Enojos serenos

Con el tiempo he dejado a un lado la conversación que habla de lo íntimo, del dolor interno y de las búsquedas perdidas, del amor olvidado que se niega incluso a la última esperanza. He pasado a hablar de lo prudente, de la compostura social y de lo que puede caber en palabras cordiales. He perdido el hábito de la queja completa, de la resignación que se comenta con ardor poético o con furia. La fuga indiscriminada de quejas, la que antes iba en primera persona recorriendo la boca tras cada palabra se ha ido.

Demasiado esfuerzo para poner una súplica en el oído del otro y ser escuchado en concordancia con la fatiga del corazón, no, ningún esfuerzo, todo se deja así, si no es la apariencia la que se expone como dicta el canon de las buenas costumbres, es la recomendación de quien cita a los oradores de la meditación la que se sigue. No hay una hora para aceptar la crisis, son todas las horas, no hay un minuto para componer la mirada serena, son todos los minutos, a cosas así se les hace caso. “Demasiado” es una palabra de la que no puedo abordar la extensión completa de su significado, voy a cambiar la oración para darle ahora otra textura, no quiero hacer esfuerzos para poner una súplica en el oído de los otros.

Todo está bien mientras se acepten la posición del sol, la rotación de la tierra, el hecho de ser uno más en la naturaleza, la consabida verdad de que con respecto al tamaño del universo somos polvo cósmico, así estoy, pero también se lee de los libros y se ha repetido en la oralidad, somos uno con el universo, también somos el todo y nuestros pensamientos e ideas, nuestras obras son del tamaño de toda la creación.

Dicho lo anterior, y agradeciendo la sonrisa con la que lo he escrito, continúo, una parte de mí, en un espejo interno refleja la furia y el descontento con el cual acepto ciertos eventos, en cambio en el otro lado del mismo objeto aprecio con agrado cada instante del que puedo presumir porque estoy vivo, hago la balanza entre uno y otro, entonces me digo, para ocuparme de lo importante dejaré de ceder el tiempo a lo inútil, sí, pondré esos momentos en la biblioteca de las cosas inútiles, ahí van esta furia, este enojo, esta indisposición producida por la displicencia de algunos, por mi inacción y desatención a lo importante, porque me espantaba al pensar que pudiera someterme.

Es el tiempo de la cosecha, siempre es tiempo de cosecha, y si alguna duda tuviera sobre eso pienso en el oxígeno que es producido en cada instante para que la respiración lleve ese alimento a mi cuerpo sin que yo lo note, pienso en la luz producida por el sol que en su generosidad me entrega de su fuego una luz cada ocho segundos, luz y oxígeno, una cosecha que no es un fruto de algo sembrado por mis manos. Mucho por decir queda si menciono los sentidos, todos atentos a cada movimiento, aromas, colores y formas, sabores, caricias y sensaciones, sonidos y música y palabras y narraciones.

Dejo fuera el enojo sin haber expuesto en modo alguno el origen de mi queja.

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