Mujer en estado de gracia

Ella sufre de una gripa incurable, tose cada rato y estornuda ante cualquier indicación de frío o de aire impuro, ya está visto que todo ha sido contaminado y ella entonces estornuda como si de respirar se tratara. Aclaro, lo de la gripa es una alegoría, ella escribe versos impulsados por su fuerza pulmonar y su capacidad torácica, puestos en el aire como escupiendo, agradece con un gruñido un endecasílabo y no le importa olvidarse de la métrica al primer intento. El aire como algunas personas está podrido, aunque parezca transparente, muchas partículas que vienen con él nos envenenan, y ella le escribe a eso, a la tragedia diaria de quienes deben hablar con unos y otros sabiendo que cualquier contacto con ellos los aproxima a la muerte.

Ella trae un libro diferente cada día, no le importa leerlo o no hacerlo, esa no es la cuestión, se trata de estar preparada para el fin del mundo, en caso de que sea cierta cualquier profesía que se cumpla y se acabe la existencia, dice ella, abrirá su libro y siendo ella el caos, ese mundo aparecerá para formarnos a todos dentro, odia la cursilería del mismo modo en que ama la cursilería, según le he entendido, son gajes del oficio de lectora, una prueba más de que en su espalda como hay una mancha que se llama por costumbre lunar, hay otra que es una erupción en la piel llamada espinilla.

Ella habla varios idiomas al mismo tiempo, el sarcasmo y la ironía son parte de ellos, una mueca le es suficiente para desprenderse del fastidio intelectual con el que se le acercan algunos, sí, que no son idiomas, pero es casi lo mismo, para entenderla hay que haber aprendido de sus gestos y maneras de usar una cosa para decir lo contrario. Ella escucha música para poder recibir lo mejor del mundo, y también para lo contrario, para no escuchar al mundo, en este instante pone sus manos tapando sus orejas, escucha una canción de Pink Floyd desde el fondo de una piscina a la cual se conectó por su imaginación en el instante previo

Ella tiene un sello seco, lo usa en las librerías, abre los libros, busca la hoja en la que el número de página corresponda con el día de su nacimiento, 24, da uso al sello, deja marcado el libro, se va sin mirar otra cosa que la puerta de salida. Dice ella misma, que las puertas son seres con una magia superior a la de los espejos, son para entrar y para salir, el mismo objeto permite realizar dos acciones que por definición son antónimas. De las librerías ha aprendido que, si los ángeles existen, los libros son la mejor versión de ellos, porque quizá ese dios que los crea y al cual le obedecen, los tiene en una gran estantería, cuando alguien los necesita los extrae y envía a hacer lo que él quiere, así los libros, cuando uno más los necesitan aparecen para que no encuentre en ellos la manera de ganarle a la vida una partida.

Ella tiene un diccionario como su libro de cabecera, cada mañana lee al azar algunas palabras y pone en ellas el valor de la profecía, como un oráculo al que interpreta y según la interpretación actúa, hoy por ejemplo encontró la palabra “greña”, como es de suponer salió con el cabello de esa manera.

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