Juicios innecesarios

La señora no acepta el reclamo airado de su pareja, una mujer en la misma edad de ella. Quienes estamos en el parqueadero del gimnasio las escuchamos, su voz cae limpia ante nosotros, ningún otro ruido se produce en el lugar, y la discusión puede ser observada y oída sin esfuerzo. Mi esposa sonríe, yo en cambio he puesto mi rostro de viejo serio y siento debo tomar partido por una de las dos.

Están los hombres, ellos son la carne, y las dos somos vegetarianas, la carne no la consumimos. Están algunas mujeres hechas de la fruta, y a mí me no me gusta la fructosa, luego las que han cruzado otras etapas de la vida son como la legumbre, mucha proteína vegetal, esas me gustan, pero yo no tengo intención de hacer esfuerzos para sostener apariciones amorosas, cuestan mucho, emocionalmente cuestan mucho, y ellas lo quieren todo.

Están las que han madurado su cuerpo y están conectadas con la energía del tiempo, ellas tienen fibra, esa fibra me hace falta, sientes en ellas la fuerza que dan el hierro y el potasio. Tú y yo estamos en esa edad. Me miro a través de ti, vibro con los aromas de tu cocina y de tu cuerpo, hago alarde de tu mirada creciente para apropiarte del universo, crujen mis pensamientos haciendo eco de tus ideas.

Ahora, la señora a la que acabo de besar, ella está en la edad de los frutos secos y las semillas. Yo no tengo otro interés que acompañarla con una alegría, solo quiero comprometerme contigo, no busco a alguien más. Con ese beso ella tendrá una temporada feliz, un globo de oxitocina dentro del cual vivirá unas semanas. No le hacemos daño a nadie con eso, y ella estará contenta.

La otra mujer responde más enojada, a mí me importa, y no tienes por qué andar por ahí besando mujeres, y menos querer convencerme de que es un acto de bondad. Que esté vieja y no tenga oportunidad de encontrar compañía no es problema tuyo.

Mi esposa acaricia mi mano, me da un beso en la boca, me pide salir del lugar. El auto se desplaza lento, pasamos junto a las mujeres de la discusión, pienso que la mujer, de quien supongo cometió una infidelidad, es la menor. Son mujeres jóvenes. Doy por sentado que la mujer a quien besó es mucho mayor que las dos.

¿En qué piensas? Mi esposa hace un gesto con las cejas y se queda esperando mi respuesta. En la discusión de las dos mujeres estoy del lado de la menor, al comienzo pensaba en eso, en ponerme del lado de una de las dos como un juez moral y supervisor, pero luego en lo que me he puesto a pensar es en la edad, en que alcanzada cierta altura no hay tiempo para todo y debemos apreciar como una mayor riqueza lo poco o mucho que podamos hacer.

Recibo un gesto de desaprobación, y detrás de ello una frase de cajón. Estamos muy viejos para pensar en esas cosas, apenas si podemos lidiar con nuestros cuerpos como para pensar en esas cosas.

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