Diarios Innecesarios XXXI

El borracho insiste en invitar otro trago, yo le permito su insistencia y bebo sin otra obligación que tomar a su ritmo y escucharlo sin hacer observaciones de ningún tipo. Tengo los oídos sordos del cantinero, eso le digo al tiempo que él me pide mantener en secreto lo que me cuenta. Aunque ha repetido un pared veces la motivación que lo sujeta a la botella yo no logro entender toda la historia.

De alguna manera imposible de explicar su historia no me conecta así que apenas tengo pequeños reflejos de lo que está narrando. Su novia, con quien iba a casarse le era infiel sin que él lo supiera. No le pregunté como lo supo, no era necesario, él lo diría sin que existiera la pregunta.

Sus compañeros de trabajo lo invitaron a una despedida de soltero, sin poder encontrar un sitio público al cual ir porque habían ordenado que los sitios públicos cerraran a las seis de la tarde, además él sin mucho ánimo de desorden les pidió que hacer algo tranquilo.

Uno de los compañeros con quien tenía poca confianza ofreció su apartamento, allá llegaron varios amigos y casi todos los compañeros de la oficina. No tomaron mucho, habían olvidado comprar el trago temprano, la ley seca prohibía vender licor y debieron conformarse con lo que había hasta que de algún lugar alguien que venía tarde trajo varias botellas de vodka.

Antes de que llegaran esas botellas él se dio cuenta que tenía el iPod de su novia en la chaqueta. Aprovechó para poner las canciones de su gusto almacenadas en el reproductor. Uno de sus amigos pidió buscar una canción en Youtube, sin pensarlo buscó la wi-fi más cercana, entonces fue cuando notó que estaba conectado ya a la red del apartamento.

Las canciones siguieron, el licor barrió con la equidad etílica, la muchacha contratada para hacer el show llegó en el momento exacto en que el ya se había enterado de que la clave para conectarse a la red tenía números y letras, y solo podían hacerlo los dispositivos autorizados.

Al otro día, cuando su novia lo molestaba y le exigía conocer todo lo que había hecho, él le respondía mentiras para ocultar lo que habían hecho. De todos modos no había superado lo que para él era el límite de la decencia.

Durante un par de días fue averiguando sobre las redes de conexión grabadas en el iPod. Esa extrañamente no tenía explicación.

Varios tragos después el hombre contó la manera en que supo de la relación entre la red wi-fi grabada en el iPod y su novia.

Su novia la había grabado cuando iba a quedarse en el apartamento del amante, para no tener que volver a hacerlo la había dejado como red por defecto. El se puso a buscar en las fotos que ella le enviaba cuando le decía que estaba en casa y encontró que la información de GPS correspondía con la misma casa en donde le hicieron la innecesaria despedida de soltero.

Mi novia me envió un mensaje. Lo leí. Le pregunté al invitador etílico si podría saber de donde venía. El hombre no respondía, no escuchaba, solo hablaba e invitaba trago.

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