Cosas que uno dice iy

 

Yo no quiero decirlo. Tú no quieres oirlo. La perfección. El silencio.

En tus ojos reside el otoño. Arriba, equinoccios, abajo, solsticios, en medio la cosecha.

No sé si lo sabes, en cada orgasmo morimos y renacemos, es una especie de placentera vida eterna. Yo la quería contigo

Yo le pedí una foto de su cuerpo desnudo. Ella me envió muchas, miles de fotos de su cuerpo desnudo, en cada una de ellas solo podía verse un centímetro cuadrado de su piel. Una nota con la última foto decía, si quieres mi cuerpo desnudo, debes agudizar tu olfato y reconocer que soy todas las frutas, agudizar tu oído y saber que que congrego todas las voces, abrir tu mente y comprender que mi desnudez solo importa al amor que me concedes.

Espontánea y sustancial. He aquí dos palabra que en ti encontraba. Ya no existen. La culpa es mía. La esencia de esas palabras es ser observar, percibir, apropiar, sentir, y estos verbos ya no los conjugo contigo.

Entonces, serenamente me despedí sin que ella supiera de mi capacidad de ver su belleza plena.

Me dijo, solo tomé unas pequeñas vacaciones de la fidelidad que tú esperas. Le dije, no hay opción, tu universo es más amplio que el mío, está bien lo que haces, solo debes saber que en mi mundo las opciones son de un solo uso.

Ahora lo sé, te alimentas de asfalto y tu voz cubre mis esperanzas de llanuras. El metal se sirve en tu plato diario y con él me hablas con espadas y puntas de lanza.

Hay quienes aman más su sombra que a ellos mismos, han sujetado todos sus actos al movimiento involuntario de la voz vacía que los oye. Creen en el peso de su sombra, en su amplitud, a ella le condenan a la maldad de sus actos, todo es su sombra, como si de fábulas quisieran, a ellas las hacen culpables del poder que ellos tienen.

Me gustas cuando vienes feliz con tu rostro de bosques y lo aprecio con todo el amor al que tengo acceso. No se apreciar tu rostro tatuado porque quiebras las líneas y el canto de la tierra, la voz de los días y el silencio nocturno. Me gustas cuando la tierra y los días y la noche y las horas se reflejan en tus ojos nocturnos y tu boca de frutas y tu rostro de trigos.

De esas veces en que noté tu displicencia hasta para el abandono, ibas y venías sin querer ser notada, ibas, ibas con toda intención de marcharte pero no tenías intención de despedirte

De esas veces en que deja de ser extraño que mis amigos no pregunten por ti.

¿Acaso una excusa mejor para besarte que tu boca negando mi nombre?

Mi mamá llama y dice, naciste solo una vez, lo sé porque soy tu madre. Ahora, otras mujeres te verán nacer de otras maneras, nacer para el sexo, nacer de la rutina, nacer y estar oculto para el beso prohibido, nacer de miedo y nacer para la huída. Para no seguir, ninguna de ellas soy yo, tu madre, a ellas debes verlas como son, novia, amiga, amante, ajena, deseada, y no esperar a que te traten como yo, como si fueras un niño de biberón y llanto que a toda hora es una madre la que espera.

Estoy en absoluto silencio, a lo que el maestro le pregunta, alcanzas a escuchar el latido de tu corazón, responde con una negación, el maestro le dice, entonces no hay suficiente silencio, solo cuando todo en ti se calle llegará el silencio total.

Igual que el ruido blanco, mis ansiedades todas encuentran saciedad en ti, aun así, tu lucidez vertical no conecta con tus horizontales dudas, así es imposible el encuentro.

Su boca está endulzada en metales líquidos y en hilos de delgadez asesina.

La hamaca en la que vagan mis ojos es una tristeza imposible de evitar.

No te preocupes, en este nivel de locura aun no soy peligroso.

Bastante curioso que mis amigos preparan su declaración de renta mientras yo no completó aun mi declaración de penas.

