Territorios perdidos 

​¿Y uno cómo sabe eso?  Así continuaba la conversación con mis hermanos cuando les contaba que había salido el sábado con una mujer muy atractiva, bastante cercana a mis maneras de hablar del mundo, les decía, eso hizo que la conversación se extendiera, tanto como para permitir un número mayor de copas a las acostumbradas en cada uno, un tanto ebrios, cada uno con sus propios gustos decidimos tomarnos por asalto su apartamento, eso dijimos, la verdad es que energías nos quedaban pocas, solo estábamos escogiendo en cuál apartamento quedarnos, el de ella o el mío, el mío se quedaría vació. Al de ella llegamos, recordé a sus amigos caninos, según me había dicho dos perros amorosos la acompañaban cada día de su vida.
Todos los animales masculinos marcan el territorio, es una manera de decir muchas cosas cuando se trata de humanos, con los perros es simple, ellos escogen un espacio y deciden no permitir que otros machos lo atraviesen.
Ella no dejó que le zafara la ropa apenas atravesamos la puerta, me dijo, para besarnos están las puertas y las salas, para el amor la cama y otros lugares de la casa, se desprendió de la prisa de mis brazos, y los perros aparecieron para saludarla, de hecho, no recuerdo qué fue primero, los besos o los perros, sea cual fuera, ella se perdió con los canes, debió darles comida, y cosas que no sé al no haber compartido con ellos. 
Sonrió mientras pasaba a su cuarto, la seguí, continuó con el rostro en el mismo acento con el cual nos habíamos besado en el bar, no la alcancé, cuando entré a su cuarto, estaba en medio de los perros, o los perros se habían acomodado junto a ella. Estaban quietos, amistoso, parecían solo tener intención para el sueño, yo los vi, valoré todos los riesgos, me enfundé en una frágil, pero entusiasta promesa de descubrir en esa mujer a la mujer que busca uno toda la vida, y fue entonces, sí, en el instante en que yo ponía la rodilla en la cama, ellos ladraron, yo vi sus bocas abiertas y antes de que pudiera dar explicación alguna, estaba cerrando la puerta de su casa para irme a la mía.

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