Tus lugares favoritos, la música, el bar

El adagio popular enumera tres cosas para hacer en la vida, tener un hijo, escribir un libro, y sembrar un árbol, ahora que estoy en uno de los bares a donde asisto para escuchar música en vivo pienso en poner una condición parecida a la del adagio mencionado. Cada uno debe apropiarse de un lugar favorito para los libros, uno para el café, otro para la música y uno más para la comida.

De los bares a la música hay una distancia importante, el lugar es una cosa muy diferente a lo que interpretan los instrumentos. En este bar, la música y el lugar tienen suficiente cadencia y danzan entre ellos como para ponerlo en el primer lugar de mis bares preferidos, ah, ¡que no lo dije!, en el capital adquirido en la vida es urgente y necesario sumar uno nombrado con el título de favorito, y este es el mío.

Escuchar música en vivo debería ser un derecho universal cuya frecuencia nunca podría ser menor de una vez por semana. El otro día leí en un ensayo sobre la riqueza que el propósito de adquirir fortuna debe ser tener más tiempo para el ocio, y cuánta dicha daría poder usar el ocio para disfrutar del talento de quienes convierten la vida en notas musicales y canto.

Tocan los habituales de siempre, hacen sonar sus instrumentos, el movimiento es aéreo e invisible, la música hace recordar que somos aquello para lo que el azar nos necesita, y esta noche son necesarias las canciones, la voz del cantante adelgazando la noche, las maneras de los músicos para estrujar las piezas y ponerle nombre a sus acentos con el título de la canción.

Mi bar favorito, dan de comer, de beber, de conversar y de escuchar, además son amables los que hacen el servicio a las mesas, los que atienden detrás de la barra y se ofrecen sin excusa para ser psicólogos de trago.

Iba a uno en el centro de la ciudad, por la diecinueve con cuarta, en el segundo piso, su nombre es La Galería 419, también había música en vivo, podía escribir mientras veía desde la barra a los que como yo iban a romper el horizonte interno. Ahora vengo a este, cerca de mi casa, el de la 19 quedaba cerca de la oficina, aquí la música es de sábados y viernes, y yo caigo igual que las nubes, paso para seguir siendo agua, pero en otro estado. (Bar Joshua, Centro Comercial Diverplaza)

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