La prudencia de una disculpa

Uno nunca sabe cuando nuestras palabras son taladros en el oído del que escucha, uno nunca sabe cuando nuestra caricia es sentida con espinas, uno nunca sabe cuando nuestros gestos son bofetadas en el otro, uno nunca sabe cuando una afirmación o negación para el otro son la muerte, uno nunca sabe cuanto tiempo ha estado en el corazón del otro y uno ni siquiera acepta entrar a su casa, uno nunca sabe cuanto tiempo han estado esperando nuestra compañía y uno la desprecia por la pereza de dar una sonrisa. Uno nunca sabe y por lo menos debería tener la prudencia de ofrecer una disculpa al otro cuando se da cuenta de esto.

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