En la punta de la luna

Ella gira sobre su cuerpo y pone su rostro ante el mío, dice «Pregunta, ¿cuál es el nombre que lleva una media luna en lo alto de una de sus letras?» y respondo, “Es un nombre que empieza con una tilde, Ángela, ese es el nombre.” Ahora dice, «Siguiente pregunta, ¿quién es ella?», con los ojos cerrados, como aguantando un parpadeo le digo, “Nadie, solo un nombre para incentivar un poema.” «Mañana es luna nueva, un día me dijiste que en mi nombre se completaba la luna, ¿también fue solo para incentivar un poema?» esta vez el propósito es no cerrar los ojos, ponerlos como faros abiertos ansiosos de ser encontrados por un barco, «Te llamas Loreto, como la Virgen de los Aviadores, termina en O como una luna llena». Dos besos en la boca y uno en la mejilla derecha, se levanta, sonríe mientras camina hacia la puerta de la habitación. No recuerdo el poema en el que la luna se completa en su nombre, en cambio sí el nombre de la mujer y la luna. No es exacto el verso, esa noche me parecía perfecto, medio círculo es media luna, ahora no, nunca es un fragmento cortado por una línea recta, ◖D.

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