Silencio

El silencio produce el abono necesario cuando lo que debe florecer en nosotros parece haber perdido fuerza. También están hechos de silencio la música y la lectura, su propósito es llevarnos a donde solo puede estar un mismo, ponernos en un diálogo en el que somos el que escucha y el que habla.

Callado, estoy callado porque dentro una conversación está pidiendo mis palabras, así podría decirse que he querido estar este fin de semana, y los días anteriores y los que antecedieron a esta semana. Puedo usar esta comparación, soy como una casa y me la he pasado en la cocina viendo de qué están hechos los ingredientes de mi comida, sin preparar para expresar con aromas o sabores, solo ahí hurgando entre las cosas para saber de qué está hecha mi comida. Claro, la comida es lo que escribo, lo que digo y lo que también entre líneas callo.

Quizá no es la mejor de las metáforas la utilizada en el párrafo anterior, es a la que tuve acceso ahora mientras escribo, no voy a cambiarla para prevenir que mueva las palabras y después ellas digan otra cosa. Ayuno de palabras, de hablar por hablar, esta tarde apenas si he dicho tres o cuatro cosas, en la mañana también fue reducido el uso la lengua.

Preparé café hace un rato, la taza está como yo, relajada después de haberse vaciado del líquido, bueno, yo no tan vacío como ella, a la taza solo mi mirada la llena. Eso es, las miradas de los otros me llenan, ponen a funcionar mis prejuicios, mis temores, mis expectativas. Interpreto a los que me miran, a los que me dicen una y otra cosa, luego soy yo el que formo peñascos y cumbres nevadas, arenas movedizas y bosques oscuros. Para liberarme de esas interpretaciones es que me quedo en silencio, para no escribir y apegarme a mis prejuicios o deseos.

He puesto un poco de música, sí, la música como escribí antes es parte de mi silencio. El cantante dice, “coincidir”, es una bonita palabra, y eso, coincidir el tono mental con el tono de la melodía. Compré una planta, una orquídea de flores color blanco, está sobre la mesa del comedor, no me mira, ella no tiene ojos para entrometerse en mí, ella es más sabia, solo está para ser ella misma sin importar si la estoy observando.

Ser yo mismo, eso debe haber sido escrito por millones, y también la duda de quién soy. No estoy indagando por eso, solo estoy usando esas palabras como escalón para seguir aquí interrumpiendo la página en blanco y poniendo en ella mis palabras, las mías que están hechas del silencio con el cual he alimentado durante los últimos días. Creo en el poder de la palabra, en que los demás nos dan fuerza cuando pronuncian nuestro nombre, cuando lo hacen con cariño o ternura, cuando también lo expresan con furia, algo ha de pasar con las energías del universo cuando nuestro nombre aparece en la boca o los pensamientos de los otros. Por ejemplo, ahora digo con cariño el tuyo para terminar estas palabras.

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