INSTINT-RTE 6

Viviana se presentó a las diez de la mañana, le dijeron que debía
esperar al menos una hora, el propietario del local no había llegado aún
y sería él quien la entrevistaría, utilizó el tiempo para ver los
alrededores del lugar, observó una cafetería cercana, la estación del
autobús desde donde podría tomar la ruta para ir a estudiar, igual
encontró una iglesia, se sentó unos minutos en una de las sillas de la
primera fila, compartió con el silencio unas oraciones, oró por mí, se
sintió extraña orando por mí y sin saber el motivo se dejó llevar por el
impulso de llorar, varias lágrimas le siguieron al impulso, la oración
continuó produciéndose mientras ella pensaba en mí. Volvió al local,
una mujer que sería su compañera de trabajo por los meses siguientes le
invitó un café, le dijo que el jefe tardaría en llegar, la verdad es que
el hombre tenía bastantes ocupaciones y solo pasaba por ahí cuando lo
consideraba absolutamente necesario. El café y la compañera de trabajo
parecían una gran compañía, claro está que en ese instante Viviana
pensaba en la calle, en el ruido y la sensación de prisa innecesaria que
ella recogía del ruido que era originado en la calle. Pensó en las
imágenes, en congelar en una imagen esos sonidos.En el local se ofrecen tres tipos de servicio, llamadas telefónicas a
cualquier destino, conexión por internet y papelería. El horario es
desde las cinco de la mañana hasta las nueve de la noche. Hay una
persona que debe estar desde las 5:00 a.m. hasta la 1:00 p.m., la otra
desde la 1:00 p.m. hasta las 9:00 p.m. Desde las 8:00 a.m hasta las
6:00 p.m hay una tercera persona que acompaña los otros dos turnos de la
jornada de trabajo. La confluencia de clientes es alta desde temprano,
hay una plaza de mercado apenas pasando la calle, allí llegan personas
de otras ciudades a vender sus mercancías, otros vienen a comprar y la
actividad se desarrolla incluso desde las 4:00 a.m. Al final del día el
servicio cambia de clientes y son los estudiantes de colegio, hay uno a
un par de calles quienes vienen al local. El turno que le asignan a
Viviana es el de la mañana, así podrá salir desde el trabajo hacia la
escuela de artes a tomar sus clases.

El jefe apareció una hora después, se presentó y sin mayor formalismo le
informó cuáles eran las condiciones del trabajo, simple y directo, al
final le dio un adelanto sobre el salario del mes. Me dijeron que
necesitas un avance, no es normal que lo hagamos pero esta vez es una
excepción ya que vienes recomendada por una persona a quien le debo
muchos agradecimientos. Empieza hoy, si puedes quedarte todo el día
será ideal para que conozcas la dinámica, si no, por lo menos hasta la
hora que puedas. Mañana a las cinco te esperaré Yo para abrir el local y
darte las llaves, ya luego serás tú misma quien abra y pongas todo a
funcionar desde el comienzo. Se fue después de que Viviana le dijo que
estaría todo el día.

El resto del día transcurrió en una sola charla con la mujer en el
local, la otra persona que las estaba acompañando iba y venía haciendo
diligencias propios del local, realizar una consignación, cancelar algún
servicio público, traer mercancías, etc. La empatía fue inmediata, la
mujer fue contándole durante el día las actividades sobre las que debía
poner mayor atención y el movimiento propio del local. El muchacho que
hacía el turno desde las ocho de la mañana hasta las seis de la tarde se
acercaba a compartir la conversación y se retiraba apoyando en la
atención del local.

A las cuatro de la tarde apareció una anciana que pidió el servicio de
teléfono para llamar a una ciudad empotrada en la región oriental del
país. La anciana comenzó a hablar con un tono de voz que conservaba en
absoluto secreto lo que decía, luego, apenas seis minutos después, el
llanto empezó a descender por su rostro, siguió hablando en el teléfono
dos minutos más y colgó. Nancy le advirtió a Viviana que no le
preguntase a la anciana el motivo de su llanto. Después de que la
anciana salió empezaron a comentar la historia de la señora. Todos los
días a la misma hora pide la llamada, habla por unos minutos, luego se
descuece en llanto y unos segundos después cuelga, pasa y cancela el
valor de la llamada y se va.
– Le han preguntado por qué llora, si necesita apoyo?
– Claro que sí – pero nos hemos ganado muchos regaños a punto de
escándalo por preguntarle
– Uno siempre quiere ayudar, dijo Viviana con una voz que le desnudaba
la ternura.

