Punto, cadeneta, punto

Dormida en el sofá de mi sala pediste una manta para protegerte del frío,

y mirando adentro de la nevera encontraste en una taza una porción de gelatina.

Sentada en una de las sillas del comedor en mi apartamento esperaste por el plato de la cena a la mesa,

que dejaste tus zapatos junto a los míos para poner tus pies descalzos sobre mis piernas.

Abriste la puerta de la entrada con unas llaves cedidas para ser parte del llavero en tu cartera,

esperaste con ánimo curioso mis explicaciones sobre el origen de los cuadros colgados en la pared de la sala.

Dormiste tranquila en mi cama en noches de frío,

usaste mis pijamas para fugarte al sueño nocturno debajo de mis sábanas.

Preguntaste por el nombre de mis plantas, y como no lo tuvieron, me impulsaste a darle uno,

cruzaste por el lomo de los libros con tus manos en el cuarto de los libros.y le diste alegría con tu sonrisa a mis espejos,

supiste en donde están los interruptores para apagar y encender la luz en la habitación y la sala.

Hiciste lenta la charla mientras iba yo entre palabras entendiendo tus historias,

supiste de mis ronquidos en la madrugada y en el comienzo de la noche.

Tú, que ahora pones a prueba tu memoria, fuiste lluvia y relámpago en la tormenta de este lugar en donde habito cada día. Tú debes saber que mi silencio usa “punto, cadeneta, punto” para recordar la estatura de tu sonrisa.

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