Lo normal hecho circo

Ella era la última mujer con una talla de brasier superior a 30, no necesitaba relleno en la tela, no había usado silicona u otro material para agrandar sus senos. Estábamos todos ante lo que los medios de comunicación habían empezad a ofrecer en sus publicaciones como un acto insólito. Asombroso, por lo idiota y lo necesario, fueron las publicaciones que siguieron a su descubrimiento, notas en páginas con millones de seguidores explicaban con detalle cómo se debía tocar todo su volumen, partían de que siendo la única experiencia de todos tocar senos pequeños, no sabrían cómo hacerlo con los grandes.
El mayor de mis amigos, un viejo aletargado en el tiempo al cual no se le podía preguntar nada porque siempre ofrecía respuestas informando que eso era normal en otro tiempo, que eso ya había pasado, que los de esta época no sabíamos nada, el mayor de mis amigos se aproximó a ella cuando la vio pasar por una calle llena de luces, sea lo que le haya dicho ella se fue riendo a carcajadas. Nosotros la vimos dar la vuelta en la esquina, hasta allí alcanzó nuestra mirada a seguirla.
Era la mujer con los senos más grandes en las metrópolis, las grandes marcas de ropa le ofrecían vestirla si los exponía en público, ella comprendiendo el juego de las fuerzas del mercado prefería el no rotundo antes que permitirse ser parte de los objetos de la publicidad, antes que ser una mercancía con precio.
El menor de mis amigos publicó en una red de alto impacto que para satisfacción de todos, siendo las redes públicas la mayor de las democracias, ella debería estar en un museo al cual pudiésemos asistir cada uno de los géneros sexuales, unos para desear, otros para envidiar, otros para asombrarse. Tuvo acogida su propuesta.
La mujer con los senos más grandes del mundo fue confinada a estar en un cuarto de cristal en el que podía ser observada por todos, y todos estaban cada instante esperando a que ella se despojara de la prenda que en talla también era la mayor en muchos años de historia, asunto que sucedía, pero que ella hacía usando artimañas para no ser vista desnuda.
El mayor de mis amigos le había advertido, ahora como pieza de museo no reía a carcajadas por el apunte de mi amigo, lo hacía por la tontería de sus congéneres.

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