Entre paréntesis

Para inventar tu cuerpo uso los dedos de mis manos, por aproximación y roce, nombro cada parte mientras la caricia ocurre, elijo un verbo en cada forma. Empiezo por el cabello, con los dedos compartiendo las líneas del pelo, línea líquida, lugar en donde se esconde la luz solar y la silueta nocturna de la luna. Juego a descubrir los pliegues de la oreja, a encontrar la suavidad del lóbulo, y pronuncio estas palabras, cavidad de los secretos, puerto de la música.

Uso las maneras más suaves que puedan surtir las yemas de mis dedos, doy giros sobre tu rostro, digo península, carne viva, golfo, islas, humedad y laguna. Nombro con un susurro tu boca, con silencio a los ojos, siento la delgadez de los meridianos yendo y viniendo con los dedos desde la frente hasta el mentón, surtiendo líneas paralelas a las cejas y la boca.

Digo ecuación, fórmula, geometría, y aprecio las curvas en tu cuello, el descenso que lleva hasta tus hombros. Me surto del diccionario, recojo la palabra esperanza, instruyo a los dedos en el uso de la misma, hago una promesa, el temblor en las manos es una traición surgida del deseo, tiemblo al cruzar la ternura en tus senos, el sol callado alrededor de tus pezones.

Rumor y naufragio, son las palabras a las cuales acudo al rozar con las huellas de mis dedos el estómago y su ombligo. El temblor cambia, se vuelve espasmo, sismo, ya no es una constante, ahora aparece temeroso y sacude a las manos mientras se aproximan a la luna llena entre tus piernas. Perforar y bucear, nadar y desplazarse en la llanura, de esas palabras están hechas mis manos al abandonarse en ese espacio de flores y pétalos abiertos.

Columna, catedral, desierto cordillera, así las manos se desprenden de temblores y pacíficas buscan las rodillas y los pies, prometen anillos y los hacen alrededor de los tobillos, aprenden del color de la planta de los pies. Me adelanto a devolverme por la misma ruta por la cual me ha puesto la fortuna, tú das media vuelta y transito el camino con la prontitud del peregrino para llegar con los símbolos de puntuación hasta tus nalgas.

Punto, tilde, coma, diéresis, guion y exclamación son dibujados en repeticiones constantes al sentir la pronunciación de las costillas en tu espalda. Profanación y gozo, de vuelta a tu cuello, y tú completas el giro para poner nuevamente tu rostro a mirarme.

Hago uso del abecedario, pongo las vocales sin orden alguno con las consonantes para alcanzar tu pecho y dejar tus pezones entre paréntesis en mi boca.

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