Recuerdos clínicos

El anciano llegó a la cafetería, pidió un café descafeinado y sin azúcar, no pudo pagarlo, en sus bolsillos no tenía efectivo, tampoco en su billetera. Yo le hice un gesto a la mujer de la caja, yo pagaría, ella le dijo al señor, me paga luego. Frente a la caja, pagué lo del anciano, pedí para mí un café endulzado con panela y adicioné una torta de naranja al pedido.

Fui a una mesa, esperé a que mi nombre surgiera como una cometa sobre el aire, antes que mi nombre pronunciado por la muchacha del café apareció el señor, se acercó a mi mesa, me dijo, nos hemos visto otro día, claro, lo conozco. Lo invité a sentarse, él ya traía el café en la mano, nos reímos, sí, hacía varios años que compartimos el mismo café, no la mesa, pero fuimos visitantes asiduos y al vernos nos saludamos como amigos.

La conversación empezó sobre él, me contó acerca de una enfermedad que lo había afectado el último semestre, un ataque de trombosis, algo difícil, de hecho él mismo se sorprendió de la recuperación tan rápida que había tenido. Claro, me habló de la memoria perdida, me dijo, sé que muchas cosas me ocurrieron en la vida y no las recuerdo, a veces pienso en eso, en todo lo que he perdido y no siento que me hagan falta, ya soy lo que soy, mis recuerdos no son necesarios, me he formado de ellos y sin recordarlos sigo siendo el mismo.

Yo le pregunté por el padecimiento clínico, me fue narrando las pocas cosas que recordaba, fue diciendo una y otra cosa acerca de la clínica y sus habitantes. Yo fui hasta la barra a pedir otro café, cuando volví él se estaba levantando de la mesa, me dijo, tengo que irme, ahora me llega el cansancio con mayor frecuencia, eso sí, hace unos segundos recordé que una de las enfermeras me habló de ti, sí, de ti, fue muy extraño, ella me pedía hablar sobre mis lugares frecuentes, entonces le hablé del café, y cuando dije que tú eras el del periódico, el de los libros de poemas, el de mirada perdida a través de la ventana.

El hombre siguió hablando, y de pronto ella me pidió describirlo, lo hice, fue extraño lograrlo, ella me dijo su nombre antes de que yo se lo hubiese dicho. Varios días después cuando estuve lúcido nuevamente, ella insistió en preguntarme por ti, le hablé, y me dijo su nombre, yo no había pensado en preguntarlo, me dijo soy María, él me amó y yo a él, lo dejé porque no era bueno con las decisiones, tardaba en decidirse.

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