Tú no me tienes confianza

Llamó en la noche, ya eran las once, solo quería hablar, yo tan solo quería dormir, estaba cansado, la fatiga de la semana de trabajo y las discusiones con Ella me habían desgastado. Le dije que la esperaría, cuando vino yo tenía más sueño, le pedí que habláramos al siguiente día, Ella asintió, le ofrecí mi cama y me fui al sofá. Unos minutos después me buscó, no quería dormir sola en mi casa, fuimos ambos a la cama, no habíamos dormido juntos nunca, tampoco habíamos pasado de besos y abrazos. Me hice del lado de la ventana, se siente más frío ahí, le dije que podía utilizar una de mis pijamas, todo estaba oscuro, se levantó, estuvo un rato de pie, volvió a la cama, creo que estaba desnuda, dormí sin despertarme hasta las diez de la mañana.

Tenía los brazos atados a la cama, los tobillos sujetos del mismo modo. Ella no estaba. Tuve miedo porque no sabía que ocurría, me dio miedo gritar. La imaginación suele cobrar por los temores que uno tiene guardados y se apoya para hacerlo en las imágenes que uno va guardando, así que mientras el tiempo y el temor eran uno solo conmigo hice suposiciones de todo, temía por Ella, supuse que nos habían secuestrado dentro de mi casa y que Ella estaría atada en otra habitación, traté de llamarla, no pude. Estuve llorando al comienzo, después me puse a orar, un rato después me quedé escuchando todos los ruidos que habían a mi alrededor, los mismos ruidos que escuchaba de los vecinos, los mismos ruidos que venían de la calle, nada lograba aclararme.

Me quedé dormido unos minutos, cuando desperté el aroma a desayuno me hizo pensar que todo era un sueño, al primer movimiento supe que aún con el aroma seguía atado a la cama. Escuché risas, sonidos de cubiertos y de platos, todas las voces se cosían en abundancia. Quise escuchar lo que decían, no podía, las voces no llegaban claras hasta mis oídos.

La puerta se abrió y se cerró. Supuse que me había quedado solo, el sonido de música me confirmó lo contrario, entre la música llegaba el sonido del agua y de los platos, volvió el aroma a comida. La puerta de mi habitación se abrió, giré lo que más pude para descubrir quien se acercaba, solo alcancé a ver un cuerpo que en ese momento se me antojó cuadrado, como si fuese una nevera vestida con ropa. Dejó el desayuno sobre la mesa luego aproximó sus manos a mis ojos y me los cubrió con una tela que no me permitía verla. Sus manos estaban cubiertos con unos guantes de lana. Al comienzo me resistí al desayuno, eso lo hice durante los tres primeros días, después recibiría el desayuno sin oponer resistencia.

Hice muchas preguntas, ninguna me fue respondida. La persona venía, traía el desayuno, me cubría los ojos, pasaba a mi boca los alimentos y luego se iba. Yo me quedaba inundado en un sopor imposible de resistir y pronto estaba dormido. Al despertar estaba nuevamente en la cama, bañado, bien vestido, con aroma a colonia y bien afeitado. No sabía que pasaba y no me decía nada la persona que venía a traer los alimentos. Empecé a gritar pero parece ser que mis gritos no salían de mi cuarto. Pensé en la oficina, en mi familia, en mis amigos, y todo el tiempo pensaba en Ella. Realmente la amaba, amaba a Xxxxx desde que su voz se extendió por mis oídos cuando la escuchaba por teléfono. Casi todo el tiempo lo ocupaba pensando en Ella. En la oficina no me esperaban, sabían que Yo estaba de vacaciones, en mi casa estaban acostumbrados a que Yo apenas hiciera una llamada cada quince días y cuando ellos me llamaban no siempre respondía, mis amigos habían aprendido que Yo solía estar aislado de todos, así que casi nunca llamaban.

En el apartamento las cosas parecían normales, excepto por mí que estaba atado a la cama y nadie lo sabía. Mi preocupación por ella me hacía rabiar contra la persona que me llevaba a diario los alimentos. No obtenía respuesta. En el apartamento durante esas dos semanas todos los días hubo desayuno, almuerzo y cena. Había reuniones entre quienes supongo eran amigos, un par de noches no se escuchó nada, solo en la madrugada alguna persona llegaba y se le oía moverse con confianza para buscar en donde dormir.

El sábado, dos semanas después, al despertarme noté que estaba sin ataduras, tenía el celular en la mano, inmediatamente la llamé a Ella, se oyó el primer timbre, sentí el eco del sonido en mi cuarto, el siguiente timbre reconocí que el celular de ella timbraba en mi apartamento. Corrí a buscar por los cuartos, el celular sonaba en la sala. Ahí estaba ella, me acerqué para abrazarla, le pregunté si le había pasado algo, me sonrió, me dijo que sí, se le fugaron todas las lágrimas, se apretó contra mi cuerpo y luego cuando el llanto se lo permitió me confesó que ella había hecho todo para que Yo aprendiera que sin estar con Ella, sería fiel, que aún sin poderme mover Ella me alimentaría, que aún sin poder defenderme Ella me cuidaría, y sobre todo que podía confiar completamente en Ella.

Oscar Vargas Duarte

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