Me gusta el lunar que llevas arriba de tu seno derecho.

Hace más de cuatro días no he salido a la calle, bueno, apenas si he podido moverme de la cama.  No sé si te acuerdas de la ocasión en la que fuimos a caminar con unos amigos al parque natural que está a una hora de la ciudad.  Fuimos con tus compañeros de la oficina y un grupo de abuelos que participaban de la excursión.  Un conocido mío organizaba este tipo de salidas, él se encargaba de programar el horario, conseguir un grupo considerable de personas que quisieran salir a caminar un domingo, se encargaba de la comida, de tener los permisos necesarios, solicitar apoyo de personal de la cruz roja, por si ocurrieran emergencias, y cuando todo estaba dispuesto, cobraba una suma que no parecía atractiva, pero que para él era suficiente, le rendía la semana completa para comida y bebida. Para esta ocasión fuimos a comprar zapatos, recorrimos muchos almacenes hasta que decidiste volver al primer almacén en donde habías visto unos que te quedaban perfectos, incluso para ponerte cuando fueras al gimnasio.  Solo atiné a decirte lo sorprendente que eres.  – Yo estaba tan cansado que creía haber caminado más en centros comerciales que yendo a la excursión el fin de semana.

La caminata nos relajó, el guía narraba cuentos cada dos o tres kilómetros.  Hacía una estación, nos pedía sentarnos en donde nos sintiéramos más cómodos y luego exponía una historia propia de la región o entretenía con una narración propia de los cuenteros de la calle. Lo agradable del clima permitía des tensionar el cuerpo y dejarse llevar por los colores y las formas.  En el espacio que nos brindaba la excursión supe que podría pasar la vida a tu lado sin que existiera la palabra.  Nuestros pasos se acercaban, se mantenían acompañados y se iban perdiendo entre las otras huellas.  Al pasar por un río nos contaron que se hacía torrentismo todos los sábados, se iniciaba desde temprano y la jornada se acababa a las tres de la tarde.  Estuvimos un rato hablando acerca de si participando en ese tipo de actividades éramos objetos invasores de la naturaleza u objetos de la misma naturaleza.

Ese fue un buen fin de semana.  Debo acordarme de ese paseo porque durante varias noches soñé que repetía ese paseo.  Íbamos detrás del guía sin que lo alcanzáramos, en algún momento lo llamábamos y él seguía sin hacernos caso, como si no escuchara nuestra voz.  En un principio caminaba a tu lado, pero yo empezaba a caminar con más prisa y tú te quedabas.  En algún momento no sabía si seguir solo o esperarte, de pronto una neblina se posaba sobre la montaña y el guía ni tú eran visibles para mí.  Lo extraño es que aún sin saber hacia dónde ir yo caminaba sin descanso.

A la mañana siguiente me despertaba con las piernas cansadas como si de verdad hubiese caminado largas horas. Despertarse con los pies cansados porque en la noche anterior se ha tenido un sueño extraño puede parecer normal, sin embargo que los pies se vean maltratados con rastros de tierra no es de creer fácilmente.  La segunda noche en que soñé dejé bien cerradas las puertas, previendo un poco que estuviera caminando dormido.  El sueño se repitió con la misma intensidad.  Antes de llegar a una roca, desde la que se observaba el cañón formado por el río, despertaba.  Tres, cuatro o cinco noches, no quiero saber el número exacto de noches en los que se repitió el suceso.

Los pies amanecían destrozados, ya en el cuarto día no podía sostenerme en pie.  Me dolían extensamente y tenía llagas en la planta y en los dedos.  Incluso tenía pequeñas heridas en las rodillas, recuerdo que me caía un par de veces.  La última noche que tuve ese sueño absurdo recuerdo que intentaba caminar más rápido, sin que me diera cuenta el guía se hizo a mi lado y me habló con una voz demasiado familiar como para que no la reconociera al instante.  Era mi padre.  Me vio a los ojos y me dijo algo sobre los amigos y el abandono.  — Fuiste al sepelio de mi amigo porque yo no pude hacerlo.  Eso está bien. Debes entender que no encuentro alivio en mi camino al no saber a dónde ir, no hay luces, ni oscuridad, todo es una nube que me consume.

Mi padre hablaba y yo no podía dejar de caminar a su lado.  Hubo un momento en que sentí marearme, se debía a que estaba dando vueltas alrededor de él.  – Hijo, cuando uno muere después que los amigos ellos salen a esperarlo en la puerta del lugar en donde se encuentran. Si estás en el cielo o en el infierno o donde sea no importa, solo te enteras que un amigo ha muerto y vas a buscarlo para llevarlo contigo.

El mareo me impedía caminar con la misma rapidez con la cual mi padre daba vueltas sobre su propio eje. – Yo no sé a dónde ir a buscar a mis amigos, por eso te pedí que acompañaras a mi amigo a su tumba, es lo único que podía hacer por él.

Le pregunté por la razón de ese encuentro y por el dolor en mis pies. – Te duelen los pies porque realmente estás caminando a mi lado.  Estás aquí porque no quiero que transites este mismo camino.  Toma precauciones y no alientes tu corazón insano.

Quisiera poder entender lo que se me dijo en el sueño, que seguro debe ser mi subconsciente tratando de interpretar por su cuenta la realidad que vivo.  Es complicado estar en la casa sin poder salir. Los pies me duelen mucho, no puedo sostenerme sobre ellos.  Afortunadamente hay una droguería que hace servicio a domicilio, viene un enfermero, me da calmantes, limpia las llagas en los pies y me inyecta antibióticos.  No hace muchas preguntas sobre el origen de las heridas,  Hemos hecho alguna amistad ya que ambos somos aficionados al fútbol y nos gusta el mismo equipo.  A él le he pedido que me traiga algo de comida cuando viene en las mañanas.  Me consiguió varios números de teléfono para pedir domicilios.  Parece un hombre noble.

He podido superar el dolor y las heridas han sanado.  Como puedes leer, he escrito esto por partes, ya que no he podido ir al correo, he aprovechado para anudar más cosas entre las letras.  El televisor es un amigo tonto que emboba al que lo mira. Puedo pasar hasta ocho horas frente a él cambiando canales sin ver un solo programa de manera constante.  Es una tontería, debería apagarlo.  El televisor sigue ahí, encendido haciendo ruido y pidiéndome a gritos que lo mire.

Esta mañana salí a desayunar a una cafetería cercana.  Compré el periódico y encontré en la sección de la ciudad, o judicial – no recuerdo bien, que un conocido nuestro fue encontrado muerto en su carro. La noticia dice que el carro estaba en el parqueadero.  Un parqueadero público en donde las personas suelen dejar los carros toda la noche, por eso nadie extrañó ver el carro toda la noche en el mismo sitio.

Te contaré más de eso luego ya que me he dado a la tarea de averiguar qué pasó exactamente.

Me gusta el lunar que llevas arriba de tu seno derecho.

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