Despertares

En diez minutos oiré el sonido del reloj despertador haciendo hincapié en la hora para levantarme de la cama y empezar la rutina. Afuera la calle ha estado poblándose de ruido y de luces, de pasos que van firmes como si desde antes hubiesen acordado con el tiempo su destino. Acá, en la cama que nos sostiene solo estamos el silencio, mis ojos que te miran, tú, mis manos inquietas por acariciarte tu cabello y tus hombros. La blusa de tu pijama se abre hacia el brazo, una caída perfecta que le permite al deseo en mis ojos ir hasta la sombra en donde caben tus senos.

Te he dicho que la mayor de mis oraciones es pronunciar tu nombre a esta hora en la madrugada, acaricio tu cabello con el temor que me produce robarte unos minutos de sueño, uso tu nombre para sostener en él una sonrisa. Desde hace un rato he sincronizado mi respiración con la tuya, tu pecho se mueve ante la oscilación que produce el aire en tus pulmones, se llenan y sin vaciarse del todo vuelven a llenarse. Llevo una línea de tu cabello hasta juntarla con los otros atrás de tu cuello. Reconozco un temblor en mis dedos cuando los pongo en tus labios, siento que tu pecho percibe el temblor y responde con un movimiento de aire distinto.

Me quedo viendo a tus párpados protegiendo a tus ojos, pienso que adentro todos colores se forman en fila para ser usados por tu imaginación en la formación del mundo, imito a tus párpados, apago la luz en mis ojos, llevo mi mano a tu cuello para practicar caricias en braille, tiemblo, esta vez el temblor cruza fugaz desde la palma de la mano hasta los dedos en los pies. Los segundos cursan la lectura de los últimos minutos antes de que el grito del reloj rompa el silencio en la habitación. Sumo y resto números a la hora. Me aproximo a tu cuerpo, pongo un beso en tu mejilla, con intención de despertarte lo repito y llego hasta tu oído para decir casi en silencio, despierta.

Desplazo mi brazo hasta el lugar en la mesa en donde los segundos del reloj se apuran para caer en el grito de la alarma, la detengo y evito el ruido bestial con el cual pretende despertarte. Observas hacia mi rostro y yo siento todas las órbitas planetarias girando en tus ojos. Haces un gesto con el rostro después de haber sonreído, aprietas los párpados con fuerza para volver a abrirlos y con ellos ofrecerme una nueva sonrisa. Acercas una de tus manos y haces espirales en mi rostro hasta alcanzar mi cabello, dejas la humedad de tu boca en mis labios, ofreces un saludo de buenos días acompañado de un susurro en el que venía un te quiero que nació desde tu pecho. Ajustas la forma de tu blusa y yo deshago ese movimiento para que tus senos sigan siendo el pronto destino de mi boca.

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