Diarios Innecesarios XLVI

Apartó de su mirada el reloj despertador dando vuelta a su cuerpo hacia el otro lado de la cama y pensó en los que fuman cigarrillos debajo de la cobija con la idea de asfixiarse.  No fuma y no considera necesario el suicidio, por lo menos no esta noche en la que hace frío.  Pone sus pies helados sobre las piernas tibias, se frota las manos y cubre la cabeza.  Pronto empieza a sentir el cuerpo más caliente y la desazón que lo llevó a la cama tan temprano vuelve a ocuparle los pensamientos.  Es sábado, tiene turno el domingo, todo el día, su novia estará sin él.  Es innecesaria toda preocupación pero él no puede evitar temer por la infidelidad, una inseguridad de muerte se le clava en los pensamientos y no puede evitar pensar mal de todo.

El sueño le llega, se duerme y sueña, teme a los sueños más que a la infidelidad de su novia, no quiere estar despierto para evitar esos pensamientos que lo hacen sentir débil y dependiente, no quiere dormirse porque sus sueños lo lastiman.  Duerme, sueña sin que las preocupaciones le den oportunidad de esquivar las pesadillas.  Despierta sudoroso, tiene fiebre, no hay agua en la mesa de noche, se levanta, en la cocina usa un vaso de color azul que su novia llevó unos días antes cuando fue a visitarlo.  Abre la llave y llena el vaso, el agua le hace bien, se toma otro vaso, antes de volver a la cama pasa al baño, orina tratando de no hacer ruido, cuando vuelve a la cama ve la hora, le quedan apenas cinco minutos para levantarse y prepararse para ir al trabajo.

No vuelve a la cama, busca los zapatos, los toca por dentro, están fríos, el clima de la noche vive dentro de ellos.  Vuelve al baño, se mete a la ducha, mientras se cepillaba los dientes el despertador timbra, camina descalzo y lo apaga, termina de cepillarse sentado en la cama, se limpia con la cobija, pasa nuevamente frente al espejo, se afeita, tiene unos minutos más antes de tener que salir, mira su rostro con el propósito de reconocerse en otros que puedan parecerse a él.  Se viste, repite los boxer del día anterior, se pone unos pantalones que no ha lavado hace dos semanas.

El celular suena, un mensaje, su novia le desea buen día, dice además que pasará al medio día al café en que trabaja para saludarlo.  Eso lo tranquiliza, ella pasará un rato con él y quizá lo espere hasta la hora de salida.  Contesta con un mensaje dando gracias y deseando feliz día.  Va a la cocina, en el mismo vaso azul pone jugo de naranja artificial y toma una galleta de una bolsa.  Se pone un saco y sale a la calle.

Toma la ruta que más cerca lo deja del centro comercial en donde está su trabajo, logra sentarse en una silla junto a la ventana.  El trayecto no se hace en menos de hora y veinte minutos.  A los cinco minutos de estar sentado se queda dormido.  Una mujer vieja y delgada se hace a su lado y sin que él pueda darse cuenta le acaricia las piernas, llega hasta cerca de sus genitales, no los toca, se recuesta sobre él como si quisiera que él abriera los brazos para desnudarla.  Despierta y no sabe lo ocurrido, está cerca de llegar a la estación en donde debe bajarse.  Se ajusta la ropa y pasa la mano por su cabello para ordenarlo.  La mujer sigue a su lado, él no la ve, ni siquiera se fija en ella cuando pasa a su lado al levantarse de su silla.

Desde la estación camina seis calles y llega al centro comercial. No es de los primeros en llegar, lo saludan los guardias de seguridad y otro joven que trabaja en un almacén de venta de calzado.  Llega al café, empieza a organizar las sillas y a encender las máquinas que preparan el café.  Son veinte minutos en el proceso de preparar todo para poder atender a los clientes, algunos han pasado y les pidió esperarlo unos minutos mientras todo está listo.

Los primeros en llegar son una familia que viene a la celebración religiosa que hacen en el lugar, le sonríen, es sincera la sonrisa, prepara el pedido, no debe llevarlo a la silla pero con esta familia le gusta hacerlo, casi siempre son sus primeros clientes el domingo.  Luego llegan otras personas, el pedido es muy parecido, casi pasa una hora desde que llegó y empieza a temer creyendo en el presagio de los sueños.  Me ve venir, yo soy el cliente que llega con el periódico en la mano, pide un café mediano, se sienta en la mesa y está leyendo por un par de horas mientras se toma dos tazas de café.

Él sueña conmigo, cada cierto número de noches me ve llegar, le digo, voy a fugarme con tu novia, y saco una pistola de dentro del periódico, le disparo y me marcho.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s