Nancy empezó a hablar en voz baja. Un día, me acerqué a escuchar lo que
la anciana decía, bueno varias veces hice eso y pude escuchar lo que
ella decía. Se quejaba del sabor del almuerzo, de la falta de sazón de
la cocinera, del clima, de la insensatez de la gente, de los vecinos, de
la calle. Se quejaba de todo, luego, preguntaba por el día en que iba a
volver, cuando es que estaría en casa nuevamente, al parecer nadie le
habla al otro lado de la línea, ella sigue hablando y ante el silencio
empieza a llorar hasta que al final se despide con bendiciones y buenos
deseos. Varias veces también he tomado el teléfono y repetido la
llamada, siempre es la contestadora la que responde, dice algo como,
este no puede ser otro que mi teléfono, por favor deja el mensaje, otras
veces que intentó descubrió que el mensaje de la contestadora cambiaba,
en este momento no estoy en casa, por favor deja tu mensaje, o, he
debido salir de viaje, volveré en unos días, deja el mensaje que llamaré
apenas vuelva a casa.

Durante varias semanas Nancy intentó hablar con alguien en ese teléfono,
nadie le contestó, siempre la voz de la contestadora. Un día dejó un
mensaje, otro día repitió el mismo mensaje, pidiendo que le devolvieran
la llamada, sin embargo, no obtuvo una respuesta. Al local viene un
hombre de la empresa de teléfonos, Nancy se hizo amigo de este hombre y
aprovechó para consultarle acerca del titular de esa línea telefónica,
el hombre se atrevió a averiguar, eso sí, no después de que hubieran
salido a bailar una noche. En la siguiente visita traía los datos de la
línea telefónica, correspondía con un buzón que se vende para recibir
mensajes, era algo parecido a un apartado aéreo, claro está que lo más
curioso es que está a nombre de un cementerio, después de saber eso, el
empleado de la empresa de teléfonos llamó al cementerio y le contaron
que era un servicio que se vendía, se grababa la voz de una persona con
mensajes diferentes, ese número podía ser utilizado por quien quisiera
para dejar mensajes de cualquier tipo. La mayoría de las veces nadie
los oía, eso sí, un funcionario del cementerio cambiaba el mensaje todas
las semanas.

Viviana salió con Nancy, fueron a la estación del autobús, ella le ayudó
a orientarse con las dos rutas, una hacia mi apartamento, la otra hacia
la escuela de artes. Esa noche salió hacia el apartamento, cuando
estaba a unas cuadras pensó en que no me había llamado, recordó el
llanto mientras estaba en el templo orando, se sintió extraña, se sintió
como la anciana, dejando un mensaje que nadie oía a alguien que ya
había muerto, así pensó de sí misma, llorando sin razón aparente por
alguien que no lo sabría, bueno afortunadamente el hombre objeto del
llanto está vivo. Se sintió incómoda al pensar de ese modo, ni siquiera
pensó en mi nombre, solo sintió que lloraba por un hombre.

Entró al apartamento, no quiso hacer ruido, fue hasta su cuarto, se
cambió rápidamente, se puso un pijama de color azul, salió descalza y
fue hasta la cocina. Encontró un emparedado de atún con rodajas de
tomate, un jugo de naranja y una tajada de pan sobre el vaso. Debajo
del vaso había una nota, estoy en la peluquería, el cabello me está
pesando más que las ideas, volveré pronto. Si quieres me esperas y te
acompaño mientras comes. Viviana tomó otro plato, partió en dos el
emparedado, separó las porciones y llevó al comedor dos platos de
comida. Se quedó un rato sentada mientras veía la silla en la que en
unos minutos estaría yo sentado. Escuchó el timbre y en el mismo
instante el ruido de la llave al entrar a la cerradura, se levantó aún
sabiendo que la puerta estaba abriéndose. Me saludó, me invitó a
sentarme, sonreí, ella me dijo que sin conocerme sabía que yo había
preparado el emparedado, pero solo uno, el de ella.

Viviana me contó la historia de la anciana, puse rostro de
acontecimiento, entonces, luego me dijo que había llorado por mí, no
sabía el motivo y no encontraba una razón con la cual sustentar ese
llanto. Le pregunté por la hora exacta en la que eso le había
ocurrido, la miré a los ojos, le dije entonces que a esa misma hora
estaba yo confesándome, hacía mucho que no lo hacía y por alguna
necesidad incomprensible, había entrado a una iglesia a hablar con un
sacerdote para confesarme.

Esa noche soñé con la anciana de la que me habló Viviana, tuve la
certeza de que era la misma mujer con la que había tenido sexo hacía
unos días, la sensación fue tan real que debí levantarme antes de la
madrugada a bañarme, reconocía el aroma del perfume de esa mujer en mi
cuerpo, cuando salí del baño, Viviana estaba en mi cama, me dijo que no
quería dormir sola, antes de que me metiera en la cama, debí prometer
que me comportaría de tal modo que no buscaría caminos hacia su cuerpo.

Esa fue la primera noche en que Viviana durmió en mi cama, se extendió
desnuda debajo de mis sábanas, yo no pude dormir, solo pude hacerlo
cuando ella se despidió para emprender su jornada de trabajo.

Oscar Vargas Duarte

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