La noche no puede contenernos

R.C. ha escrito en su cuaderno de notas personales que la comida no es lo que era antes, ha perdido el sabor y la forma, ya no puede presumirse que el plato es inocente, no, ahora el plato sabe lo que sirve y se ofrece como un distinguido caprichoso al que debe rendirse pleitesía. R.C. toma la lista de canciones que mencionan en la Rockola del bar, no escoge ninguna, la llena de monedas y espera a que un desprevenido decida la música que se escuchará durante el tiempo que pagan doce dólares, una por mes, la quinta la dedicará al hombre que en su nombre lleva cinco letras. R.C. desconoce la hora y la fecha en que nació la mujer que atiende detrás de la barra en el bar, toma su celular, ingresa a una tienda virtual en donde pueden comprarse flores y enviarse a domicilio. Pide que en la tarjeta se escriba, “La noche no puede contenernos, el día nos queda corto, hay que dar pasos hacia otro tiempo“, la promesa de venta en el sitio es entregar las flores en menos de tres horas. En tres horas volverá al bar y mirará la cara de asombro de la mujer, y la del novio que es quien atiende las mesas.

Imagen de Pexels en Pixabay

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