del avaro que quiere para poseerlo todo. Te quiero y se me antojan atravesar en ti la dicha y la pasión del camino que va hacia el todo a través de la nada. Sólo para que lo sepas te quiero así, sin más presunción que quererte.

Hay personas que nos aman tanto que dan ganas de quererse a uno mismo de esa manera.

Tu boca y la mía, mis palabras y las tuyas, tu mano abierta y mis dedos extendidos, mis orejas en el precipicio de mi cabeza, tu cabello sobre las tuyas, tus pasos y mis pies, la música que escuchas y mis silencios que me callan. Eso y otras cosas van sucediéndose mientras que el sol encaja solitario su ascenso por mis ojos que miran hacia lo alto.

Los gatos bostezan extenuados de descanso, se conceden un rato de ojos abiertos y consideran un agravio solar la luz que lo enciende todo en sus ojos. Dan una vuelta sobre cualquier eje y caen dormidos nuevamente bajos una sombra que cae rasgada desde las cortinas hasta el sofá donde todo es descanso.

Otra vez dormido en el sofá he soñado que desato nidos y rompo nudos, tú apareces en cada movimiento, las imágenes de ti aparecen nítidas al comienzo y luego van desapareciendo al desatarse los nudos. Despierto y siento una fragilidad y levedad de nube, vuelvo al sueño y vuelvo a los nudos que desaparecen.

De pronto el fotógrafo que iba noche a noche a tomar fotos de los visitantes de la librería llevaba un arma con la que nos retrató con plomo esa noche.

Invítame a dormir a tu casa y dejemos que el sueño se complazca en nosotros hasta que la noche y el día hayan copulado un momento de orgasmo en que sea necesario despertar

No hay otro océano que tus ojos y otra luna que tu boca

Dónde está la madre de esa roca que llora la caricia del viento, dónde parirá sus hijos que dormirán los días de la tierra. A dónde irá la roca entre tanta caña de cemento y tanto líquido de asfalto? Yo me pregunto y sin ser la roca sé que la respuesta herirá de grietas mi sangrada noche.

Los mejores secretos no se dicen al oído, se cuentan despacio en la boca.

Yo me pregunto y antes de responderme me da un cansancio tan rocoso que pronto doy paso a la siguiente pregunta y tendré la misma respuesta.

Ella me dijo, puedes irte de la casa, nada te pertenece. Yo asentí y me fui pensando que lo único que me pertenecía era la soledad con la que me acercaba a sus mundos. Así, sin otras razones no volví porque la soledad siguió conmigo siempre.

Tú, al igual que yo, eres polvo cósmico, aun así entre los dos podemos encontrar distancias que nos alejen como a las estrellas más distantes o lograr que los dos seamos el mismo mundo.

La mujer del bar insiste en que estoy buscando mujeres prepago, yo le repito que no voy a pagarle por algo que nunca voy a conseguir gratis.

Hay niños que salen a pasear sólo por presumir de la madre que tienen.

Es muy romántico estar buscando el amor de la vida pero es muy aburrido pasarse la vida en eso.

Así cómo cuando uno cree que tiene las manos de agua porque no atrapa nada.

Hace frío. He salido sin saco a la calle. Me contengo con esfuerzo y evito tiritar. Una sombra de sol da forma a la montaña. Una aproximación a mis últimas memorias me sacude y recorro milímetro a milímetro el aleteo hipnótico de tus pestañas de mariposa de luz.

Una mujer hecha de tierra y nubes, en ella se descuelga fácilmente la lluvia y crecen días de flores y frutas. Ella está sentada a mi izquierda, en el lugar más apropiado, junto a mi corazón

Un pincel de líneas doradas da forma al cabello de alas que cubre los secretos que en sus oídos le fueron confesados. Ella sonríe a mis voces y las guarda en el mismo lugar a donde van los secretos, yo traigo su sonrisa al lugar en donde se graban los rostros hermosos.

Yo le dije, sólo quiero dos besos, uno al comienzo de la noche y otro al final de tu cuerpo.

Yo quería tus senos de sed y tus piernas de lluvia

Te amo en modos secretos y desérticos, con la furia que azota el viento a la pradera, con la calma de la noche en la montaña. Te amo mujer de luces oscuras y voces volcánicas. Para ti están mis horas y ausencias.

Me hizo levantar de la cama, extendió su cuerpo con los brazos abiertos y dio varias vueltas en sentido contrario al de las manecillas del reloj. Me dijo, estoy devolviendo el tiempo para que tu noche y la mía sigan repitiéndose.

