Sorpresas en la basura

El compromiso era estar a las cinco de la tarde, ella llevaba las entradas para teatro, las habían comprado días antes, asistirían a la función de las seis, tendrían una hora para tomar café y conversar sobre los asuntos importantes de cada uno. Las entradas no estaban donde creyó haberlas dejado, tampoco en los cajones de la mesa de noche, no los halló entre las hojas de los libros que estaba leyendo, no estaban en los lugares habituales.

Un poco de desespero le fue pesando en el cuerpo, no acostumbraba a llegar tarde, el tiempo se acortaba y las entradas no aparecían. Pensó en la cocina, buscó una y otra vez entre cuchillos y cucharas, tampoco fue efectiva la búsqueda. Se le ocurrió que en la cesta de la basura, pudo haberlas tirado por descuido mientras organizaba alguna cosa. La búsqueda funcionó, por extraño que a ella le pareciera las encontró en la cesta de la basura de la cocina, en medio de dos cupones de descuento de un restaurante cercano.

La vergüenza consigo misma y su acostumbrado orden la sorprendió, se enojó un poco y se regañó a si misma, luego sonrió pero su sonrisa fue atrapada por un rostro lleno de seriedad y asombro, en la misma cesta habían cuatro condones usados, el mismo número de días que lleva sin sacar la basura.

Vive sola, no ha recibido visitas los últimos dos meses, hace más de un año no tiene sexo. Las dudas se confunden con el afán, hace un nudo en la bolsa y decide tirar la basura, luego toma el bolso, asegura llevar el móvil, las entradas para teatro, las llaves, cierra la puerta, y sale con muchas dudas a las cuales encontrarles la respuesta.

No habló con su amiga sobre esto, la conversación giró alrededor del trabajo y de amigos que iban recordando. La obra de teatro la entretuvo, olvidó por una hora el momento de enojo, al salir, fueron por otro café, hablaron más con su amiga hasta que le pareció que era tarde para todo, incluso para estar en la mesa con su amiga, así, se despidieron y volvió a casa.

Puso una bolsa nueva en la cesta de la basura, la dejó en el mismo lugar, se fue a la cama, oró un poco, se levantó de la cama, optó por poner seguro a la puerta, se aseguró de que las ventanas estaban cerradas, dio una vuelta y otra para sentirse tranquila, apagó las luces, estuvo casi una hora en silencio escuchando los ruidos, esperando un evento extraño. El sueño fue superior a ella. Tuvo sueños que la despertaban pero en la mañana no recordó ninguno.

Vigiló la cocina diariamente, se llenó de enojo dos semanas después cuando descubrió en la misma cesta dos condones, la primera vez los tiró por la ventana de la cocina, le gustaba dejarla abierta, así el evento se repitió por unos meses. Después de un par de meses observó, una noche de luna, que un joven tiraba desde unos pisos arriba del suyo los condones hacia la ventana de su casa.

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