Una lengua antigua, elegida por antiguos monarcas del idioma crece en tu boca, su primera prueba será besar la sombra detrás del espejo, luego, atravesar el ojo y encontrar la aguja en la pupila.

Hay mujeres hermosas que logran mi sonrisa plena con palabras tan técnicas como ofrecer hacer un circuito eléctrico por mí. He ahí la belleza poética que yo no logro con mis palabras.

Ella le dijo, todo lo que empieza tiene un final, y lo nuestro puede verse empezó en este punto y este es su punto final.

No pretendas domesticar la sombra cuando no reconoces tus propios movimientos

No compares tu reloj de arena con mi reloj de agua. El tuyo cuenta granos de miserable simpleza, el mío evapora y condensa, fluye serenamente y reposa tormentas.

Te seré infiel cada noche. Dormiré contigo aunque no seas sueño ni compañía.

En el tablero siempre hay una reina para proteger y una para desear. Sólo una de ellas es la tuya.

Inaudible e invisible, la lluvia escribe en el asfalto, la pared y los vidrios, sus escritos, inadvertidos, narran el día que viene, la noche que pasó. Su sabiduría no llega a los autistas que lloran bajo el paraguas.

Los muchachos llegan con la abuela, se sientan con ella unos minutos, la acompañan a tomarse el café y después se van a la zona de juegos. Cada diez minutos vienen a preguntarle si ya empezó la misa. Ella les responde una y otra cosa, ellos se van a nuevamente a los juegos.

Su almohada y la sábana han sido testigos de las nupcias que en secreto ha tenido. Matrimonios autistas que solo ella ha conocido.

En algún lugar de la casa una lavadora absuelve a la ropa del mugre recibido en su jornada laboral. Una camisa trabaja un día, entre doce y catorce horas, luego descansa el resto de la semana. La camisa acepta sin rechinar de ojales su condena y se somete a las vueltas que le infringe la lavadora. Agua, detergente, algún producto adicional y más vueltas hasta que sale sin posibilidad de reclamo.

En sus pezones tiene la punta de la lengua.

Ella le pregunta ¿Por qué tanto silencio? Él le responde, tú eres la palabra y no estás.

Aun cargo el vacío nocturno en los zapatos. Traigo tu sueño esperando a dormitar con el mío. Bostezo lunas.

Mi amigo dice, vio ese escote, unos segundos después le digo, qué dices? Es que no te puse atención.

Ellos dijeron en coro, el único lugar común que debemos permitirnos es la sombra entre nuestras piernas.

Él le dijo, perdone usted pero su escote y periferias son un lugar de abstemio deseo. Ella le respondió, es que usted solo tiene una boca de dientes que sólo conoce el hambre del estómago.

Con mi boca de cobre me quedo esperando a que mi voz llegue a tu boca auditiva.

Ella me dijo, un lugar en mí se abre en pétalos sin polen y es condescendiente con tu pasión por la apicultura.

En la E de tu nombre un beso muere fénixmente

En el auto, a unas cuadras del motel, me dijo, ya no tenemos deudas, los orgasmos pendientes han sido ofrecidos y entregados.

Ella puso sus pies junto a los míos, aproximó la boca a mi craneal izquierdo, una de sus manos descansó sobre mi brazo del mismo lado y la otra alcanzó mi hombro. Dio un paso al frente sabiendo que no tendría una medida completa porque su piel se juntaría a la mía antes de terminar de bajar el pie al piso. Alguna canción se repetía sin que fuese escuchada, lleno de ríos fui cercándola, llena de murmullos fue llenándose.

Llueve tímidamente como si la lluvia temiera al frío.

Quiero vivir en ti, y saber que me buscas con tus manos cuando el agua herida se desboca en tu cuerpo.

Tenemos un amor de nada, por eso nos cuesta tanto asirnos brevemente.

Lo bueno sería que esté solo, lo verdaderamente malo es que está mal acompañado.

Nos enamoramos de manera involuntaria y de ese mismo modo nos separamos.

