Apagar la luz para ver otras formas

Comprendes el mecanismo de las lámparas en el lugar donde te encuentras, solo se encienden cuando perciben un movimiento, se apagan cuando no reconocen alguno. Con ese conocimiento te quedas quieto, respiras suave y largo, cierras los ojos con la expectativa de abrirlos y encontrar la oscuridad, así pasa unos minutos después, las luces dejan su protagonismo a las sombras, tú sigues sin moverte, no sabes de qué se trata todo a tu alrededor, poco a poco los objetos aprecian alguna luz, cualquiera, se excitan con ella y muestran un poco de sus formas ocultas. Cada cierto tiempo has visto una pequeña forma de globo detrás de la mesa a tres metros de donde estás, una cabeza rodando sobre la madera, de un lado a otro sin caerse, ahora sin la luz pretendes verla, y sí, ahí está, ahora la notas con precisión, no quieres saber más, solo satisfacer tu curiosidad para constatar que todavía tienes esa facilidad para acercarte a los secretos. Mueves los brazos imitando el aleteo de un ave, las luces vuelven plenas, tú también, y das los pasos hacia la salida para ir a casa como cada noche en que trabajas hasta tarde.

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