Sin oportunidades literarias

Sin oportunidad literaria. Así podría describir esta mañana sobre la
que han caminado las horas mientras yo me sujeto a la inoportuna
compañía de unos zapatos húmedos por la lluvia y un paraguas que apenas
cumple su misión impidiendo que parte de mi cabeza no se sumerja en agua
del mismo modo que está el resto de mi cuerpo.

Siete y media en la mañana, no hay tiempo para la ducha, quiero salir a
caminar, el hastío me corroe, me estoy oxidando en la cama, hace más de
tres horas que estoy despierto dando giros hacia un lado y hacia el
otro, me preocupo unos momentos por el frío, busco más abrigo, luego los
pensamientos sucumben y todos se dejan llevar por la inapetencia por el
mundo. El frío se dirige primero a los pies, se sienten helados al
rozar otras partes del cuerpo, no hay imágenes a partir de la cuales
encuentre algún escape. Siete y media de la mañana, me levanto a
caminar, aún no llueve, la mañana no padece amarillos brillos ni se
cubre de azules esplendorosos. No es gris, la mañana se conjuga en
colores matizados por el blanco.

La estación del tren está a doce calles, camino, una calle vacía, otra
igual, los autos no se detienen, las personas no me notan. Camino, salí
sin abrigo y el frío besa sin cuidado. Tomaré café en la estación.
Hay un lugar para personas de paso, me gusta ir porque me recuerda que
no pertenezco a este espacio, que voy de paso y quizá lo único que
ocurre es que en este espacio he demorado demasiado. Una mujer y un
hombre, dos niños, un anciano, tres jóvenes, cada uno lleva un producto.
Tomo una de las sillas, a mi mesa llega una taza de café, aún no había
realizado el pedido, sin embargo, me están premiando por haber ayudado
algunos días atrás realizando una actividad en el local.

La mujer que me trajo el café me pasó una nota, está en un idioma que no
entiendo, ni siquiera reconozco el idioma en el cual puede estar
escrita la nota. La llamo, ella me dice que un hombre se la ha pasado, y
quiere que yo averigüe de qué se trata. Sonrío, buscaría de que se
trata los siguientes días. Tres días después le estaba diciendo a la
mujer que la nota había sido escrita en polaco, tan solo decía, te
pareces a mi novia, amo a mi novia, le diré que en esta estación una
mujer me recordó lo hermosa que es. Ahora te recordaré siempre en el
rostro de mi novia y pensaré en esta estación cuando desayune sobre sus
piernas. La mujer se dedicó a observarme mientras tomaba café. Espero a
que la primera taza terminara, luego me trajo otra, cuando le dije
gracias, me dijo te hace falta una madre, más que una novia te hace
falta una madre, sonreí con esfuerzo, me quedé pensando si a mis 48 años
me hacía falta una madre o una esposa.

Salí del local, caminé un rato en la estación, salí hacia la calle y la
lluvia que yo no esperaba estaba ahí, una lluvia aprovechando la ley de
gravedad. Cae, incesante cae, doy tres pasos y ya la ropa y los zapatos
están lavados. Escucho que me llaman, es la mujer, me pasa un
paraguas, empiezo a caminar sin querer volver a la casa.

Sin oportunidades literarias, pienso en esa oración y la repito al mismo
ritmo que camino.

Oscar Vargas Duarte

Un comentario en “Sin oportunidades literarias

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s