Tomó el libro, me dio un beso y dijo, leeremos este libro así, tú leerás las páginas pares y yo las impares, luego, cuando terminemos la lectura, te contaré lo que yo sé de la historia y tú harás lo mismo con lo que has leído. Es la manera en que entiendo que sucede el amor, se saben cosas a medias y se cree en ellas del mismo modo que se cree en lo que nos dicen.

Se me olvida que la cerradura está hecha de hilo y lana, la única manera de abrirla es tejiendo con las agujas apropiadas.

En la cartografía de tu mano quiero ser un lugar en tu vía láctea donde todo se abrevia y se junta,

Qué quieres que lea, novela o poesía; novela, es que tú ya eres poesía.

Yo soy un hombre sin tiempo, tengo la edad de tu memoria

Hay días en tus ojos de los cuales tu memoria recuerda imágenes en las que existo entero y extenso, aunque en esos días no hubo un momento en el que haya existido el encuentro.

Hay horas en tu boca para los cuales muchos verbos agitaron sus conjugaciones con mi nombre sin que la acción misma haya existido.

Hay lugares en tu rostro para los cuales mi beso es caricia fluvial sin que haya faltado que me desplace como río por tu boca.

Hay espacios descolgándose en tu sombra a los que llamas secreto y silencio aunque sean nominados con mis voces.

Una mañana cansado del desorden, tomé cada una de las emociones y las fui poniendo en el lugar que consideré más apropiado, puse la ternura en la ducha, la piedad en las manos, el amor en la cocina, el pudor en el baño, la pasión sexual en la cama, el ánimo social en la sala y la aventura literaria la guardé en mis ojos para que cuando te vea nuevamente compartirla contigo

Cada semana el hombre de la vidriería le cambiaba un espejo por otro, él comprendía el hastío del hombre viejo que creía que la vejez estaba en el espejo y no en su rostro.

Yo soy la tierra en la que tu voz es lluvia.

Tienes la fuerza de un mar en el cauce de un río

Eres una línea, pienso a veces, sé que es una manera imprecisa de imaginarte pero te pienso así, como una línea que une, ata, da giros, sube, baja, y da forma a la metáfora verbal en el papel. Eres un punto, soy impreciso en mis maneras de pensarte, es así y por hoy no lo voy a remediar, vas adelante repitiéndote, un punto da lugar a otro y antes de que pueda evitarse, aunque no hay lugar para ello, tu conjunción de puntos o de tu misma para ser exactos ha dado vida a la línea.

Él le dijo, estoy pensando en besar ese lugar tuyo que dará forma a la boca de tus hijos, ella sin entenderle sonrió y le dio un beso en la boca.

Te veré mañana en la hora alta de la lluvia, cuando tú seas gota y yo río, cuando yo sea gota y tú nube, te veré mañana cuando seamos gotas de aroma con el olor del cielo. Antes, de esa hora será innecesario el encuentro, después de esa hora no tendrá sentido.

Cuando digo que eres una mujer urbana, me refiero a que estás demasiado urbanizada para mi gusto, en ti las calles fueron nombradas, los callejones asaltados, tus cumbres son edificios custodiados en asfalto, tu luz nocturna es un faro pálido de halógeno

NARRACIONES

También llega la muerte cansada y se sienta en una de las sillas de la barra del bar, pide un trago igual al que estoy tomando, levanta la copa y brinda conmigo, le hago un gesto de agrado y al rato me invita una copa. La mujer que atiende en el bar me pregunta si le invito también una copa a él, me dice que es lo cotidiano, ninguno de los dos sabemos que la muerte está sentada ante nosotros. Más allá de toda realidad aprendida, la muerte se acerca, nos pregunta alguna cosa, le devolvemos una respuesta aprendida y luego, antes de compartir otros tragos cada uno está quejumbroso de la pesadez diaria que le toca. La muerte nos dice que hay algo que la mente del hombre no entiende, está por fuera de su comprensión, y es la belleza en la destrucción en quebrar lo posible en la hora límite y dar lugar a la nada, yo me atrevo a decirle que es cierto, así que no intentaré hacerlo. Ríe a carcajadas conmigo mientras que la mujer del bar atiende a otros clientes.

La muerte recolecta de su memoria aventuras, todas las deja incompletas, no cuenta el último paso que da terminación a su historia, yo narro una y otra cosa sencilla de mis pasos tranquilos, ella sonríe, me dice que sabe más cosas de mí de las que yo imagino, entonces le replico rápidamente, es cierto, es seguro que alguien externo a mí sabe más de mis cosas propias que yo mismo, ella ríe en tanto que vuelven a llegar un par de tragos. La mujer del bar nos ha invitado una copa a cada uno. Algo ocurre cerca de nosotros, una discusión, alguien está alterado, observamos atentos, yo me preparo para dar pasos de protección hacia alguna parte, la muerte se voltea y me dice, no te afanes, nada pasará en este momento, la mujer del bar sonríe y le dice, que pretensión es esa, tú no sabes qué pasará, cualquier cosa puede pasar, la muerte le recrimina, no sabes con quién hablas, yo sé que no pasará nada. Yo les digo, yo no sé qué pasará y no me parece pretensioso creer que no ocurre nada en este momento, y también me parece correcto creer que cualquier cosa es posible.

