No era gordo según recuerdo una imagen propia de mi infancia, había cumplido cinco años y el sarampión se llevó los kilos que podrían ser adicionales a la masa corporal propia de mi edad, desde entonces he conservado la delgadez sin esfuerzo alguno. No, no podría decir cuánto peso en este momento o mi estatura, son números que no he tenido que aprenderme, las personas no están preguntando eso todo el tiempo, solo los médicos tienen esa costumbre, incluso no preguntan si no que utilizan sus propias máquinas para pesar y medir, así saben con exactitud la respuesta a la pregunta.

No soy alto, eso es definitivo, mi novia tampoco lo es, ella es, digamos, cinco centímetros más baja, o menos alta que es lo mismo, a mí me gusta su estatura, sobre todo cuando la abrazo porque ella mete sus brazos debajo de los míos, algo hay en el roce producido que limita toda mi experiencia a ese instante, y luego pone la mirada a extenderse hacia mis ojos y yo siento un desprendimiento visual, todos los elementos observados caen sobre ella. Ella debe ser mayor, en edad, por supuesto no me importa, eso no tiene importancia, quizá unos tres o cuatro años, nunca me he ocupado en preguntarle.

Cuando se duerme en mi cama y descuelga la noche para abrigarse con ella, me quedo escuchándole el sonido del reloj en el corazón, en ese baile del tiempo haciendo uso del sonido en su pecho he sentido a sus pasos adelante de los míos, a eso me refiero cuando creo ser menor. Tener menos tiempo apareciendo corpóreo en la tierra no lo hace más joven o menos viejo, no es ese el número para medirnos. A veces me duelen los hombros, es por somatizar mi desconexión con el trabajo, eso dice ella, empieza con unos masajes cortos en la espalda baja y luego sube hasta llegar al cuello, al momento de tocar los hombros empieza a decirme, te duelen porque crees que todo está colgándose de ti, el masaje continúa y el dolor desaparece cuando cambia el masaje por besos en la cara.

Está por llegar, aún no tiene llaves del apartamento, es muy puntual, lo de las llaves es porque me ha dicho que las pierde con facilidad, además estoy siempre en casa los fines de semana cuando ella viene. En el espejo esta mañana noté la delgadez de mi cuerpo y pensé en aquello de que el acero sin ser grueso es fuerte, de mí no sé si decir eso, jamás me he enfrentado a alguien en una pelea o he tenido que atravesarme con rudeza a algo en la vida. He sido afortunado, la vida he podido llevarla tranquila. A mí me gustaría que viniera entre semana, en la madrugada antes de prepararme para el trabajo me gustaría poder verla y conversarle de los sueños, así tuviese que inventarlos.

Hemos ido adquiriendo una confianza importante, una conexión fuerte y, bueno, quizá no se diga así, unas emociones sinceras, yo la verdad no creo sea correcto ponerles ese adjetivo a las emociones, es más para las personas, pero pues ya lo hice. El asunto de los condones lo hemos discutido, a mí me gustaría dejar de usarlos, hay suficiente confianza entre los dos, ella podría utilizar un método de planificación familiar, lo de las enfermedades de transmisión sexual ya lo resolvimos, el otro día ambos nos hicimos los exámenes y salieron negativos. Está sonando el citófono, es definitivo, es ella.

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