Preguntas, ¿Ya duermes? Y yo prometo mentirte diciendo que he estado dormido desde hace rato, sé que no es cierto, he estado pensando en tu boca de vocales, en tus labios delgados de consonantes jugosas y en tu sonrisa de universos verbales. Aun así digo, no, luego pregunto, ¿Y tú? Entonces tú te quedas callada y vuelvo a creer que una parte de ti me busca en secreto mientras tú me ocultas igual. Al final solo digo, te dormiste otra vez.

Quiero que traigas un lugar en tu pecho para fugarme contigo.

Me dijo, no quiero salir ilesa de ti, para volver a ti a que me sanes.

Le dijo, reserva un espacio para mí en tu mesa, por qué? Yo soy quien lleva el veneno. Todos se sentaron y la afilada espada verbal le fue quebrando el silencio interno.

Di mi nombre, condensa en esa palabra toda la belleza que de mí percibes.

Quienes se refugian en la insignificancia hacen trueque y ganan una protección que le impide al resto del mundo tocarlos.

Ella dijo, soy de risa fácil y de orgasmo ligero. Me la paso bien.

Sospecho de mis dudas, por eso tengo certezas contigo. Y viceversa.

De esas veces en que siento los ojos de agua y las manos de humo.

Le dije, la tristeza es un lugar impredecible e inevitable. Me besó en la boca y dijo, el amor también.

Voy a dormir un poco antes de soñarte.

Él le dijo, de nada sirven mis genes sin los tuyos, fue entonces cuando ella dejó caer el condón junto a la cama.

Esta mañana comprendió su desnudez cuando vio sus pies aun con gotas del agua desprendida de la ducha. Dio números a cada uno de sus dedos, de uno a cinco para el pie izquierdo, de seis a diez en el derecho. Nunca había previsto que un lugar tan común observado a diario por ella pudiera sorprenderla con una delgadez y transparencia que ahora le permitía reconocerse abiertamente desnuda por tener los pies descalzos.

Buscas y no encuentras porque no sabes que es a mí a quien estás buscando.

Hay amores que entran por el tejado sin ser notados, sin ser vistos, se clavan entre la música, se disfrazan con el viento. Esos amores ahí, donde no pueden verse, se presienten, no se les puede ahuyentar, todo lo han permeado y no pueden ser tomados porque han superado la materia.  Esos amores transforman los espacios en melancolías, los lugares ocultos en incomprensión del mundo. Viven, no como fantasmas, son más como objetos perdidos y olvidados, sabemos que no están y los extrañamos pero no sabemos con ciencia exacta quién es, dónde o cómo lo conocimos.

He trasladado mi noche al futuro, ahí estás, te atraviesa la luz sin que en una pizca de tu voz aparezca el canto de tu entusiasmo.

Te recuerdo ahora, tu recuerdo viene entre vidrios y luces, no sé por qué ni para qué, ocurre, del mismo modo en que hace miles de años mantengo en el ADN la imagen del dinosaurio extinguido.

Desnuda ante el espejo aceptas con desgano el 1.0 que advierte la sinuosidad en la forma de tu cuerpo.

Cuando observo tus gestos austeros comprendo la vejez de tu sombra. Desnuda de telas y amuletos no tienes otra cosa que ancianidades no aceptadas.

Hay gotas de ciego negándome en tus ojos.

De todos los seres que duermen y sueñan, es en tus sueños en donde me siento tranquilo.

Hay reclamos que se hacen sin palabras, sin ritos, sin colores añejos en el rostro, sin gestos en el cuerpo o ríos de líneas en la frente, con austeridad de verbo y silencio de claustro.   El reclamo es el silencio.

La soledad es estar exiliado de uno mismo.

Cuando juzgas mis actos sin conocer las motivaciones que me llevan a hacerlos se pierde la posibilidad de conectarme contigo.

Antes de recetarme medicinas o remedios o terapias de cualquier tipo dime qué supones me estás sanando.

El lunar entre tus senos, de manera intensa y misericordiosa me miraba.

