Voces Diarias 20121105

Esta noche hay bosques tupidos de nubes, el frío se duele de si mismo y tiembla al cruzar la puerta.

Seré un pez en tu cintura, una cometa en tu cabello, una copa en tu boca, un recuerdo de ti que te emocione siempre hasta la sonrisa.

Estoy lleno de ti, tan lleno de ti que desbordo el universo. Te quiero

Me preguntó, ¿Y si nos atrapa el amor, qué haremos? Le dije, ser libres para que valga la pena

Te imagino, a veces, sumida en la sombra leyendo y callada de música escuchando una canción. Mujer de voces en la mano, de nudillos y pincel que ve en el lienzo adelantada la imagen del pincel.

La mujer del vivero me ha vendido tres libras de tierra, una medida mínima de abono, me ha regalado unas semillas y se ha ofrecido a ir a mi casa a revisar mis plantas. Yo no podido evitar la abstracción y la he imaginado doblada en mi jardín observando el verde y la forma de las hojas, con las manos untadas de tierra mientras yo oteo tranquilo su escote y juego con las semillas en mis manos. La mujer del vivero me imagina con las manos empapadas en tierra reconociéndole el sol que le alcanza a tostar la espalda

Yo conozco a una mujer que me ama, así empezó mi discurso esta mañana antes de salir de la cama, luego de pensarlo un poco corregí diciendo, yo conozco a una mujer y creo que me ama, en la misma línea de pensamiento seguí divagando y mejor corregí, yo se de una mujer que creo me ama, así estaba a punto de pronunciarla pero el ánimo de corrección se mantuvo alerta y me dije, esa mujer de la que se su nombre y asuntos menores de ella es probable que tenga emociones positivas conmigo, antes de terminar la oración estaba corrigiéndome otra vez y mejor me dije, me gustaría que esa mujer pronunciara mi nombre, no se por qué ni para qué, pero se oiría bien mi nombre en su boca.

La vecina del apartamento ha tocado en la puerta, la invito a seguir, se niega, es algo rápido y puede decírmelo ahí, la escucho, me dice que para ella no es ninguna molestia que yo haga ruido en las noches y que mi cama suene como acordeón mientras estoy teniendo sexo, miro por encima de su cabeza, ella sigue, no tengo problema con los quejidos y gritos suyos o de su compañera, es normal que la pasión se viva de ese modo, de hecho no es que esté pidiéndome que deje de comportarme de ese modo, solo que ella se sentiría mejor si en vez de pronunciar el nombre de mi compañera, que se llama como ella, yo dijera, cielo, corazón, dulzura u otro otra palabra, es que cuando digo su nombre, ella cree que es con ella y tiene que romperse las ganas con la mano mientras mi compañera de seguro está sudando con mi pasión. La vecina del apartamento se retira, yo voy a la nevera, saco una cerveza, no me parece suficiente, traigo la botella de ron, y me bebo un par de tragos que rebajo con la cerveza. Tomo el celular y llamo a María, le cuento la historia, ella se ríe, le digo que me parece muy serio el asunto, ella dice, dime duraznito, así no habrá problema con ella.

Ella me dijo, otra vez caeré desnuda en tu cama, quiero sueños de tu boca y búsquedas sin forma en mi espalda, quiero tu diluvio reprimiéndose un poco y entregándose sin pausa.

Mientras tú vas de un lado al otro en tu cuarto escogiendo, midiendo, descolgando, extendiendo las prendas que vas a vestir, yo imagino tu piel y la certeza del aire al tocarte, los colores de la ropa y las formas de tu cuerpo se enumeran en espirales que mis ojos presienten al ritmo en que tú arqueas tus brazos, doblas tu cintura, danzas con la tela que te va cubriendo.

A mí me gustas, me gustas en modos que a veces no logro definir y quisiera que mi palabra fuese más clara y en ella pudiera decirlo, pero no sucede, sé que me gustas y cuando me asomo a tu mirada y me quedo viéndote largamente mientras tú mantienes los ojos abiertos y esperas hasta el último segundo para parpadear quisiera en ese instante atreverme hasta tu boca y romper tu silencio con un beso, pero no suele pasar y me gustas y miro tu mano abierta, aproximo la mía sin que tenga otra intención diferente a la de medir las líneas de tu manos con las mías. Me gustas, y cuando miro tu mano abierta pienso que una de tus líneas se une con la mía y luego cuando me quedo viendo tu cabello y sé que el viento se aproxima a él para moverlo, quisiera que, que una mañana tu cabello y el mío amanecieran menos distantes, más el uno con el otro. A veces como ahora que estoy estudiando, tú llegas a mi memoria y me desconcentras y tengo que volver a la palabra, a esta otra manera de ser yo que está en el otro extremo, que habla de tecnología

Fuiste atrapada por la cordura y caíste plena entre razones, así te fuiste mientras yo me figuraba que volverías.

