Improntas

Hay una mujer que en el patio interior del conjunto en el que vivo trota por las tardes, un hombre, que soy yo, camina al medio día en el parque hasta veinte minutos o menos si aparece otra persona que necesite ocupar libremente el espacio, una mujer en el gimnasio del edificio de en frente está cada tarde antes de que oscurezca, yo la veo desde mi ventana, y es de ella de quien quiero hablar ahora sin mirarla, ha estado por más de media hora saltando y moviéndose, esto he visto claramente hasta que la luz del día dio paso a la noche, y lo que solía ocurrir que las luces se encendieran, no sucede, doy fe que ella sigue, es la sombra sobre la sombra. Mi abuela decía que uno iba dejando su impronta en la noche, a esto se refería, en unos meses, cuando ella ya no esté y yo no mire desde la ventana, una sombra dará paso al movimiento entre los aparatos del gimnasio, y en esta habitación otra sombra estará quieta observándola.

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