Tú, yo, somos un bosque donde habita la noche, y salimos, como estrellas fugaces a vernos, a saber que aun la luz del otro no se suprime. Somos transparentes y nos vemos, y sabemos que una luz invisible nos une

La soledad se va quedando con uno sin otra opción que aceptarla, poco a poco, del mismo modo en que pared y musgo copulan sin ser notados, uno se va quedando con la soledad sin que hagan falta razones para hacerlo.

Antes de que la noche se trague mi boca voy a besar el camino a tu ombligo.

Yo le pregunto, ¿Cuál es la pieza biológica a la cual recurro para excusar mis emociones contigo?

Ella me dice, hay mucha luz, oscuréceme con tu ebriedad nocturna.

Ella dice, sigo cautiva de aquella libertad infantil con la que huía hacia la madurez prestada.

Soy el que otea tu desnudez desde lo profundo de un deseo que canta tu nombre.

Ella dice, ¿Viste la luna? Yo respondo, creí que eras tú observándome.

Dijeron, han sido absueltos. Preguntamos, de qué? Contestaron, de toda culpa. Nosotros levantamos la voz para decirles, no nos sentíamos culpables de nada. Entonces, nos observaron con sus ojos desbordados de fe, levantaron sus brazos y en coro decían, no lo sabían, estaban condenados y los hemos salvado.

El discurso se repitió en la radio más veces de las que podíamos soportar. El sueño llegó con el paso de la monotonía de la voz. Dormíamos cuando fuimos detectados por la policía del sueño. Fuimos acusados de querer libertades ajenas al tiempo. En el juicio, ante los acusadores, no podíamos defendernos. Nuestro sueño era acerca de los colores, ellos solo veían en blanco y negro tal como el líder ciego insistía en sus discursos.

Hay amores que son lluvia sobre aceite

Te clavaste el silencio en la boca, querías llegar con él hasta tu pecho, el silencio rozólas cuerdas vocales y sin previo aviso mencionaste mi nombre.

No puedo hacerle fotografías a mi corazón, y si pudiera en él aparecerías tú.

De esos momentos en donde la cerca de alambre es parte de las cuerdas vocales-bucales.

Ella dijo, hemos parido odios para que la vida nos dure lo que tarda en olvidarlos.

De esas veces en que uno comprende lo maravillso de comprometer el silencio antes que sucumbir ante la duda.

Ella decía, si quieres las estrellas entra por mi noche entre las piernas.

Se miran asombrados de reconocer aun el alma, cuál alma? Se equivocaron confundiendo, fe con religión, costumbre con creencia.

Vimos las casas bien protegidas y pensamos que el peligro estaba afuera y por eso las blindaban, sin embargo no era así, estaban bien cerradas para evitar que su furia despertada en su libertad nocturna saliera a la calle a transgredir la ley que gentilmente los reprimía.

Sentados en el parque, ya tarde en la noche, vimos los edificios de apartamentos y pensamos en un cárcel de sueños, todos encerrados en sus vidas fallidas soñando para no olvidar, sabiendo que al siguiente día ningún sueño recordarán.

La noche hizo tránsito hacia el día anterior y los sueños repitieron el inicio sin mayor reposo que el de un día que no llega.

La noche se la tragó antes del orgasmo y las horas se volvieron un hoyo en donde cabe todo y cabe nada. Los libros olían a tinta, la tinta hería el papel, sangre sin volcanes, gritos en el instante antes de que el sueño aplace el dolor para el siguiente día.

La diferencia entre los dos es el pronombre con el que nos anunciamos: tú, yo.

Ese futuro en el que estás soñando ya se lo está consumiendo el presente

Yo no quiero relaciones asépticas en la que esté prohibido contagiar pasiones amorosos.

Al borracho que huye de su desnudez con dos botellas de cerveza en sus manos. Deberían decirle que es cerveza sin alcohol. Sería preferible que acepte su desnudez y camine tranquilo con su cuerpo de hojas y líneas, de golpes de roca y follajes blandos.

Encontré tus memorias en donde guardo el olvido.

Quiero ser la piel de tus pies, los pies de tu piel.

He atravesado mi timidez para abarcarte, aún así no logro encontrarte.