Me preguntó por el libro que yo publicaría con mis letras, la miré sorprendido al ver en sus ojos el prólogo, sus labios la dedicatoria, su cuerpo el contenido y extendida por su piel tantas lecturas de sus hemisferios desnudos. Así meridional de versos y abierta a paralelos y nubes pilares seguía preguntándome por un libro que yace (o vive) en ella.

En el último día cuando sea la única oportunidad para el arrepentimiento les diré a todos, he vivido feliz desde entonces, desde que ella me obligó al olvido

Tratándose de confesiones, soy fiel a la mentira sincera.

Me gustas ahora cuando miras displicente las horas que vendrán, los días que se fueron, me gustas ahora cuando observo tus ojos clavados en las páginas del libro que lees. Así, me gustas, un poco más un poco menos, y podría dejar que la vida se me vaya en ver tus brazos moverse y tu boca seguirlos y viceversa. Así me gustas ahora.

Te he dicho, no son versos ni poemas, son tu risa si te hacen reír, tu sonrisa si en tu rostro se abre plena una caricia de ti, son tus manos si al leer las mueves para repetir con sus gestos lo que leíste, mis palabras son lo que logran en ti, nada más

Sólo para que lo sepas, eres bosque, lluvia y océano. Mujer de hierba y ríos, en ti están sumergidas las alas que se elevan al centro de todo y de nada. Mujer de tierra, en ti la semilla es árbol crecido y fruta madura.

En la ciudad de los paraguas la lluvia todo lo atrapa y tú no estás para incluirme en tu sonrisa.

Huele a lluvia, a tierra, a luna abierta y paseo nocturno. El camino busca nuestras huellas para completar su victoria de roca fuerte y lugar fértil.

Cuando vengas a mi casa la encontrarás vacía, se irá llenando de belleza con cada respiración tuya, será una casa llena de tu hermosura.

Era inevitable aceptar la culpa, mis manos estaban cubiertas de tinta, el verso fue certero, la herí de verbos y le sembré palabras con mi nombre en su boca.

Dijo, si solo querías llamar mi atención, te equivocaste. Tu palabra va más allá, transmuta mi piel, se apropia de mi oído y me supera.

Entonces supe que tu noche me pertenecía, caíste como luna llena y yo elevé mis cordilleras hacia tus astros

Soy el que espera en la esquina bajo la lluvia mientras tú me ves desde la hoja del libro abierto que leo.

Un día miraste a mis ojos, desde tu inconsciente una botella, con un mensaje, viajó hasta mí, la botella se abre, a veces, y me comunica tus secretos, como ahora que se estás sonriendo para mí.

Lo más hermoso que has hecho por mí es que me pusiste en un lugar en tu corazón en el que me honras con amor

Mientras la lluvia seguía, abandonamos el paraguas, caminamos tomados de la mano, me dijo, estoy muriendo, igual que tú, igual que todos, este es el único instante que me contiene, abrió sus manos, las puso frente a mi cara, extendió los dedos, siguió diciendo, ves que todo está escrito en ellas, y lo único que dicen es, hágase tu voluntad, es decir, la mía, y mi voluntad sabe que estoy muriendo desde el instante mismo del nacimiento, es por eso que me gusta que la lluvia no nos detenga, que el sol no nos obligue, que el camino sea impreciso, que la noche esté poblada de luces oscuras. Sabes, siguió diciendo, me gustan las formas de tus ojos, no el color, la forma, su redondez imperfecta, la luz que los amplía, la sombra que los cierra, me gustan el color de tu piel y la palidez de tus silencios largos, los gritos de enojo que no salen de tu boca, la claridad mental con la que te equivocas. Una pareja de abuelos, hombre y mujer, se detuvieron ante nosotros, nos ofrecieron un paraguas mientras ellos se cubrían solo con uno, nos dijeron, uno sabe que va a morirse, pero besarse bajo un paraguas mientras la lluvia cree que todo lo invade es la mejor manera de rescatar de la prisa de la muerte un momento para vivir la vida con pausa

Un día desembarcaré en tus bahías. Abre para mí las puertas de tus ciudades

A mí no me importa si la mujer de cabello rojo que está trayendo la cerveza a la mesa comparte su mesa con un amante u otro, yo solo quiero comprender la distancia con la que me mira, saber si su mirada ausente de la mía tiene que ver con que anoche estuvimos compartiendo la cama y se nos olvidó usar protección antes de llegar al final del camino.

De dos en dos somos uno solo, dos corazones, un latido; dos bocas, un beso; dos pares de ojos, una mirada; dos pares de brazos, un abrazo; dos pares de pies, un camino; dos cabezas, un pensamiento.

Traigo un silencio arando mi voz nocturna, me estoy atragantando con el filo herido de mis palabras. Boca oscura y silencio transparente.