Los dos se ríen, yo brindo por ellos. La discusión ha terminado, una de las personas que estaba en la discusión se acerca y se sienta cerca de nosotros, le invitamos un trago, nos habla del desencanto que le producen esas cosas, lo escuchamos, nos ponemos de su lado y compartimos más historias entre todos. La mujer del bar dice, escuchan el río, alcanzan a escuchar su canto, hay algo en él que lo fatiga. Yo digo, escuchan un palpitar que no quiere ser escuchado soy yo. El hombre que volvió de la discusión nos dice, escuchan unos pasos que duelen, son los míos. La muerte dice, quisiera escucharlos pero un grito de deseos muriendo me piden que vaya por ellos.

El café estaba frío, los huevos medianamente crudos y no hubo pan en la mesa. Los lunes el desayuno lo prepara ella. Los domingos en la noche me quedo hasta tarde viendo televisión y ella me consiente preparándome el desayuno. Hoy no fue el mejor de los desayunos, igual no voy a reclamar porque supongo que alguna razón hormonal existe detrás de esto. Me siento observado con demasiada atención, voy con alguna excusa hasta el cuarto, vuelvo y ella sigue en el mismo lugar en donde había empezado a observarme. Vuelvo, la abrazo sin otra excusa que aproximarme para quebrar la distancia que puede encallarse entre nosotros

– Anoche soñé contigo.

– ¿Un buen sueño?

– No sé, siempre sueño contigo pero anoche fue un sueño lleno de disgustos.

– ¿Siempre sueñas conmigo? ¿Cómo es eso?

– Sí. Desde que te conozco he soñado cada noche contigo.

– Me conoces hace mucho tiempo y apenas me dices eso

– Lo sé, pero eso no importa ahora. Estoy muy enojada.

– ¿Enojada por tu sueño, por lo que soñaste conmigo?

– Es que no me gustó lo que hiciste

– ¿En el sueño?

– Sí, en el sueño. No estás entendiendo. No me gustó como te comportaste, cuando sueño contigo es muy real para mí, y no espero que te portes mal siquiera en sueños.

Estaba a punto de dormirme cuando la escuché diciendo, esta noche pórtate bien. Quizá un gesto incomprensible para mi propio entendimiento se arrugó en mi boca y fue a parar en sus ojos, no lo sé, solo estaba cansado y quería dormir. Ella siguió yendo y viniendo por el cuarto mientras experimentaba a combinar dos prendas que había comprado por separado. Al día siguiente desperté en la hora turbia en que el despertador es el dueño del tiempo e irrumpe en él con truenos de miedo. Apagué rápidamente el ruido del reloj, descubrí con los pies el frío templado sobre la madera y me fui descalzo hasta la cocina.

Dejé a un lado el vaso de leche y las galletas, puse mermelada junto a ellas y dejé listo el café para prepararlo al volver. Fui hasta el cuarto a buscar la ducha, pasé sin ser sorprendido por ella, seguía durmiendo, ella puede hacerlo una hora más, su lugar de trabajo está más cerca que el mío, de esta manera puede salir más tarde de la casa, en la ducha fui repasando con las manos las formas viejas de mi cuerpo esmaltado en blanco, el sol no me apetece como antes y los viajes a tierras de sol son cada vez menos recurrentes.

Antes de entrar a la ducha había dejado sobre la cama la ropa con la que ese día me vestiría para ir a la oficina. No la encontré, ella estaba aparentando estar dormida, debajo de la sábana estaba mi camisa, eso la delató, le dije que se arrugaría, ella seguía con los ojos cerrados y una sonrisa cómplice en la boca. Un poco de esfuerzo y logré sacar la ropa debajo de sus piernas, se levantó, me dio un beso y su alegría me hizo recordar la diferencia de su ánimo con el del día anterior.

– Me encanta verte alegre.

– Lo sé, anoche me dijiste eso mientras íbamos a cenar.

– ¿Anoche?

– Sí, anoche, ¿Cuándo más? Fuimos a cenar, estabas muy expresivo y me dijiste

– ¿Anoche fuimos a cenar?

– Claro, en mi sueño, esta vez te comportaste muy bien.

– No te entiendo.

– No voy a explicarte, ayer te dije, sueño contigo noche a noche.