Los ojos se divorcian de la luz y aquella voz marchitada recoge su rocío en mis párpados para desprender sobre los hilos solares una tristeza invisible curvada de hielos. Los gritos son ciegos, nacen heridos sobre una mudez de fuego, incomprensible, así es un poco esta noche, así es esta noche sin ti.

Si quieres mi luz no hace falta tragarse mi noche; si quieres mi noche no hace falta tragarse mi luz.

Quiero ver la sombra de una pestaña en tus ojos mientras tu mirada captura un grano de sal cayendo de lo alto en una ola del mar. Quiero ese instante en mi memoria cíclica de sonrisas inspiradas en ti.

Si vamos a ser amigos no te tomes mis logros como tuyos. Si te los vas a tomar que sea para que mi luz brille, si es para ensombrecerme entonces deje así.

Antes de que la madrugada se hartara de la noche me dijo, solo nos queda la buena voluntad.

Te vas durmiendo y con tu sueño te llevas la noche, yo me quedo con un día de luz que desea filtrarse en tus ojos, quiere saber de tus voces y sueños nocturnos.

De esas palabras que no espero escuchar, ella me dice, enámorate de mi.

De esas cosas que no espero me digan al salir de una reunión, ella dijo, quería soltar el botón pero no estábamos solos.

Mi fidelidad limita con tu indiferencia e ingratitud.

 

Cuatro lunas de lluvia en la línea apropiada para señalar cada punto cardinal. Cuatro lunas, tus ojos, tu boca, tu corazón.

En este dolor todo lo llena tu olvido

De esas cosas que uno lee en la blusa de una desconocida en el supermercado, “Quieres desayunar bien, cásate conmigo”.

Versos como anzuelo, palabras como cordel.

Cuando llueve huele a tierra porque la tierra abre sus poros y llena de feromonas cubiertas del aroma de los días que vendrán. Búscame entre las gotas, búscame en el aire, búscame en el sonido que gotea en todos los lugares.

Cultivemos la esperanza juntos.

De esas veces en que tu escote solo se cubre de silencio porque nadie lo ve.

Huye conmigo. A dónde? A tu cuarto, allí no nos encontrará la soledad.

Hazme un lugar en tu sueño y dormiré contigo. Podría ser que entre como un beso por tu oído derecho y bajé veloz hasta tu pecho para quedar prendado de sueño entre tus brazos

De esas veces en que tu escote solo se cubre de silencio porque nadie lo ve.

De esas cosas que en la calle se dicen, quiero una novia que tenga tu nombre aunque no seas tú.

De esas veces en que el beso queda a un pixel de mi boca.

Hay mujeres en las que sin duda alguna no existe la ternura.

Esas personas que siempre tratan de encontrar errores en todo lo que observan de los otros sólo encuentran satisfacción en que el otro se equivoque.

Cosas que uno escucha en el café, duermo sin otra opción que soñarte porque la realidad contigo no me satisface.

Esta caricia no pasa del etílico silencio visual con el que te miro.

Cuida tu boca cuando yo te miro porque mis ojos te besan tras cada parpadeo.

Camina hacia un lugar en donde nombro tu boca para que el viento susurre besos de mora. Camina por entre las grietas que conducen a tu silencio de musgos. Camina hacia el atardecer de tu canto y lleva noches y lunas de música hechas de tu deseo.

A veces pienso, sería bonito que dijeras te pienso y es suficiente para sostener el universo.

Saludo a mi mamá, pregunto por su salud, me cuenta de los resultados de los exámenes, de mis hermanos, de mis sobrinos, de la salud de mi papá, y antes de que yo lo note me está narrando la historia de un gato que está persiguiendo un pajarito y sigue, como si fuese la misma historia hablándome de uno de los sobrinos que le reclama porque ella lo felicita por el cumpleaños cuando él está a punto de cumplir el siguiente, y le pregunto yo por el gato en cacería, entonces me dice ya no se ve por la ventana pero una muchacha va pasando triste como si hubiera tenido que parir el frío de la luna.  Y yo sigo ingenuamente preguntándome de dónde me viene este fraccionamiento verbal que me obliga a la palabra escrita.

