Pongamos un nombre al día

Pongamos un nombre al día, el de un amor, de uno por el cual no tengamos otra expectativa que haberlo olvidado por completo, pongámosle ese nombre para que el día traiga su luz, no digo su oscuridad porque en este contexto luz y oscuridad son lo mismo. Volvamos al comienzo, pongamos al día el nombre de un amor, por ejemplo, yo pondré al mío María, y cuando llegue la noche será ella con quien he recorrido las horas.

El cuerpo está hecho de números pares e impares, impares los dedos si solo sumas los de una mano, y si pones las dos son pares los dedos de las manos. No es ninguna sabiduría hablar de esto, no hay descubrimiento en ello, solo quiero que enumeres para que presientas que en algún momento un número se parecerá al de mi número telefónico que no te sabes.

Todo se hace por única vez, siempre es la primera vez, de eso se trata la vida, no de repetirla, se trata de que todo sea nuevo cada vez.

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