– Y lo hice bien. Claro, clarísimo.

Al tiempo que ella hablaba yo me vestía, luego fui hasta la cocina y mientras bebía leche y comía galletas con mermelada preparaba el café. Apenas terminó el café ella pasó a la cocina, bebió la otra taza que yo había servido y mirando por la ventana hacia la calle decía cosas sin que yo la entendiera.

– ¿Estás hablándome? No alcanzo a escucharte.

– No estoy hablándote, solo canto una canción, me gustó, anoche la pusieron en el lugar al que fuimos a cenar.

Miré el reloj, comprendí que apenas tenía tiempo para llegar a la oficina. La miré a los ojos, me acerqué a ellos y los besé.

– Me cuentas todo esta noche.

– Sí, me gusta cuando los sueños contigo son hermosos.

Me mordió el hombro y siguió cantando, entre tanto yo daba pasos hacia la calle sin entender los sueños de mi mujer.

No quiero despertar, me hace falta sueño, la madrugada aún no llega, no pasan las horas, no pasan los minutos, solo transcurren los momentos, segundo a segundo la noche sigue izándose extensa desde el frío de mis pies hasta mis ojos dolidos. No me muevo, siento al universos volverse sólido bajo mi piel, una, dos y tres vías lácteas se cocinan bajo mi cuerpo, los segundos cuentan un cuarto cada que se les antoja, la noche no avanza, el día es una idea absurda, no existe, dormir es un placer ajeno, no me es propio dormir, parece que le he prestado a otros esa posibilidad y me he quedado sin ella.

Oliva es un lugar extraño, está a mi lado, respira tranquila, en algunos momentos mueve uno de sus brazos, se me ocurre que está soñando, se me ocurre que no quiero saber lo que sueña, estoy cansado, me aburro de pensar en mí mismo y descubrir hay una diferencia entre mi hacer y mi sentir, igual siento todo, hasta los recuerdos más antiguos me duelen, la confabulación perfecto, el frío, la noche, el universo condensándose, mis pensamientos agrediéndome, yo débil, el árbol de mis protecciones tan lejos como el primer hermano de Eva.

Oliva duerme, mañana me dirá que ha soñado conmigo, comparará los recuerdos de su sueño con mis maneras de ser en la única vida de mí mismo que conozco. Dirá una u otra cosa y yo le creeré. Sueña conmigo todas las noches y en sus sueños llevo una vida paralela, me comentó que hago más cosas en esa vida que solo a ella le pertenece. Fue incomprensible para mí su explicación, de hecho creo que ella lo inventa todo, de hecho creo que todo es cierto, de hecho creo que no se nada. El universo se libera de una elaboración académica sustentada por siglos acerca de él, se levanta, deja un vacío intenso bajo mi cuerpo y caigo. Duermo unos minutos, me despierto y mi cabeza ha girado un poco, me duele, no me duele, no tengo cabeza y vuelvo a dormir.

Un reloj con la precisión sincera de sus propias cuentas me muestra la hora, sigue siendo noche, quiero estar dormido, Oliva se mueve, ahora da una vuelta, se pone sobre mi cuerpo, parece dormida, no está despierta, se levanta la blusa de la pijama, se lanza contra mi boca, no tengo ánimo “sexílico”, nada en mí quiere apasionarse. Ella no me mira, sus ojos están cerrado, su cuerpo insiste, ahora estoy desnudo de la cintura hacia abajo, su boca da una y dos vueltas hasta detenerse en movimientos continuos en mi obelisco, me siento extraño, el sueño va y viene a mi cuerpo, no sé si estoy dormido o despierto.

Ella se baja de mi cuerpo, yo doy un giro hacia el suyo, la abrazo, no entiendo nada excepto el abrazo que le estoy dando. Su cuerpo dejó de temblar, el mío dejó la tensión y se relaja, sigo sin dormir, la mañana se aproxima con su claridad a la ventana, no quiero levantarme, me haré el dormido, diré que tengo mucho sueño, no me antoja mucho la conversación de Oliva diciendo que soñó conmigo la noche anterior y que hicimos una u otra cosa.

El universo se hizo líquido sobre las sábanas, parece que rompimos una pirámide de hielo y la hicimos arena de olas. Doy una vuelta hacia el otro lado de la cama, por fin el sueño cobra la deuda, duermo hasta tarde. Despierto y Oliva está sentada a mi lado leyendo, el cuarto huele a sexo, lee un libro de poemas de Pessoa, está recitando, me mira, toca mi cabeza y me dice:

– Anoche, en mi sueño, hicimos el amor y te parecías a Pessoa, líquido de versos y plagado de asfalto y números. Te amo así. Hoy no te contaré de mi sueño.

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