De esos días en que mi amiga se despierta y me dice, sigo ebria, las manos me hablan, le pregunto, qué te dicen, y ella sonriente me responde, quieren que siga buscando en tu cuerpo resquicios amorosos para limpiarlos y dejarlos llenos de mi sobriedad. Me acaricia y besa.

Hay mujeres cuya respuesta es para que uno se enamore, yo le cuento que me desvelé desde las dos de la mañana, ella responde, me hubieras llamado para acompañarte.

No duermas si no es para soñarme

De esas veces en que sin duda alguna el beso se hace necesario, la mujer junto a mi mesa, después de recibir el beso y la explicación dice comprenderlo, y luego me da una bofetada para después decirme, tú comprendes que la repuesta era inevitable.

De esas cosas que uno escucha en el supermercado, leche deslactosada, café descafeinado, cigarrillo sin nicotina, sexo sin orgasmo

De esas veces en que todo recuerdo muere porque duermo.

De esas veces en que la señora insiste en que ella cobra y yo insiste en que eso le quita lo de señora

De esas veces cuando el timbre suena y es el vecino para pedir la llave, se la entrego y el hombre me dice, mi hija suma y resta del mismo modo en que usted estornuda y se suena.

De esas veces en que digo es hora de sumarle a las diez un par de ceros.

De esas veces en que suena el teléfono, la línea está vacía y yo vuelvo al temor, entonces obligo a la música a cerrarlo todo con un susurro de olvido.

De esas veces en que llueve y como no escucho historias en cada gota creo que alguien se ha robado los vidrios, luego se me antoja que la lluvia es innecesaria sin ventanas de vidrio.

De esas veces en que encuentro tus besos entre las páginas del libro que leo y no tengo que robártelos.

De esas veces en que el siquiatra llama y me dice, hoy no salgas, es luna llena.

De esas veces en que la vecina toca a la puerta, yo salgo, recuerdo mis cuentos acerca de ella y me avergüenzo, ella en vez de pedirme prestada la plancha me dice, mi papá llega en una hora, puedo dejar la llave contigo?

De esas veces en que la mujer que besaba apasionadamente al hombre que la acompaña se da cuenta que ha sido una pérdida haberse depilado las piernas porque el amigo se ha echado a perder por la bebida.

De esas veces en que me repito en los gustos y caigo nuevamente en la satisfacción de escuchar atentamente a la muchacha del acento extraño.

De esas veces en que llego al bar, escojo una silla en la barra, una media hora después llega una mujer que antes de saludarme me reclama el abandono, yo saludo, no la recuerdo de nada, ella me da un beso en la boca, luego ofrece una excusa por el beso y dice, supongo que no hay problema por esto. Yo no entiendo, el del bar que es amigo mío le dice, te dije que hoy lo encontrarías, sigo sin comprender, y antes de que pueda evitarlo ella está acariciando mi espalda, ella sonríe y entre risas tímidas confiesa que se ha tatuado en la espalda la fecha en que nos conocimos. No logro obtener una sola imagen que me permita recordarla, tomamos uno y otro trago, sin que ella lo note le pregunto a mi amigo del bar, él se ríe de mi desmemoria y me cuenta que hace unas semanas me fui con ella a las tres de la mañana después de que me había bebido un par de botellas de tequila.

Duerme si es para soñar, si no, sigue despierto.

De esas librerías en que la esposa del librero deja besos entre las hojas de los libros en espera de que alguien se los robe.  Besos robados en vez de libros hurtados.

De esos momentos en que uno sabe que son las últimas palabras que le dirá a ella con sinceridad y profundidad de corazón, y que lo que ocurrirá después serán apenas aproximaciones amables que nunca dejarán ver el corazón.

El amor como la apendicitis llega cualquier día. Te amaré por siempre le ha dicho. Ella lo mira al tiempo que fecunda una pregunta, esa promesa hazla para ti, para mí prométeme demostrarme amor cada instante.

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