Madrugadas perdidas 

​Estábamos demasiado borrachos para querer aceptar responsabilidad alguna, nos habíamos dicho suficientes verdades para confiarnos una noche juntos, ella aceptó ir a mi apartamento y quedarse en mi cama.  Con las primeras luces de neón apagadas en la calle empezó a timbrar el celular, primero no lo escuchó, yo tampocó, luego se despertó y supo que estaba más dormido que ella.  No recordaba mi nombre, no sabía en donde estábamos.  Mi teléfono sonó una y otra vez más, una y otra persona diferente, ella intentó despertarme sin lograrlo, y decidió contestar si era el nombre de un hombre quien llamaba.  La siguiente vez que sonó, era mi hermano, entonces ella dijo, aló, y mi hermano preguntó por mi nombre, entonces sin hacerle gracia alguna le respondió, creo que es quien está durmiendo conmigo, parece que estoy en su casa, pero, la verdad es que no sé cómo llegamos acá la noche anterior.

El menor de mis hermanos le habló indicándole algunos lugares del apartamento, eso le dio confianza, supo dónde estábamos y ahora, le pedía mi hermano, debía despertarme para decirme que de la oficina me estaban buscando para un asunto en que eran importantes mis opiniones.

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