Espejo noche

En un instante cortado con el filo de una pestaña la serenidad desaparece y una sensación de miedo sin origen se precipita en mí como si alguien abriera mi corazón y lo expusiera frágil a los elementos de trabajo de un carnicero. Todo lo nombrado e innombrable se convierte en punta de flecha o aire envenenado, así, como granizada de temores cada movimiento entre sístole y diástole llega acompañado del temor por la tragedia.

La noche se planta delante de mi boca y las pocas palabras que se atreven son oscuras de nombre, de acento quebrado y sin aliento.  La noche cubre el espejo reflejando mi rostro sin el color innato, color de tinta pálida, líneas tiradas con desgano dando forma a una cara que no me reconozco. Dentro, un bisturí sin filo cruza de pulmón a pulmón, sentencia al tatuaje frío las heridas olvidadas, desaprendidas, trae todo de nuevo y lo vuelvo acero vivo.  La noche abre espacio para la luz en el espejo, refleja el fuego pretérito lleno de surcos abiertos por dolores antiguos.

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