Madeja de voces || Mónica Lucía Suárez Beltrán || Editorial Nueva Luz 21|| 2019

El poeta no existe, el poema produce una revelación, el lector no se queda con el poema, la revelación ocurre en quien lo lee. Este es un libro de revelaciones.

Estuve un largo rato acariciando las páginas, las hubiera preferido en otro tono y con otro peso. Intenté leerlo con la yema de los dedos como un aprendiz de braille o como los amantes de los discos de vinilo que presienten el sonido tocando el disco físico.

El primer poema que leí del libro es el que en el lado par de la página aparece un croquis de sombras reflejando a una mujer desnuda. Lo leí a una amiga que sufraga votos con sus propios dedos para alcanzar el éxtasis en su cama. Ella se sintió reflejada en esa madeja de palabras.

Esta es una afición de principiante, y siendo así, pongo los ojos en detalles o en ausencias. La tilde es una constante en la poeta. Somos el nombre con el que nos registraron para existir en los documentos legales del establecimiento. Nombres y apellidos tildados, una evidencia personal indicando que son claros los acentos en donde pone la mirada la mujer a través de quien fueron revelados los poemas. Una curiosidad adicional, las vocales están presentes en su totalidad. Quizá desde ese día en que las cuatro palabras fueron unidas, sí, la clara presencia de aquello que puede pronunciarse sin que exista el otro (la consonante).

Alguien ha dicho que los mapas solo tienen utilidad cuando están en concordancia con la geografía sobre la cual se está viajando. Estamos, muchas veces, condenados a cruzar la ciudad con un mapa desactualizado, como con las emociones que nos llegan tarde a la piel, sí, el deseo de la adolescencia cuando ya el cuerpo no resiste la voluptuosidad ni la inocencia. Y también tenemos mapas de otros lugares, queremos que el espacio que habitamos sea como ese mapa mental que llevamos, y también así vamos confundidos. Digo lo anterior sin pensar que la portada de colores sea un corazón o un cuerpo o una espiral de colores superpuestos, pensé en varios mapas sobre puestos, cada uno con su propio color, aunque todos surgiendo desde el mismo centro. ¿De cuántos mapas está hecho un corazón?

Madeja de voces. Aparecen hilos en mi memoria, los de la lana con la cual mi mamá tejía mantas de colores, surgen las conversaciones de ella con la vecina, con mis tías y mis hermanos, el sonido ahogado de conversaciones produciéndose en secreto.

Se puede enmarcar como si uno quisiera atrapar los trazos de la dedicatoria en la que la mano y la tinta fueron cómplices para escribir unas palabras que tienen la forma de lo que quiere volar, de lo que quiere escaparse.

Los arquitectos estarán dispuestos a aceptar que la puerta expresa la singularidad de la casa, y en este libro, el verso: ‘Que me lean aquellos / sin temor a la piel / de un poema desnudo’ es el portal hacia ella, ellas, nosotras y yo, según están titulados como episodios la serie de poemas.

(Tercerapersonadelsingular)

Las ramas del árbol son espejo de sus raíces, unas se mueven hacia lo profundo de la tierra y las otras hacia lo profundo del cielo, así es la tercera persona del singular de la que hablan los poemas, así es la ilustración ‘de como habla la mujer que espera’

(Tercerapersonadelplural)

El tiempo está medido por los objetos que se vuelven su vida, el reloj mide las horas con su cuerpo de estatuas semidesnudas, el bolso está lleno de culpas, el destino en la vida de las amigas. Eso y otras revelaciones están en ellas.

(Primerapersonadelplural)

Así, literal puesto en la escena, ‘Cuando alguna de nosotras canta / todos los niños duermen, se acunan’. Es la voz de quienes son la matriz del mundo.

(Primera persona del singular)

Hay una ilustración en esta sección del libro, el cabello se eleva por las gotas de agua que caen desde un paraguas, con la velocidad de una línea, punto a punto, ascienden hasta la geometría ovalada en la cabeza que surte de luz al rostro de una mujer hermosa. La primera persona del singular nos contiene a todos, y los poemas de Mónica Lucía lo hacen de ese modo, anunciando y dejando claro que ‘si algún día me fuera / me llevaría todos mis recuerdos’.

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