Carta en Do menor a una mujer inexistente: No estás, eso motiva la carta, no hay sorpresa en esto. Mis letras permiten presumir el abandono, ya antiguo, de la escritura. Las palabras son menos exactas que las metáforas, quizá por la velocidad de la que me dejo llevar. Ahora que miro la última oración pienso que las metáforas son más exactas que tú, tú te diluyes entre la existencia en la que te imagino y la inexistencia en la que tú persistes.   Hay horas propicias para la nada y otras que estimulan el todo, en este instante esas horas no existen.

El sudor se cuenta en gotas por segundo, olvidamos encender el aire acondicionado del cuarto, la ropa no siente la humedad, tu piel y la mía se aproximan y se alejan, gotas de sudor en instantes sexuales se cuentan por segundo en la habitación.

Una canción se dobla en nuestros cuerpos, un tambor de ingles se escucha entre los dos, cada línea de tu cuerpo es una cuerda musical, tú me interpretas mientras cantamos en el calor de la habitación.

Abre la puerta de tu silencio, déjame entrar con mi lengua ruidosa

Solamente he leído las hojas pares del libro de poemas, estaban todas en blanco, ninguna palabra hubiera entrado en mis ojos del mismo modo que lo hizo la ausencia de ellas, pensé en la belleza del altar antes del matrimonio, en el río limpio antes de ser asaltado por los brazos abiertos, en la noche ajena a las ventanas de luces, pensé en la cama tendida expuesta a la fatiga sexual igual que a la pausa del sueño, en la arena y el aire tocándose, en la boca pintada de nada, en los labios dispuestos sin compromiso. Solamente he leído las hojas pares del libro de poemas, todas fueron hojas dedicadas al espacio que hay entre los dos, todo está por llenarse para juntarnos.

Me dijo, yo igual que el fuego estoy siempre desnuda, mi caricia no quema ni consume, solo ama la entrega eterna. Le dije, yo al igual que el mar estoy cargado de olas que me mueven hacia la roca, hacia la arena. Me dijo, yo al igual que la tierra estoy abierta a la carne, en mí caben precipicios, abismos, dudas y certezas. Le dije, yo al igual que el aire comprendo el viaje continuo, la ruta sin fin, los pasos que caminan tan solo por la huella.

Me dijo, no eres el primero, no eres el último, no eres el único, Eres el que permanece.

Nace perfumada tu voz, es así, aunque yo mismo no comprenda la metáfora.

Yo me pregunto y tú eres la respuesta. Yo me respondo y tú eres la pregunta.

La noche me despierta, giro a un lado, al otro, comprendo tu presencia, busco tu rostro, mueves tu brazo, notas mi presencia, abres los ojos, me deslumbras, me despierto. No estás, nuevamente sueño, y mi sueño de ti no tiene la fuerza de tus ojos abiertos en la noche.

Era imposible escapar contigo a mi lado, era inevitable caer bajo tu mirada de arena, de tus párpados abiertos en palmeras

Supongamos que tomas mis manos, las abres, las llevas a tu rostro, pones las palmas abiertas en tus ojos y dices, la única ceguera es no sentirte, la única oscuridad es tu beso, el único camino son las líneas de tus manos que vagan sin nada escrito en ellas

Y dijo, de todas las personas que conozco, a la única que imagino anciano de voces y pasos es a ti, sonrió y dijo, y me imagino a tu lado.

El hombre le decía a la mujer, ahora que no te amo tengo claro lo que debí decirte cuando te amaba, solo que ya no lo diré porque no lo siento, y ahora que me lo preguntas no importa.

Breve la tarde contigo, eterna la noche sin ti.

Ella tomó el paraguas, fue hasta la calle, puso a grabar el sonido de la lluvia mientras me esperaba. Luego me envió el sonido grabado, al final decía, así se lloran las historias cuando tú no estás.

Ella me dijo, lleva siempre un paraguas, será debajo de uno de ellos donde te cumpla la cita.

Igual que un girasol abierto, la punta de tu seno se abre a mis ojos y conecta exactamente con mi alma.

Me gustó saber de tus uñas de agua, comprender que duermes excesos en ellas y se despiertan conmigo.

Geógrafo de tus formas, de tus geometrías y de tus ángulos.

Mujer no seas imposible, no te fugues, apuesta por este momento y quédate con tu sombra de luces.

Cuando la duda es inexacta, la certeza es innecesaria.

Un sol de selva nocturna se asoma inevitable en tu ausencia.

Es inevitable este lunes de lluvia, así como verte desprender la ropa del closet mientras aseguras que volverás.

Lo mejor de estar aquí pensándote es que siempre que lo hago es el mismo hecho pero una historia diferente. Cada vez toma una forma diferente aquello que vivimos.

Oscar Vargas Duarte

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