El hábito que tienes de tocarme el corazón y percibir mi estado de ánimo lo repites en cada encuentro; esta vez no sería una excepción, después de hacerlo me abrazaste y junto al oído pronunciaste una oración para cobijarme y despejar de mi corazón el rostro oscuro de la tristeza. Es un momento mágico para mí, siento que me acoges, que me aceptas y todo en tí es una canción de amor para mí. Me hablaste acerca de los recuerdos que tienes de mí, y de como te sientes feliz de saber que recorro muchos espacios en los que se nota que tú me guías.
Dejaste que mi cuerpo, cabeza en punta, descansara sobre tu regazo, tocaste mi cabello y me dijiste que estaba largo. Jugaste con cada hilo oscuro y descubriste un par de canas, más de un par de canas. Me hiciste reir con tus comentarios acerca de qen qué momento de mi vida había obtenido cada una. Yo te hablé de una cicatrices antiguas, igual me escuchaste aunque ya te sabes las historias, luego tiernamente me cerraste la boca, y con un beso volviste a hacerme sentir descansado.
Pediste que recitara algunos versos, lo hice y me dijiste que eran hermosos, siempre es hermosa para tí mi inspiración. Me besaste nuevamente y dejaste en mí el sabor del amor y la ternura, me sentí valiente, siempre me lleno de valor cuando voy a tí. Me despedí, me hiciste el comentario que nunca estoy sin tí, que no hace falta despedirse porque mientras pienso en tí tú estás conmigo.
Dijiste te amo y yo me fui caminando nuevamente sobre el asfalto con la certeza de tu amor por mí y la confianza de que todo lo hago es exitoso mientras sea en tu nombre.
Oscar Vargas Duarte
Que bonito. Me quedó una sensación de absoluta serenidad, justo lo que necesitaba para irme a dormir. 🙂