Cuadrilateros innecesarios

Yo iba caminando por el pequeño espacio entre los vendedores ambulantes y la cicloruta. Despistado, sí, iba de esa manera viendo unas veces los artículos ofrecidos en el piso, y otras escuchando lo que las voces de los vendedores repetían, pero no iba por el espacio de las bicicletas. Creo que el hombre de la bicicleta se equivocó de carril para adelantar, y en vez de tomar el contrario al de los vendedores, se metió un poco por ahí, y justo yo movía un brazo, el izquierdo. El codo se clavó sobre su hombro, el equilibrio adquirió formas inadecuadas para conducir la cicla, y el golpe fue duro contra el piso.

El tipo se levantó furioso, cuando lo hizo yo me estaba frotando la zona del brazo en donde me dolía. Sin que yo lo presintiera, se me acercó y lanzó la primera patada junto con una montaña de groserías que ascendió desde “usted es un bruto” hasta “ojalá su madrecita …”. —Fue un accidente, le dije. Noté cómo elevaba su brazo derecho para alcanzar mi cara, me alejé hacia atrás un par de pasos, e insistí con lo del accidente. —Yo voy caminando junto a los vendedores, usted viene por la ciclorruta, yo no lo veo, se estrella. Eso no es culpa de nadie.

Logré detener un par de puños con los brazos, quise lanzarle un par de puños también, pero recordé que tenía las manos inflamadas por el ácido úrico. Si por casualidad le pego con fuerza, me dolerá más a mí, y me lastimaré la zona alrededor de los nudillos. El tipo insistía en intentar golpearme. Solo se calmaba cuando levantaba la bicicleta para revisar si estaba dañada. Yo la veía bien, y algunos de las personas que se acercaron le decían lo mismo.

Cuando me dio con uno de sus puños cerca de la oreja le pregunté a un muchacho que estaba al lado mío si me veía sangre en la cara. Con un gesto negó que hubiera alguna herida. Miré a dos jóvenes que veo muchas veces recogiendo cartón y objetos reciclables de la basura. Les dije, —Les doy 50.000 a cada uno si me ayudan a cascarle a este tipo. Dieron unos pasos hacia adelante, y respondieron con un gesto de las manos indicando que el doble.

El hombre no supo de dónde salieron los golpes, pero antes de que pudiera levantar los brazos había recibido varias patadas en las piernas, y cuando caía al piso le dieron cada uno un golpe en la cara. Nadie más quiso acercarse. —Qué le pasa hermano, no entendió que fue un accidente. Mientras el hombre intentaba levantarse del piso, yo junté los billetes, me acerqué a los recicladores, les apreté la mano con un gracias de 100.000 pesos a cada uno.

Imagen de Peter Fischer en Pixabay

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